Detrás de cada deportista hay muchas personas que aportan a esos resultados de los atletas. Los entrenadores también nacen con talento para trasmitir las enseñanzas técnicas, tácticas y psicológicas a sus discípulos. Uno de esos grandes preparadores es Noel Guerra Cantero, de Villa Clara, un hombre que, en la pelota escaló desde la base en su natal Caibarién y pasó por la EIDE en las categorías escolares.

Después, en su extendida y destacada carrera de preparador, llegaron muchos éxitos, pues se tituló en campeonatos nacionales y fue seleccionado como mánager a eventos panamericanos y mundiales, y se coronó campeón del orbe en varias ocasiones.

Bajo su mando tuvo muchos atletas destacados en eventos internacionales, que después llegarían a desempeñarse en las Grandes Ligas, como los casos de Brayan Peña, Kendry Morales, Yunieski Betancourt o Yunel Escobar.

Noel Guerra Cantero, además, ha obtenido logros en Italia con diferentes clubes de béisbol como director y entrenador desde principios de este siglo. Ha incursionado como mentor en ligas beisboleras de todo tipo, pero dirigir el Villa Clara de béisbol es el sueño que no ha podido cumplir.

De su paso por la pelota de la isla; de la decepción por las veces que lo contactaron para que dirigiera el principal conjunto de la provincia y, sin embargo, después le dieron de lado; sobre su experiencia internacional en el deporte que ama, Noel Guerra Cantero conversa en exclusiva con Play-Off Magazine.  

¿Cómo llegó al deporte?

Me inicié en el deporte de las velas, siendo un muchacho, con personas que vivían al lado de mi casa en Caibarién, a la orilla del mar, pero eso fue solo un pasatiempo. Después me fui para el polo acuático e hice matrícula en la EIDE, pero al poco tiempo no me convenció porque lo que me gustaba era la pelota. Tenía 11 años cuando decidí jugar al béisbol, impulsado por mi hermano mayor, Manolito, que ya practicaba la pelota.     

Participé en juegos escolares, en provinciales, fundamentalmente. Me dediqué a la EPEF que era la escuela de profesores de Educación Física, y ahí sí fui integrante de los equipos que tenían muy buen nivel. Siendo juvenil me di cuenta de que no bateaba mucho y decidí estudiar, mientras jugaba a lo que pudiera. Jugué con Caibarién unas series provinciales de primera categoría, pero no era nada del otro mundo.

entrenador cubano Noel Guerra
Foto: cortesía del entrevistado Bajo su mando, Noel Guerra tuvo muchos atletas destacados en eventos internacionales, que después llegarían a desempeñarse en MLB. Foto: cortesía del entrevistado

¿A partir de ese entonces fue que se inclinó Noel Guerra por la enseñanza del béisbol?

Sí, comencé muy joven como entrenador en Caibarién en el año 1986 con categorías escolares, 11 y 12. Me fue bien desde el inicio. Me di cuenta de que podía; a veces tenía cierta facilidad para hacer buen trabajo y me gustó. Me salió esa pasión por entrenar, por ver crecer a los muchachos y darles un nivel adecuado.

El ambiente laboral era muy bueno, algo fundamental en los comienzos porque tuve a mi lado  a mi hermano que era entrenador allá. Estaban Claudio Morera, el difunto y Coquino pero sobretodo, Iván Morales el Toby, fue mi entrenador y después él me impulsó junto a Manolito, mi hermano, para lograr todo lo que he sido.

En esos tiempos descubrí a Ariel Pestano, el cácher. Casualmente coincidimos, me lo encontré en el paseo Martí de Caibarién jugando a las cuatro esquinas con la mano y hablé con él. De ese modo se inició Pestano conmigo en la pelota y pasó a la EIDE.

Estuve poco tiempo trabajando en Caibarién porque desde el 86 al 89 me fui de prestación de servicios para la EIDE al ganar el campeonato provincial. El comisionado de béisbol en aquel momento, Fermín Márquez, habló conmigo y así comencé.

¿Cómo se sintió trabajando en aquellos años como principiante?       

Eran tiempos aceptables. Siempre hemos tenido problemas con la escasez de materiales de toda la vida en el béisbol de nuestro país, pero teníamos la posibilidad de contar con los muchachos en una sesión del día. Si iban a la escuela por la mañana los teníamos por la tarde y viceversa. Existían las pre-EIDE y se podían agrupar a los de más calidad en una escuela y ajustar horarios para utilizarlos cuando los necesitaras.

