En su época de jugador de baloncesto, a Roberto Amaro Hernández lo conocían por un sugerente apodo que terminaría por grabarse en la mente de los seguidores de un deporte que vivió tiempos muy gloriosos en la Isla.

El Flecha, como le conocieron, disfrutó de grandes años en el baloncesto cubano y formó parte de los recordados conjuntos de Capitalinos que tantos seguidores llamaban a las polivalentes del país y que, a veces, rivalizaban con la pelota.

Pese a que en los comienzos no lo querían por su físico y enfrentó varias dificultades en las categorías inferiores para construir una carrera sólida, aquel joven no se desanimó y alcanzó el máximo nivel del deporte de las canastas.

De su paso por los conjuntos de la capital y la selección nacional; de la decisión que lo llevó a emigrar a Uruguay en busca de otro comienzo y su vida presente en los Estados Unidos, Roberto “El Flecha” Amaro conversó con Play-Off Magazine.

¿Cómo logró hacerse baloncestista?

Mis inicios en el básquet fueron en el CVD “El Pontón”, en Centro Habana. Al cabo de los años fueron haciendo captaciones para la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) “Mártires de Barbados” y me seleccionaron para entrar a esta. Allí, en ese sitio, empecé a dar los pasos más organizados, aunque no fueron buenos años para mí. Nunca pude integrar un equipo a los juegos escolares por mi físico, pues era muy delgado y chiquito. Yo jugaba como base y no me llevaban. Cuando terminé en la EIDE no ingresé en la ESPA, si para la EPEF, la escuela de Profesores de Educación Física en el municipio Playa.

Pero después si llegaron tiempos bastante buenos. Era de una generación de grandes jugadores y aprendí mucho de ellos, pues se le prestaba mucha atención al básquet.  Cuando surgió la Liga Superior de Baloncesto, aquello era un espectáculo. Nosotros, los Capitalinos, teníamos un público casi tan famoso como los Industriales en la pelota. Llenábamos la sala Ramón Fonst y la Ciudad Deportiva. Fueron tiempos muy hermosos para el basquetbol de la capital y del país.

Yo fui baja técnica de la EIDE por bajo rendimiento como escolar y sí había de todo para entrenar, no como ahora que veo que no tienen las condiciones necesarias para realizar actividades que requieren de mucho esfuerzo y todo es complicado, porque no tienen ni tenis. Tienen que seguir y nunca rendirse, porque nunca bajé los brazos y llegué al equipo nacional.

¿Cómo despuntas en esta disciplina?

Ingresé en la EPEF “Manuel Fajardo” en Playa, bajo el mando de Oscar Rojas. Entre los profesores en esa época, el que me impulsó fue Franklin Estándar, quien puso los ojos en mí por la buena participación que tenía en los juegos inter-EPEF, todos los años. Se arreglaron con el director del “Fajardo” en ese momento para que yo entrenara en la ESPA provincial en la Lisa.

Hice el equipo Industriales con el propio Estándar en un conjunto muy competitivo. Le ganamos a Villa Clara, que era campeón casi imbatible: nosotros los derrotamos en esa primera categoría. Comencé con el gran Capitalinos e hicimos historia. Todos podíamos ser titulares o suplentes, no había distinción. Hasta Armandito “El tintorero” -animador famoso del béisbol-, se nos unía al entusiasmo.

En la primera Liga Superior me pusieron “El Flecha” Amaro. Fue un narrador de Oriente que no recuerdo bien. Casi todos los de los cuatro primeros equipos teníamos sobrenombres. Estaba “El Helicóptero Vásquez”, “El Oso William”, “El Chispa Herrera,” “El Príncipe Adniel”, “El Manso Cuesta”, entre otros. La mayoría de la gente en la calle nos conocía más por los apodos que por los propios nombres.

A lo mejor me equivoco, pero era un baloncesto algo adelantado a la época. Sabíamos lo que hacíamos y las características de todos. Fuimos cinco años campeones nacionales llenando todas las canchas del país. Había muy buenos jugadores y entrenadores, que nos ponían la buena vibra para darle el alegrón a los aficionados de la capital.

Dentro de los resultados más grandes que tuve en los siete años dentro de la selección nacional estuvo el Centrobasket en La Habana, en donde derrotamos y destronamos al quinteto de Puerto Rico.

Roberto El Flecha Amaro
Foto: cuenta de Facebook de MIAMI MASTER BASKETBALL LEAGUE Roberto El Flecha Amaro.

¿Cómo era la vida fuera de las canchas?

En aquellos años existía el apoyo de la dirección del INDER de Ciudad de la Habana. Teníamos el transporte en tiempo, nos quedábamos en el motel deportivo de Mulgoba donde mismo se quedaban los peloteros de Industriales y los visitadores. Para la época eran buenas condiciones, de acuerdo con lo que exigíamos por los resultados, para representar bien a la capital.

Pero era diferente con respecto a otros países. Ahora me doy cuenta. Cuando salíamos del país, era otra cosa. El objetivo principal consistía en tener buena actuación en Cuba para poder salir y tener algún viaje para ayudar a la familia. Ahora mismo, que vivo en Miami, veo la NBA y tienen todo en su momento determinado: la comida, el transporte, todo; solo tienen que pensar en entrenar y jugar para el equipo.   

¿Qué conoces de los contemporáneos que jugaron contigo?

Cuando empecé en la selección nacional coincidí con otra generación y quedan en Cuba Leonardo Pérez, Roberto Simón, “El Oso William”, Ariel Rueda, Santiago Hernández, de Santiago de Cuba, Luis Siano Rivero, Alberto Maturel. Coincidí con ellos, que eran más veteranos que nosotros y están allá en Cuba. Creo que de los demás, no queda nadie en nuestro país.

