En un mundo donde nada parece tener sentido y todo parece estar carente de ese espíritu transparente que ilumina, siempre hay quien suena la corneta de manera diferente; quien saca la mano y agarra un fragmento de vida para derramarlo como conjuro mágico entre los que van perdiendo la esperanza. Play-Off Magazine conversa con Michel Contreras.

¿Qué estás haciendo actualmente?

Desde que me desvinculé de los medios oficiales estoy en CiberCuba, en la página de deportes de ese sitio, aunque también estoy llevando adelante otros proyectos que tenía atrasados como un libro que ya tengo coordinado con una editorial extranjera para publicar: la biografía de Kid Gavilán.

Es quizás el mejor boxeador profesional que ha dado este país, aun cuando conocemos más a Kid Chocolate y a otros. Tengo una biografía muy rigurosa, muy pormenorizada de este gran atleta que, desgraciadamente, cayó en el olvido, por razones muy complicadas.

Se comenta que los periodistas especializados en deporte son deportistas frustrados, ¿es tu caso?

Es posible, aunque nunca lo he pensado bien. Una de mis frustraciones es no haber sido ajedrecista, así que, de alguna manera, soy un deportista frustrado. Y la otra es no haber sido guitarrista. Pero lo que me hubiera gustado, es ser ajedrecista. Todavía juego con bastante nivel.

¿Recuerdas tu debut en la prensa impresa?

El debut, si lo vemos como lo primero que escribí, fue una “notica” de 15 líneas sobre kayak o canoa. Al recién llegado siempre le toca pagar la novatada y coger los peores deportes. En los años 90, el fútbol no importaba en los medios. El gran Elio Menéndez era quien lo llevaba en Juventud Rebelde, entre otros deportes fuertes como el boxeo. Y como a él no le interesaba cubrir el fútbol, le pedí que me dejara hacerlo a mí. Ajedrez, fútbol y pelota: mis tres deportes. Cubrí la Copa del Mundo del 94 siendo estudiante de tercer año. Para mí, fue la realización más grande del mundo.

MIchel Contreras periodista cubano
Foto: Hansel Leyva Foto: Hansel Leyva

Un periodista me contó que te tenía de referente en la carrera porque revolucionaste la crónica deportiva. Muchos especulan que, al tener una vasta cultura, y centrarte en el ser humano, esto fue algo que imitaron los medios independientes

No sé hasta qué punto lo habrán hecho los medios independientes. No sé hasta qué punto habré revolucionado la crónica deportiva -lo que sí creo que la oxigené-, porque ya existía un tipo como Elio, que era descomunal. En el periodo prerrevolucionario estuvo el mejor periodista que ha dado este país, en cualquier categoría, que fue Eladio Secades. Ellos habían delineado el periodismo deportivo y como dice el Eclesiastés: “no hay nada nuevo bajo el sol”. Ya no ibas a descubrir nada, lo que podías era oxigenarlo, avivar la llama y eso fue lo que hice. Ya Elio había asentado una pauta tremenda en Juventud Rebelde y le seguí el paso.

Quizás dije lo dije de otro modo, porque llegaba con otra formación. Elio era un hombre absolutamente empírico, y yo venía con la formación, no tanto de la academia, pero sí en la biblioteca, pues me pasé cinco años en la de Casa de las Américas, y eso fue fabuloso.

Venía con ese aire que te da el libro, la academia, que te da leer medios de prensa occidentales y los nuevos modos de hacer periodismo: eso fue lo que le puse. Quizás haya sido referente para muchos muchachos que en ese momento estudiaban. Cuando eres estudiante te buscas un referente, y yo lo busqué y lo encontré en Elio, en Secades. No dudo que haya alguien que haya dicho que quiere ser como yo y, por supuesto, me congratula muchísimo.

¿Cuánto influyó Elio Menéndez en ti?

Muchísimo, aunque no fue la persona que más influyó en mi formación en Juventud Rebelde, por una sola razón: había un tipo que era la persona más magnética del mundo y que se llamaba Manuel González Bello. El carisma hecho persona era él.

Elio me dio la posibilidad y se lo agradezco, e hicimos una amistad tremenda. Yo iba para su casa: él tomaba vino y yo ron. Me contaba mucho sobre la liga profesional cubana y tenía una memoria fabulosa. Además, todo el boxeo profesional cubano me lo bebí oyéndolo, aprendí muchísimo, no tanto de periodismo, como de deportes. Eso fue lo que más aprendí de él. Y de periodismo lo que hacía era imbuirme de lo que él escribía. Tiene crónicas que son inolvidables como Cuando veo a esos padres camino al estadio o La noche de la decisión. Son cosas que deberían leerse en la Facultad de Periodismo. Se lo he dicho a los profesores, que pueden orientar a los muchachos a leer ese tipo de cosas, y no otras que les dan a leer porque vienen en el famoso plan de estudios y que no sirven absolutamente para nada.