Con relación a los materiales, siempre hubo problemas, pero con más posibilidades de resolver bates y pelotas al igual que en la primera categoría con las licencias deportivas para los que trabajaban. Los atletas tenían mucha mejor preparación.

En la EIDE pasaba lo mismo cuando yo era segundo o tercer entrenador al inicio. Lo peor eran los terrenos. Entrenábamos en el del MININT, otro en las afueras de Santa Clara o en Manajanabo. Era como una escuela sobre ruedas porque había que estar moviéndose por no tener un estadio adecuado, pero se guapeaba.

Se podían hacer cosas a pesar de la situación de los albergues, que no eran apropiadas. La alimentación era muy mala; el transporte era con las guaguas Girón recorriendo 300 o 400 kilómetros para las competencias. Todo era con esfuerzo y se hacían las cosas. Los trajes, a veces, no aparecían y no había ni para darles a los muchachos para las competencias. Se hacía resolviendo algo por aquí y por allá. Todo eso que pasó en los años 90 se está pagando en la actualidad. En los últimos años que trabajé en la EIDE se logró hacer un terreno de pelota con muchas mas condiciones dentro de las áreas de la escuela.

¿Qué opina Noel Guerra sobre lo que se hacía en la EIDE para desarrollar el béisbol escolar?

En los grupos no todos los atletas tenían la misma calidad. Te encuentras con algunos que se quedan en el nivel y no logran escalar. Lo fundamental era tenerlos dentro del colectivo y hacerles entender la situación para mejorar con el esfuerzo. En esa parte, creo que mi trabajo fue aceptable.

Teníamos que dividirnos en dos, preparar el equipo con los regulares y no desatender a los de menor calidad. Eso golpeaba porque no todos tenían el talento. En las EIDE tienen que buscar la forma de dedicar las poquitas condiciones a los que realmente tienen calidad. La selección tiene que ser más rigurosa. Por eso se admira las Grandes Ligas con el sistema de escauteo, es verdad que allá se paga, aquí no, pero es fundamental para cualquier nivel.  

Tuve los alumnos que yo entendía que debía tener porque mi trabajo debía ser serio. Esa cantidad de muchachos que había en la EIDE, te quitaban un tiempo que puedes aprovechar mejor.

¿Qué experiencias se llevó de esos años?

Lo fundamental es la dedicación al trabajo, tratar de hacer los entrenamientos de la forma más dosificada y actualizada posible. Me gusta prepararme, no ir a un terreno de pelota a inventar ni improvisar. Si mañana tengo entrenamiento, hoy me dedico a preparar lo del próximo día. Lo primordial es conocer al atleta y comunicarse mucho con ellos para ver qué le puedo sacar individualmente y, sobre todo, al equipo completo. Ver qué se le puede enseñar técnica y físicamente. 

Tuve muchas experiencias bonitas en mi labor como entrenador de la EIDE. He tenido la posibilidad de entrenar a grandes atletas con muy buenos resultados nacionales e internacionales y otros que están en Grandes Ligas. 

Trabajar al lado de Juan Rodríguez, el difunto Pedro Pérez Paz, Iván Jiménez y otros que me guiaron y enseñaron fueron momentos inolvidables. Tuve la posibilidad de trabajar con equipos muy buenos, de muchos años, con atletas de alta calidad con los que nunca perdí en campeonatos nacionales.

Era la época de William Plaza, el receptor; Yunieski Betancourt (Rikimbili); Yorkis La Rosa, Andy Zamora, Andy Sarduy, Karel Cárdenas, Deivys Díaz, Zaidel Beltrán, Jesús Fanjul. Con esos peloteros, aquello caminaba solo, pero logré hacer un engranaje muy bueno.

En la última etapa tuve elencos con los que impusimos récords en los campeonatos nacionales sub-15, de ganar 30 y perder solo 3. Ganar con cuatro días de anticipación la final nacional. Recuerdo a Mailon Tomás, Juan Carlos López, Ariel Díaz, Jesús Olivera, Ariel Pestano Junior, Eduardo Rodríguez, Zulueta, Pablo Luis Guillén, Michel Triana, Alain Lapeira, Yuri Fernández, Otoniel González y otros.   