Los que han venido hacia acá lo han hecho porque las condiciones son diferentes, para ayudar a su familia, para buscar una mejor forma de vivir. Si eres jugador de élite no tienes que preocuparte por nada. Los que abandonan lo hacen porque se juntan muchas cosas, como la forma del trato hacia los atletas, las ayudas que no son las mismas: son varios factores los que inciden en que los atletas emigren a buscar un futuro mejor.

No fui el mejor, pero jugué en Uruguay en varios clubes profesionales y todavía me reconocen y me apoyan. Me daban un trato diferente y cuando ya no jugaba, la gente me atendía. También podía jugar y pensar que cuando ya no jugara podía tener un trabajo con un ingreso igual o mejor para ayudar a mi familia.

¿Uno piensa después del retiro qué puede hacer? En Cuba la gente de pueblo sí, pero después de que uno se retira en Cuba no hay apoyo de la institución. Actualmente, vivo en Miami y trabajo en un lugar decoroso que me da para vivir y ayudar a mis familiares.

¿Cuáles fueron las razones para abandonar a Cuba?

Me quedé con el trago amargo de tomar la decisión por culpa de los mismos directivos. En el año 98, cuando hicieron la selección de Capitalinos, me dejaron fuera sin ninguna explicación, cuando había dado tantas glorias a la capital y a los aficionados. Todavía no me explico y me pongo a pensar la razón de por qué me echaron. Hicieron la preselección y fui a preguntar y la única respuesta que me dieron fue que no querían a nadie de los Capitalinos que habíamos dado tanta alegría al pueblo de Ciudad de La Habana.

¿Cómo te fue en Uruguay?

Cuando llegamos de Winnipeg era joven y sabía que me quedaba poco. En el 99, por una carta de invitación, fui hacia Uruguay y jugué varias temporadas como profesional y me quedé. Mi primer club fue con el Cordón, una institución muy grande.

Recién llegaba a Uruguay y ellos habían armado un equipo para salvarse del descenso ya que el año anterior habían sido campeones, pero económicamente no estaban bien. Terminamos yendo a las semifinales contra el club de Olimpia. Después, estuve con varios equipos en Montevideo y fuera de ese club. Cumplí con los objetivos. Estuve en ascenso de segunda a primera división, con experiencias lindas.   

Mi vida cambió en todos los aspectos, no solo deportivamente: en todo y en condiciones. Cuando te vas a un país así diferente, te encuentras amistades y las tuve. Hasta dejé raíces en Uruguay, en donde nació mi hijo varón. Allá trabajaba de mañana y después, descansaba un poco hasta la noche, cuando tenía entrenamiento o partido.

Tras 15 años viviendo allá, me hice ciudadano uruguayo, pero decidimos venir para Miami. Emigré en 2016, con mi señora y mis dos niñas. Allá se quedó el varón con su madre, que es uruguaya.

¿Cómo va la vida en Miami?

Mi vida acá es bastante buena. Sigo ligado al basquetbol, no de enseñanza, sino que juego con amigos, todos los viernes, aunque paramos por la COVID. Estoy con un equipo que se llama Máster de Miami, con jugadores dominicanos, de entre 50 y 55 años, más o menos. Vamos a varios torneos, y así estamos haciendo lo que nos gusta. Trabajo actualmente en una fábrica de muebles y a cada rato hago Uber también.

¿Cómo ve el baloncesto cubano desde la distancia?

Hay mucho talento con resultados en España, como Jasiel Rivero y Javier Justiz y otros en equipos de muy buen nivel en Europa, con buenas actuaciones. Otros no viven en Cuba, pero se pudieran tener en cuenta para futuros equipos.

Tienen la ventaja de jugar en otros lugares sin problemas, pero como equipo sí tienen que jugar más. La gran actuación que tuvimos cuando derrotamos a Puerto Rico fue por la concentración en México y se vio la preparación en el Centrobasket. Conocerse como conjunto es lo principal. No haces nada con tener grandes jugadores si no los unes un tiempo antes. No puedes salir tres días y jugar. Tienen que conocerse mejor para tener buenos resultados.

Creo que hay que elevar el nivel del baloncesto y la atención, como cuando estábamos nosotros. Para volver a recuperar esa mística hay que empezar por los torneos por cada barrio. En la época de nosotros, terminábamos de entrenar los viernes y estábamos locos por ir a jugar la provincial y defender a tu equipo de base.

¿Cómo se siente actualmente?

Soy muy feliz después de salir Cuba. He podido conocer lugares, viajar, hacer muchas amistades. Puedes trabajar todo un año y puedes ir de vacaciones y llevar a los hijos a donde quieras. Hay que trabajar, pero puedes tener la oportunidad de salir e ir a donde lo desees.

¿Un mensaje para los cubanos?

Ojalá que puedan llegar esos momentos lindos que nosotros le dimos a los Capitalinos. Con la pandemia, que se cuiden, que sé que vamos a salir de ella. En algún momento nos vamos a volver a ver porque tengo muchos seguidores y conocidos que todavía siguen a los Capitalinos y eso es muy bueno para todos.

Tengo mucho y me queda mucho en Cuba. Tengo a mi madre, mis hermanos, mis primos, tíos, amigos y quiero toda la felicidad para ellos y todo el amor del mundo. Quiero que sigan luchando como están luchando hasta ahora para poder tener una libertad, para tener una decorosa vida. El ser humano y toda Cuba se lo merece.

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