El 16 de febrero de 2018 los pobladores del municipio santiaguero de Mella acudieron al estadio Primero de Mayo a despedir a Pedro Poll del deporte activo, uno de los ídolos beisboleros de la localidad que 42 años antes había llegado a ese mismo terreno de la mano de su padre para entrar en el maravilloso mundo de este deporte.

El mítico número 93 de las llamadas aplanadoras santiagueras, llegaba así al final de su carrera deportiva después de 20 temporadas, con el privilegio además de ser uno de los 15 peloteros que en toda la historia del béisbol cubano tiene en sus vitrinas seis coronas ganadas en Series Nacionales.

Ocho meses más tarde ese homenaje tan triste y necesario para los atletas que han rubricado una hoja de servicios prestigiosa con su accionar en el terreno se repitió en el Guillermón Moncada, el estadio cabecera de la provincia donde tantas veces Poll levantó de sus asientos a los aficionados con sus conexiones oportunas o sus fildeos de leyenda.

Con saco y zapatos rojizos como la chamarreta que defendió tantos años, recibió el agasajo de su público sin poder evitar que los recuerdos de sus días de gloria se amontonaran en su mente y le arrancaran una lágrima furtiva.

El más emocionante de ellos fue en el ya lejano 2005 cuando conectó el hit frente al fallecido Yadier Pedroso que dejó tendidos en el campo a los Vaqueros de la Habana para darles el campeonato a sus Avispas en ese mismo estadio.

“Yo disfruté mucho los seis campeonatos que gané pero siempre hay uno que es el que más te llega, principalmente por lo que uno hizo en ese juego y lo que significó”, confiesa en conversación con Play-Off Magazine.

“Como dice un amigo mío fue una “chiringuita” detrás del torpedero y gracias a eso fuimos campeones. Lo disfruté mucho porque de mi bate salió el hit que decidió el campeonato”, agrega.

Ese momento tuvo una carga emotiva muy grande, aumentada con la entrada de un perro al terreno segundos antes, que obligó a detener las acciones del juego por varios minutos.

“Cuando sueltan el perro al terreno el juego se para y yo estaba en el cajón de bateo. Eso me dio un chance para coger un aire y pensar más, para reflexionar más sobre qué era lo que tenía que hacer y como tenía que batear”, recuerda. 

“Cuando reinician el juego conecto ese hit y la pelota cayó en el mismo lugar donde había estado el perro echado. Los muchachos de mi equipo me decían que ese perro lo había mandado mi madre y estaban muertos de la risa”, añade.

No podían faltar en su mente el recuerdo de aquellas batallas épicas que protagonizaron durante varios años su querido Santiago y los Industriales, convertidos en rivales “a muerte” sobre la arcilla. Aquellos enfrentamientos que arrastraban multitudes y que eran considerados como el clásico de la pelota cubana desde que Manuel Alarcón mandó a “cerrar la trocha” y derrotó a los imbatibles capitalinos de las primeras Series Nacionales.

En uno de aquellos duelos memorables, Poll, en medio de la pasión que generaba el momento y del calor que desprendían aquellos desafíos de postemporada, le protestó una jugada polémica al árbitro principal Germán Águila y le lanzó su mascotín al cuerpo, acción que según sus palabras lo marcaría durante toda su carrera deportiva.

“Ese fue un juego crucial que lo estaba viendo el mundo entero. Santiago e Industriales es el clásico de la pelota cubana. Ahí me cogió la novatada. Yo casi comenzaba mi carrera y eso fue una indisciplina que cometí. Eso motivó que no me llevaran a la preselección del equipo Cuba porque ese año yo estaba en los planes. La Comisión Nacional me dijo que esa era mi sanción, pero al parecer toda la vida me guardaron esa indisciplina”.

Pedro Poll promedió para 303 en sus 20 años dentro de los diamantes. Conectó mil 678 hits con 288 dobles, 13 triples, y 95 cuadrangulares incluidos, y remolcó para el plato 931 carreras. Sin embargo, aunque integró varias veces el segundo equipo nacional para eventos de menor rango, nunca pudo representar al país con la selección grande.