Hicimos un tremendo trabajo, intensificando los entrenamientos, con lo más moderno posible. Todos los demás entrenadores guapeábamos de la misma forma. La exigencia era esencial a pesar de tener pocos implementos con dedicación constante.

Siempre me detuve a hablar mucho con los atletas porque tienes la responsabilidad de la formación de futuros deportistas que pueden o no llegar a ser grandes. Los muchachos jóvenes no piensan como los que tenemos experiencia. Pasan inadvertidos por las categorías y cuando quieren recuperarse es tarde.

Les decía que ese es el futuro, pero con trabajo duro porque a veces no hacen el entrenamiento con el mayor esfuerzo ni intensidad necesaria. Es tiempo que se pierde y no se recupera. Los eduqué como debe ser.

Por sus resultados dirigió selecciones nacionales de Cuba con atletas de gran nivel. ¿Qué sensación experimenta al llegar a ese nivel­?

En los años 96, 97 y 98 tuve la posibilidad de dirigir los equipos Cuba donde estaban atletas de la talla Brayan Peña, Kendry Morales, Pedro José Rodríguez, hijo, Yunieski Betancourt, Yunel Escobar, Yorkis La Rosa, Leslie Anderson, Alexander Reina y otros que más tarde fueron incluso grandes ligas.

En el 95, con el equipo de Miguel Borroto, fui coach del 15 y 16, cuando ganamos el mundial con Michel Enríquez, Luis Borroto, Maels Rodríguez y los Gurriel, atletas que realmente enorgullecen, porque los tuve en mis planteles.

Fui campeón panamericano en el 98 como mentor en las categorías 13-14 y en el 15-16 fuimos contra los americanos y les ganamos. No pudieron participar en el mundial porque negaron la visa a los cubanos y regresamos desde México cuando teníamos que seguir para los EE. UU..    

Volví a las selecciones nacionales en el 2000 con el difunto Pedroso hasta el 2003 y en 2005 vine para Italia. Regresé a nuestro país de 2012 a 2014, cuando ganamos el campeonato mundial sub-15, con una gran cantidad de peloteros que actualmente están firmados en las Grandes Ligas con muy buenos resultados.

Tengo una anécdota que es la última que recuerdo de mis incursiones en Cuba como director. Era la discusión de la medalla de oro entre Cuba y EEUU en el mundial 2014. Picheaba Adrián Morejón, el zurdo de La Habana. Empezamos perdiendo y empatamos. En el séptimo inning tenía 87 lanzamientos.

Voy al box porque estaba complicado. Les digo a los jugadores que se quedaran en sus posiciones. Le pregunté cómo se sentía y me dijo: “profe, ganarles a los americanos discutiendo una medalla de oro, eso no lo logra todo el mundo. ¡Tranquilo, profesor, que este juego lo mato yo!”.  Le puse la mano en el hombreo y viré la espalda. Solo le dije: “¡adelante, jerarca, que este juego es tuyo!”. Estaba empatado 3 a 3. Ganamos el juego 6 por 3 y él picheó completo. Es la actitud de un atleta de coraje, de un pelotero grande: actualmente, está lanzando en las Grandes Ligas.    

¿Cómo comienza en Italia Noel Guerra?

Gracias a Luis Hernández, que fue quien me buscó y me dio esa posibilidad. Empezaron los trámites del club que hizo el pedido a Cubadeportes para mi autorización. En esa etapa dijo que, si no era yo, no querían a nadie, entonces cedieron y empecé a trabajar con los italianos. Después llegó el contrato mío personal. Me localizaron en Cuba terminando el mundial en México y me contactaron, y hasta el día de hoy.

Tuve la posibilidad de participar en la preparación del equipo juvenil italiano que participó en un mundial en Camagüey y Sancti Spíritus. En 2005 fue mi primera incursión en Italia. En el espacio del 2007 al 2012 estuve en campo federal que son agrupaciones que se hacen con atletas de mayor calidad en Italia en campeonatos europeos mundiales y pequeñas categorías sub-12 hasta juveniles, trabajando conjuntamente con entrenadores americanos, italianos y Antonio Muñoz, que trabajó en esos concentrados de julio y, a veces, agosto.