Sobre Winnipeg 99, cuentan dos versiones: una que fuiste trabajar y otra que llegaste el primer día y te desapareciste, y cuando todo el mundo pensó que te habías ido, volviste el último día con maletín y todo

Ya sabes las leyendas urbanas que siempre se tejen. Fui el traductor de la delegación de prensa porque era un recién graduado y me mandaron. No tenía experiencia ninguna en juegos múltiples y me mandaron sin fotógrafo o alguien en quien pudiera recostarme. Todos aquellos periodistas viejos iban con fotógrafos. Conmigo, mandaron a la persona que cuida las delegaciones. Era el traductor de la delegación y todo el mundo me buscaba a mí para que tradujera.

Un día, cuando llegamos, la llave magnética no abría. Fui al lobby para que me la cambiaran y no abría y era porque teníamos gente adentro de la habitación revisando porque eran unos juegos muy convulsos: fue la delegación que más desertores tuvo en la historia de las delegaciones cubanas: unos 13 o 14, algo así.

Yo nunca me perdí: en 30 días mandé 128 trabajos. Nunca lo olvido, porque no borré ninguno.

Cuando llego a La Habana veo que alguien, que supuestamente me tenía que cubrir la retaguardia en La Habana, de los 128 trabajos, me había publicado 41, la tercera parte. En el periódico había un ambiente de que fulano no está trabajando y de hecho vacilé, pero trabajé como un caballo.

Al final, este individuo que logró ocupar mi lugar en el siguiente evento múltiple se quedó. Me había serruchado el piso por simple temor de que lo bajaran del famoso pájaro metálico.

¿Cuánto crees que influyen ese tipo de personajes oportunistas, que se las dan de ser los más patriotas y al final está buscando un puesto?

El periodismo cubano lo hemos fertilizado con miserias humanas. Ha florecido como el marabú y eso ha hecho un daño horrible porque, desgraciadamente, hemos valorado al oportunista, al lamebotas, al que se pone la camisita a cuadros y te sonríe.

Si yo fuera director de un medio de prensa, me rodearía de todo el que me lleva la contraria, pero no de quien lo hace para dinamitarme, sino para aportarme nuevas ideas, nuevos caminos.

En todos los medios de prensa cuando hacían los cortes, era quien más había publicado en el mes, excepto en Bohemia, en donde tengo el récord Guinness de seis días, que fueron los que duré en esa publicación.

¿Por qué duraste seis días en Bohemia?

Me contrataron para que fuera abridor y de pronto, me mandaron para el bullpen. Se supone que yo iba a llevar el equipo de deportes y cuando llego me dicen que se había presentado una coyuntura en el país y que se hacía falta que yo, que tenía buena pluma, cubriera ese tipo de eventos que no eran deportivos y no tenían nada que ver conmigo y dije que no lo iba a hacer. Me insistieron y lo único que publiqué en Bohemia fue una entrevista a Elio que se retiraba del periodismo, que fue portada, y a los seis días pedí la baja.

Pero en todos los otros medios siempre fui el más trabajador porque si una cosa me ha caracterizado es que nunca pongo pega al trabajo, porque me place muchísimo. Interioricé una cosa muy bien desde que me gradué, posiblemente desde la facultad: que iba a trabajar para la gente. Jamás escribí una línea ni la escribiré nunca para el director de Cubadebate ni para el director de CiberCuba ni para el director de Granma: escribo para quien me lee.

¿Quieres que te cuente un par de anécdotas de ese tipo? En las famosas reflexiones que salían en Cubadebate, Fidel Castro dijo que la prensa cubana debía, desde ese momento, empezar a publicar todo lo concerniente a los atletas que abandonaban delegaciones: dar nombres y apellidos, decir qué hizo, cómo lo hizo, o sea, estabas autorizado a hacerlo.

A los tres o cuatro días, se queda un atleta del equipo nacional de lucha quien, además, había sido amigo mío. No he hablado más con él, pero éramos muy buenos amigos. Escribo la nota y se la doy al director, y me dice que cómo vamos a publicarla. Le dije que mirara la reflexión, que estábamos autorizados. Pero no la publicó. Ese día me di cuenta de que el miedo es lo que sobra en la prensa.