“Yo pienso que podía haberlo hecho en algunas ocasiones, pero como te dije anteriormente, en aquella final de 1999 cuando le tiré el guante al árbitro en la Habana, la Comisión Nacional me guardó toda la vida esa indisciplina. Yo creo que en el terreno esas cosas suceden y pienso que no fue tan grave, pero al parecer eso me marcó para hacer las preselecciones del equipo nacional, aunque varias veces hice el equipo B. Eso fue al calor del juego. Yo me metía mucho en los partidos y esas son cosas que suceden en el béisbol”, explica.

Orgulloso de pertenecer a aquellas temibles aplanadoras santiagueras, nadie mejor que él para hablarnos de las diferencias entre ambas versiones, ganadoras las dos de tres títulos nacionales:

“Existe una gran diferencia entre las dos aplanadoras. La primera estaba llena de hombres de fuerza desde el primer bate al noveno. Ahí no se tocaba bola. Higinio no daba ni señas, todo el mundo salía a dar un batazo. En la segunda aplanadora todos los peloteros eran rápidos, robaban bases, aunque también daban jonrones. Había una rapidez tremenda y a veces sin conectar jonrones te hacían cinco carreras en unos minutos. Ahí estaba la diferencia”.

Un hombre fue clave en toda esa historia escrita sobre la grama a fuerza de batazos: Antonio Pacheco, a quien Poll considera como un padre o un hermano de sangre. El “Capitán de capitanes”, recio toletero que impulsó con su bate a la primera aplanadora, hizo lo mismo con la otra versión esta vez desde el banquillo de director.

“Para mí Antonio Pacheco es lo máximo. Un tremendo director y un jugador excepcional. Todo lo que aprendí de él fue positivo, ahí no había nada negativo. Aquella vez que jugamos la final contra Pinar del Río y dio el jonrón con bases llenas, él estaba antes en el dogaut conversando conmigo y me dijo que iba a decidir ese campeonato y así mismo fue. Como director y como amigo siempre tuvo una confianza muy grande en mí”, recuerda Pedro Poll.

El éxito de Pedro Poll en su carrera, según afirma, radica en la práctica diaria, en hacer una buena preparación y estar bien concentrado antes y durante los partidos de béisbol

“Hay que estar en el dogaut mirando al pitcher contrario, qué le lanzó al bateador que va delante de ti, ect. Cuando todo eso tú lo haces, te salen bien las cosas. Hay que estar bien preparado física y psicológicamente para enfrentar un estadio lleno. La concentración es fundamental para que salga el trabajo”, señala.

Pero esta Avispa de pura cepa no solo dejó una huella en nuestros campeonatos domésticos con el madero en ristre. Su defensa en la primera almohadilla fue exquisita al punto de cometer apenas 114 errores en 11 mil 289 lances para excelente promedio al campo de 990.

“Todos los días yo cogía más de 100 rollings. Cuando llegaba al hotel tiraba muchas veces contra la pared una pelota de goma que yo tenía, eso era diario. A eso súmale la experiencia que adquirí para no cometer errores. Así gané guantes de oro e hice muchas cosas a la defensa”, confiesa.

El tiempo ha pasado. Ante nosotros un Pedro Poll de 50 años, de rostro amigable, jocoso y servicial como la mayoría de sus coterráneos en la tierra caliente, nos contesta las preguntas con soltura en un ambiente tranquilo que nada tiene que ver con aquellos bullicios de cornetas chinas y congas santiagueras donde él escribió su historia.

¿Qué está haciendo ahora Pedro Poll?  

En estos momentos fui convocado a trabajar con la preselección del equipo Santiago de Cuba y ahí estoy como entrenador de bateo y ayudando en la defensa de las primeras bases.

¿Sientes que te han atendido bien después que te retiraste?