Pasé a otro club, seis o siete años con los mayores y escolares. He ganado los campeonatos regionales. En 2015 cuando regresé de Cuba, fui a otro club sub-12 y sub- 15, había ganado medalla de bronce y plata respectivamente en Italia. Dirigí a los mayores y los llevé desde la serie C a la A.

Lo han convocado para ser el posible director del equipo Villa Clara a la serie nacional, pero el hecho no ha fructificado nunca. ¿Qué ha ocurrido?

A raíz de mi regreso como mánager campeón del mundial sub-15, en Villa Clara se cambió el director del equipo que era Ramón Moré. Había hablado conmigo para preguntarme si estaba de acuerdo para dirigir.

Se dieron una serie de criterios y se dijo que ya iba a ser el timonel del conjunto, a las seis de la tarde. Pero al otro día, en una reunión convocada por César Valdés, el responsable del béisbol en Villa Clara en ese momento, tomó la decisión de que fuera Vladimir Hernández. Eso me golpeó mucho porque se había conversado conmigo. Yo había dado mi criterio y tenía toda la motivación y voluntad de hacerlo para probarme.

La otra vez que me llamaron para dirigir fue cuando estaba establecido de forma definitiva en Italia. Al llegar a Cuba me preguntan si estaba de acuerdo y me pide que entregara mi currículo. Nunca pensé que llegara a donde llegó porque en ese instante estaba Eduardo Paret dirigiendo, quien es mi hermano en lo personal. Después comenzaron las complicaciones con las salvajadas que le hicieron para quitarlo sin justificación y motivo.

Aquello empezó a coger fuerza porque cuando pasaba por Santa Clara todo el mundo decía que yo iba a dirigir, incluso trabajadores del INDER provincial me preguntaban mis intensiones. Éramos dos o tres opciones, pero quedé yo solo y pensaban la gente que era el mánager. Yo había llamado para Italia para que desistieran de mí, no me gusta quedar mal.

Dije que tenía un contrato de trabajo en Cuba importante que debía asumir y cerré con los italianos. De buenas a primeras, no se menciona más mi nombre, pasó diciembre, enero y después me entero de que era problema con la seguridad. Llamo por teléfono al señor que atiende la seguridad y me dice que estaba en Sagua la Grande, que por la tarde, al regreso, me llamaba y localizaba para vernos o si no, al otro día por la mañana: todavía estoy esperando a que me llame el señor.

Era la segunda ocasión en que ya había desistido de irme para Italia. Cuando me vi así, lloré cuando me enteré de la situación. Me senté en mi casa con mi esposa, con las lágrimas afuera. Yo decía: ¡qué habré hecho yo en este mundo! No a todo el mundo le toca: a unos les llega de la nada, mientras otros tienen que sacrificarse mucho.

Se siente una sensación fea, desagradable. Sentí dolor, mucho dolor en mi corazón porque solo lo que he hecho es entregarme, estudiar y alzar mi nivel como entrenador, solo me pidieron mi opinión y dije que sí. Yo no lo fui a buscar. Al sucederme aquello es como se dice: me tiraron un cubo de agua fría arriba.

Yo pensé que podía, vi a tanta gente contenta y alegre porque fuera yo y al ver esa decisión me dolió mucho. Fueron dos veces, una me dolió más que la otra, la segunda. Es insatisfacción, porque fue una falta de respeto al trabajo, la dedicación y más que todo, que no valoraron el esfuerzo. No pierdo las esperanzas nunca de probarme. Me he probado en provinciales nacionales panamericanos, mundiales y en Italia, en donde vamos en primer lugar. Es el segundo año con el club Paterno Red Sox y me va bien.

¿Cómo asume la vida pese a las decepciones?

Mi actitud es prepararme mucho mejor, dedicarme mucho más y hacerme un entrenador mas integral. Donde esté, quiero demostrar que pueden contar conmigo. Si alguna vez se me diera la posibilidad, trataré de aprovecharla y, si no pues tener paciencia y seguir adelante. Quiero aportar todo lo que se pueda al béisbol, dondequiera que esté. He dedicado la vida con orgullo y satisfacción a estudiar y salir al terreno de pelota mejor preparado.

¿Qué le parece la pelota cubana?

El béisbol está empobrecido. Carece de nivel y de preparación. La fuga de jugadores ha influido en bajar el nivel de la serie nacional. Los mayores talentos se han ido, ya sea por problema económico u de otra índole, pero se van buscando mejoras. Hay escasez de materiales, pues a veces hay que preparar a un equipo con pocas pelotas y los bates no son los suficientes.     