Hace siete u ocho años ya propongo empezar a cubrir las Grandes Ligas a diario, un resumen de qué pasó en cada juego. Me dijeron que era buena idea, pero que no podía hablar de los cubanos. Si en aquel caso me había dado cuenta de que había miedo, en este, lo que había era mucho cinismo.

En el caso de la famosa entrevista a Alfonso Urquiola que sonó mucho y que salió en no sé cuántos canales de Estados Unidos, fue el acontecimiento periodístico deportivo del año.

La envié al concurso de periodismo deportivo y fue mención. Ese día me di cuenta de que había un desconocimiento tan grande entre los propios jurados que no sabían que el primer valor que tiene un material periodístico es el impacto.

Ahí me desvinculé también de todo tipo de concursos. Te das cuenta de que, entre el miedo, el cinismo y el desconocimiento, estás trabajando en una selva absolutamente agreste y difícil para sobrevivir en ella.

¿Qué piensas de la autocensura de un periodista?

Es un hábito y viene en el paquete incorporado. Lo que más pueden hacer es que te digan que lo van a quitar [lo escrito], pero no te van a sancionar por eso, no te van a botar: no te autocensures, haz la prueba y tal vez pasa, tal vez no pasa. El que manda es el medio y no puedes pasar sobre eso, porque todos los medios tienen un director, un jefe editorial. Hay millones de cosas que no se dicen en la prensa cubana, no porque estén prohibidas, sino porque el propio periodista se lo prohibió.

Michel fue uno de los precursores de la crítica hacia un manáger o jugador

El problema es lo que dices. Uno de los mejores periodistas deportivos que ha existido y en general, un autor en toda regla, es Gay Talesse y decía que el deporte trata de gente que pierde y vuelve a perder, y la esencia es esta.

¿Cómo vas a cubrir el deporte sin hablar de la derrota? La derrota es más cotidiana que la victoria. Si en una carrera gana uno y pierden siete, hay que hablar más de la derrota, aunque la victoria merezca todos los elogios. La prensa cubana no ve eso. Atletas olímpicos me han dicho que se han sentido muy mal porque quedaron en plata y nadie hablaba de ellos porque fueron plata. ¿Tú tienes idea de lo que es ser plata olímpica? ¿Tienes idea de lo que siente una persona que pierde el oro? Todo eso te da la crónica, el reportaje que tú necesitas, pero van siempre a la otra parte.

La crítica es la base del periodismo. Siempre critiqué porque siempre lo hice antes de llegar a la prensa. Hay muchos periodistas que no critican y hay dos o tres razones básicas para eso: una es caerle bien al organismo rector del deporte, en ese caso el INDER, pero se puede hacer extensivo a los demás: a la Comisión de Béisbol, por ejemplo.

Otra es no buscarse problemas porque nuestros atletas, por más que digamos que todos son universitarios, en realidad no es el caso. Algunos no asimilan la crítica y tienes que estar listo para fajarte si tienes que fajarte y todo el mundo no está listo para hacerlo.

Si hay atletas que se pusieron bravos conmigo, que los hay, deben haber sido 15 o 30, no sé, pero también hay muchísimos que están agradecidos de cosas que hice por ellos.

La gente siempre va a leer el trabajo crítico. En los sitios web siempre tiene muchas entradas, porque en este, de verdad, el periodista está haciendo uso del ejercicio crítico; está arriesgando la idea, la razón y hasta el pellejo, en función de su trabajo. Siempre alentaría la crítica en todos los medios.

MIchel Contreras
Foto: Hansel Leyva Foto: Hansel Leyva

¿Eres fanático del Barcelona en el fútbol?

Sí, soy culé al 100 por ciento y antimadridista: es algo que no puedo evitar. No soy de odiar, hay posas cosas que odio en la vida y esa es una.

Aficiones deportivas de Michel Contreras

Ajedrez, fútbol y béisbol. Hay una frase que siempre digo cuando hablo de ajedrez y es de Alexander Alekhine, uno de los más grandes de todos los tiempos: alguna vez los hombres tenían que haber sido semidioses para poder inventar el ajedrez. No hay derrota que se sufra más que la del ajedrez ni victoria que se disfrute más tampoco.

He dado un jonrón y nunca he disfrutado lo que disfruto cuando gano un torneo, porque las victorias intelectuales son las más potentes y las derrotas intelectuales son las más dolorosas.

El fútbol, como deporte de equipo, es lo más grande y es una manera de ir, de alguna manera, por el buen camino, pero contra la mano de Dios; porque nosotros estamos hechos para usar las manos y los pies son para caminar, pero en ese caso estamos manipulando con los pies: estamos haciendo con los pies lo que hacemos con las manos y es una cosa antinatural. Quien logre como Maradona, Messi, etcétera, conducir un balón con los pies como si estos fueran manos, merece todo mi respeto y admiración.