Después que uno se retira del deporte ya no es lo mismo. Primero trabajé en las categorías pequeñas y ahora estoy en la categoría de mayores pero la verdad tengo que decirte que estoy desatendido. No se acuerdan de Pedro Poll ni lo que hizo en el béisbol. Me siento desatendido.

¿Alguna vez recibiste ofertas para abandonar el país y jugar en una liga profesional?

Yo salí unas 15 veces fuera del país con equipos nacionales. Desde la primera vez que fui a un torneo en el Salvador se me acercaron y me dijeron que tenía calidad para jugar la pelota profesional pero nunca acepté y me siento bien así.

¿Qué le gusta a Pedro Poll hacer en sus ratos libres?

Cuando era atleta en mi tiempo libre me gustaba llegar a mi casa, estar con mi familia y darme mis tragos de Ron que me gusta bastante. También me gusta mucho escuchar música, sobre a todo a Cándido Fabré y a los Van Van. Dentro del terreno y cuando estaba viajando por ahí en los hoteles siempre me llevé muy bien con todos mis amigos y fui una gente muy disciplinada.

¿Y con los peloteros de Industriales eran malas tus relaciones?

No, para nada. Eso era solo en el terreno. En el equipo Industriales tengo muchos amigos. Como era el clásico de la pelota cubana había mucha rivalidad y eso paralizaba al país. Por eso es que lo dábamos todo en el terreno hasta el último out.

Cuando yo iba al Latino la afición del estadio de la parte de tercera base se metía mucho conmigo pero en el fondo yo sé que me querían bastante y le gustaba el juego que yo hacía. Les mando un saludo a todos de corazón.

¿Estás de acuerdo con convocar peloteros cubanos que juegan en otras ligas para la selección nacional?

Te voy a ser sincero. Yo trabajo y juego con lo que tengo aquí. No estoy de acuerdo con los peloteros que desertaron y ahora juegan en este país. No estoy de acuerdo con esa decisión de la Comisión Nacional. Aquí hay peloteros para hacer el grado. Ahora mismo en el Preolímpico había peloteros que juegan en otras ligas y no hicimos nada. Por eso te digo que podemos trabajar con lo que tenemos aquí y obtener resultados.

¿Entonces piensas que es una injusticia con los que juegan aquí en Cuba?

Creo que han sido injustos con los que se quedaron aquí, como no, incluso peloteros que tuvieron buenos rendimientos en la Serie Nacional no fueron llamados para el Preolímpico, aquí se quedaron por otros que juegan en otras ligas y para mí no hay tanta diferencia. Creo fueron injustos con varios de ellos.

¿Si pudiéramos regresar en el tiempo que haría diferente Pedro Poll en el terreno de juego?

Cambiaría un poco mi actitud porque a veces me alteraba mucho en el terreno de pelota. Cuando entraba ahí me enfocaba tanto en el juego y era tan impulsivo que eso me podía llevar a cometer algún error o indisciplina.

¿Cuál es tu equipo ideal en Series Nacionales?

En mi equipo ideal están en los jardines Gurriel, Víctor Mesa y Casanova. En la receptoría Juan Castro, en primera Kindelán, Pacheco en segunda, Germán de torpedero y en tercera Linares. Como bateador designado Pedro José Rodriguez y lanzadores, el zurdo “Tati” Valdés y el derecho Braudilio Vinent.

¿Cuáles son los sueños ahora de Pedro Poll?

Mi sueño ahora es volver a integrar la selección de mi provincia como entrenador. Seguir trabajando para que un día me convoquen para un equipo nacional y poder seguir representando al país. Ese es mi anhelo ahora, trabajar mucho y convertirme en un buen entrenador.

¿Cómo quisieras que te recordara la afición?

Quisiera que me recordaran como aquel pelotero alegre y sonriente en el terreno. Como un atleta que durante todas las horas de juego estaba inquieto ayudando a todos y tratando siempre de hacerlo mejor para que el pueblo saliera del estadio con una buena opinión sobre mí. Quiero que me recuerden así.

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