Los pocos talentos que quedan ganan lo mismo. El pago debe ser diferente, no se puede tratar lo mismo a un jugador que juega los 90 juegos que al que juega cuatro. No es lo mismo un pícher abridor dentro de los tres o cuatro del equipo que aquel que releva unos pocos innings. No debe ser la misma atención.

Por eso el profesionalismo engrandece al jugador, le sube el nivel porque te pagan por lo que eres capaz de hacer. Hay jugadores que tienen que jugar un partido importante y están pensando en que no tienen de comer en la casa los hijos y la familia. Eso es duro, se ven que cogen las latas de refresco para venderlas para poder subsistir y darle un poquito de nivel a la familia.

Existen muchos equipos de pelota en la serie nacional y todos no tienen dos pícheres de calidad. Te encuentras con uno bueno y de ahí para atrás, el picheo merma, no tienen las condiciones necesarias. El futuro es muy grave.

Hace falta recuperar a los atletas que están afuera. Se formaron en este país bajo las circunstancias que nosotros los entrenadores fuimos capaces de hacer en ese momento con el déficit de materiales y lo atrasado que estamos en entrenamientos deportivos. Son atletas formados por nuestro béisbol.

No sé por qué no se pueden traer aquí a jugar y representar a Cuba o en la serie nacional. Se necesita hacer una liga donde todos esos peloteros cubanos de una forma u otra puedan venir y jugar en nuestro país.     

Se necesita un cambio en la dirección del béisbol de Cuba. Esos que están ahí ahora no creo que sean capaces de hacer un cambio en la pelota. Hace falta personas que conozcan el béisbol y que dirijan con éxito. Que no estén para cuidar puestos si no para tirar pa’lante la pelota sin miedo. Si hay que decir cuatro cosas se dicen y si hay que decir la verdad hay que decirla.

A veces sucede que no queremos buscarnos problemas. Al gobierno y el estado sí hay que decirle que hay que pagar diferente con el valor suficiente para enfrentar las condiciones y necesidades de la pelota hoy en día. Si hay que hacerla profesional, hay que hacerla profesional.

Hay muchos entrenadores que no tienen la preparación para elevar la enseñanza. Las Grandes Ligas tienen lo último en pedagogía, psicología, test físicos y técnica. Lo tienen todo y nosotros hasta de eso tenemos escasez. Qué podemos esperar para el futuro de la pelota si todavía hoy no tenemos un presidente de la federación ni comisionado todavía electo. La pelota está al abandono, estamos yendo al fondo. 

Pensando de ese modo sobre el béisbol cubano, ¿todavía se atrevería a dirigir el equipo Villa Clara?

Es una pregunta interesante porque casualmente ayer pensaba en eso. El nivel de la pelota en Cuba está pobre y bajo y es verdad que llegar a probarse ahí no es fácil, pero yo pienso y espero. ¡No se puede seguir así! Si seguimos así vamos a terminar en el fondo y sin solución para salir a flote.

Con estos resultados y la situación actual que tenemos, se necesita hacer algo urgente. Lo primero es abrirse. Siempre digo que me gustaría probarme en un nivel diferente a pesar de la escasez de calidad de la pelota cubana. Casi siempre se da un nivel parejo, aunque no sea buen nivel. 

¿En qué radica la felicidad de Noel Guerra?

Mi inclinación en la labor como entrenador siempre ha sido deportiva, mi hermano en la pelota y mi hermana en el voleibol. Al inicio, viviendo en Caibarién iba hasta Santa Clara a diario, en el período especial. El sacrificio se recompensa, pero mi labor ha sido satisfactoria.

Mi esposa que en la actualidad está muy lejos, pero está pendiente y me aconseja, comparte los momentos felices y los difíciles. Cuando me negaron la dirección del equipo Villa Clara me senté con ella, que es mi paño de lágrimas, y lo compartió todo conmigo además de cualquier cosa que no salga bien.

La familia ha sido el motor impulsor en mi trabajo como entrenador. Soy feliz por el amor que me dan y además las amistades que tengo. Dentro de mi profesión de entrenador he logrado lo máximo en lo que me he probado. He cumplido mis objetivos en la vida, hacer crecer a atletas con educación y forjar jugadores con talento.           

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