El gusto por el béisbol viene porque lo tenemos incorporado desde que naces en este país. Mis recuerdos más lejanos del béisbol son de cuando tenía cinco años y ocurrió el jonrón de Cheíto en el 78, porque desde niño ya uno mira la pelota. Es el deporte más místico que quizás existe, porque lo asocias con muchas cosas en la vida.

Cuando pienso en momentos que me emocionan, pienso en la despedida de Lou Gehrig, mi pelotero favorito. Por ejemplo, la despedida de él es el momento más valeroso de un hombre ante una cámara. Siempre el béisbol te viene a la cabeza para esas cosas, porque te formaste viendo pelota y casi todos los niños cubanos la juegan, aunque sea cuatro esquinas. Tuve la suerte de jugarla organizada hasta los 13 o 14 años y después jugué el softbol de la prensa 20 años.

¿Qué pasó con Industriales?

A veces te acercas tanto a algo que te quemas y eso fue lo que ocurrió. Tuve la posibilidad de meterme dos meses en el dugout y supe cosas que me desagradaron, y me desilusioné de haber sido un fanático que daba golpes en la butaca, que lloraba. Me di cuenta de que cuando yo lloraba, ellos estaban muertos de risas, divirtiéndose. Me desilusioné.

Se me fue pasando, no con Industriales, sino con la pelota cubana en general porque no es una cosa de todos los peloteros, pero a un alto porciento le falta profesionalidad para encarar el juego. Me gusta la gente profesional en lo que hace y la pelota que sigo desde hace años es la de MLB, que no es solo la mejor del mundo en cuanto a calidad de juego, sino la más profesional en cuanto a respeto por el juego mismo.

¿Cuáles han sido los picos más bajos y los más altos en tu carrera?

He tenido cierta estabilidad en el rendimiento, pero tampoco tuve la oportunidad de hacer las grandes coberturas que son quizás las que te dan los grandes picos, porque si vas a los Juegos Olímpicos tienes la posibilidad de hablar con Usain Bolt.

Sí te puedo decir cuáles son los momentos que más me han satisfecho. Escribí una crónica que se llama Requiem por Víctor y sonó mucho. Era Víctor en la derrota, porque a mí me gusta más hablar de la derrota que de la victoria. Los antihéroes me apasionan, me llaman muchísimo la atención. Hice aquella crónica y me dijo la mujer de un gran amigo mío: “estaba leyendo la crónica y me parecía que estaba leyendo a Manuel González Bello”. Eso para mí, que tenía 25 o 26 años, es lo más grande que me han dicho en la vida y nunca se me ha olvidado.

O cuando un mulato que estaba en una cafetería comprando una cajita, me puso la mano en el hombro y me dijo: “sigue así, que eso es lo que hay que hacer en este país con el periodismo deportivo”. Me dio dos golpes en el hombro y para mí, el hombre me estaba dando la bendición.

Los momentos más terribles llegaban cuando me engañaban, cuando me decían: olvídate de estos Panamericanos que los Juegos Olímpicos son el año que viene y son tuyos, y ya no me lo creía, estaba curado de espanto. En la prensa oficial yo estaba haciendo como una especie de surfista. Estaba en la cresta de la ola. De vez en cuando, tomaba agua salada, pero seguía en la cresta, cogiendo sol. Hasta que de pronto boté la tabla y dije: ya no puedo seguir cogiendo sol y tragando agua por gusto, porque me están engañando.

Le dediqué 20 años y creo que 20 años es la vida. Puedo decir con la mayor honestidad y franqueza del mundo, que di muchísimo, unas 300 veces más de lo que me dieron y no tengo deuda alguna con la prensa oficial.

¿Te ha provocado problemas trabajar en medios independientes?

Problemas graves no, pero sí asperezas. Pero han pasado cosas buenas, porque mucha gente que me trataba por hipocresía, ahora me retiró la palabra y se lo agradezco muchísimo. Escribo lo mismo que escribía en Cubadebate o Juventud Rebelde, con las mismas palabras y digo lo mismo, pero ni más ni menos, porque a mí la política me tiene sin cuidado.

Mucha gente, por escribir para un medio u otro, te coloca en uno u otro bando

Yo sigo viendo todo igual, lo mismo en Cubadebate que en Cibercuba. Lo que cambió fue el escenario desde donde escribo y la posibilidad de escribir ahí de MLB, que me apasiona y me gusta muchísimo, algo que en los medios oficiales no podía hacer con toda la amplitud que quisiera.

¿Se pierden muchas plumas por tantas prohibiciones?

Muchos muchachos se gradúan y emigran al llamado periodismo alternativo por razones económicas, ante todo. Es verdad que la prensa nacional subió los salarios, pero todavía van con ventaja los medios alternativos. Los muchachos se van hacia allí por la parte económica, porque tenemos que comer, pero también por una posibilidad de decir lo que no puedes en un medio nacional, aunque tal vez no se han dado cuenta de que ese mismo reportaje que publicaste allí, también puedes hacerlo aquí.

Y es muy revolucionario publicarlo en el medio oficial porque es lo que puede ayudar a cambiar una sociedad y a mejorarla, pero de alguna manera prefieren no dejar que el muchacho pueda escribir de cosas de las que sí se podría, porque no son secretos de Estado.

No cabe en mi cabeza que podamos ser tan hipócritas de decir que no escriban de Pito Abreu, pero cuando este vino a La Habana con la MLB, se sentó con todos los directivos. Puede venir y dar una clínica en los estadios de Cuba, pero no se puede escribir de él.

Por lo que hizo Randy Arozarena en los playoffs, se merecía que todos los días habláramos en la prensa cubana al respecto, porque estaba siendo en ese momento el mejor pelotero del mundo.

¿Por qué piensas que la crónica deportiva ha muerto?

La crónica deportiva es el canto de las desgracias o las proezas del deporte desde una posición literaria o emotiva, de un hombre con una pluma capaz de escribir bien.

Si vamos a verla como tal, claro que la crónica deportiva está en crisis no solo en Cuba, en cualquier lugar, porque todo el mundo no puede tocar el piano. Es más fácil, quizás, tocar una clave, pero un piano requiere más estudios.

Nunca hubo muchos cronistas deportivos en Cuba de gran calidad. De los de antes de la Revolución, los he leído a todos y creo que Secades y Lozada eran los de puntería. Después de la Revolución, Elio Menéndez, que es la cúspide, y otros que lo hacían bien, sin ser lumbreras.

Sucede que en la carrera, muchas veces, quien opta por el periodismo deportivo es el menos inteligente, porque piensa que es solo decir que ganó fulano y perdió mengano.

Hay que tener una cultura detrás y una inteligencia emocional para ser capaz de valorar, analizar y contrastar. No digo que sea el periodismo más difícil, pero tampoco el más fácil. Tiene sus exigencias y muchas veces en la carrera esos muchachos no tienen preparación ninguna y entran a las redacciones a hacer periodismo deportivo sin haber leído nada, simplemente, porque saben quién es Antonio Muñoz y Omar Linares, pero con eso no basta.

Tienes que leerte a Shakespeare para hacer periodismo deportivo; a Truman Capote, porque son referencias que te van a servir a la hora de escribir. Si no, eres el frío, el seco que nada más habla de jonrones, dobles y bases robadas.

El periodista tiene que respetarse más ante el lector y hacerle pensar que el deporte es un poco más que aquella cosa del tipo que triunfa y pierde; que hay un universo de emociones y angustias, de alegrías, que son claves.

Recuerdo un reportaje de un Marabana. Todos iban para la meta para ver quién ganaba y alguien le hizo un reportaje al último lugar. Ese es el periodismo deportivo, ir a las cosas diferentes.

Es más fácil hacer lo de todos los días, porque tal vez así le caes mejor al director del órgano y hay mucha gente interesada en esperar que llegue cada ciclo olímpico o panamericano, o el Clásico Mundial y, estar de “buenas”, para ganarte el viaje y comprar los zapatos de la niña. Pero eso no es todo en la vida.

¿Qué periodistas deportivos te gustan más de la nueva generación?

No hay muchos ejerciendo en los medios nacionales. Sí leo a los alternativos. Aliet Arzola está haciendo un trabajo en OnCuba que me parece bueno, porque está haciendo un trabajo crítico y eso siempre lo pondero.

Falta muchísimo empuje para que lleguen suficientes muchachos a hacer un periodismo deportivo sólido, lo mismo en los medios oficiales que en los alternativos. Tiene que haber cursos de capacitación y especialización para el periodismo deportivo y en la facultad te gradúas y después escoges la especialidad por donde te vas a ir.

Si pudieras viajar al pasado, ¿qué cambiarías en tu vida?

Quizás, habríamos hablado todo este tiempo de periodismo en vano porque quizás a los 16 años me hubiera dedicado a jugar ajedrez y nunca habría estudiado periodismo. Tal vez, me estuvieras preguntando algo de ajedrez porque quedé último o primero en el campeonato nacional.

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