Del poblado de Báez, en Villa Clara, salió uno de los lanzadores más supersónicos de Cuba en todos los tiempos, quien hizo de la velocidad un arma letal: Maels Rodríguez, primero en alcanzar las 100 millas y en tirar juego perfecto en las Series Nacionales, aunque su carrera fue por otra provincia, Sancti Spíritus.

A pesar de ser perseguido por varias lesiones, culminó con un promedio de carreras limpias impresionante de 2.29 y le batearon para un anémico average de 177. El villaclareño devenido espirituano dejó una cota impresionante de más ponches en una temporada que, difícilmente, alguien pueda quebrar: 263 en 178 entradas y un tercio, con el cual superó por un amplio margen la antigua máxima marca de 208, que estuvo en poder de Santiago Mederos Iglesias.

Además, fue subcampeón olímpico y participó en varios eventos internacionales como los Panamericanos de Winnipeg 1999, Sidney 2000 y la Copa Intercontinental de la Habana 2002, entre otros, hasta su lesión. Sumido en esa desgracia en su brazo de lanzar, el lanzallamas atravesó por muchas vicisitudes en su provincia, en donde ya no se sentía con el respaldo como un grande del montículo que era. Entonces, decidió emprender una aventura, incluso riesgosa para su vida, para llegar a MLB. Muchos se cuestionan cuán lejos hubiera llegado en Grandes Ligas si los problemas físicos no hubieran truncado su carrera.

Pero convertido en entrenador, Maels Rodríguez sigue aportando para el juego que ama, el béisbol, en el país en donde encontró nuevas oportunidades. Sobre su carrera, su presente y su pasado, siempre ligado a la pelota, conversó con Play Off Magazine.

Eres de los peloteros que se hicieron grandes en otra provincia y no en donde nacieron

Llego al béisbol a través de mi padre, quien fue el primero que me llevó a un terreno de pelota, me dio la motivación y siempre me apoyó. En el campo donde nací, en Báez, la parte de atrás de mi casa, el patio, era un terreno. Allí todas las tardes la gente se reunía a jugar en los llamados pitenes de barrios.

Participé en un campeonato categoría 11 y 12 años con el equipo Villa Clara y ese año fue grande para mí porque se ganaron 4 juegos y yo tuve dos como lanzador y a la ofensiva decidí también partidos. Llegué a la categoría 13 y 14 años y era pleno período especial en Cuba y deciden excluir a una cantidad de niños de la escuela por reducciones de plazas y caí en ese grupo.

Yo era del campo y no era de buen tamaño, pero sí tenía la aptitud. Ellos deciden sacarme de la EIDE y por problemas familiares nos mudamos para Sancti Spíritus. Nos presentamos con una carta en la EIDE del Yayabo como mejor 11 y 12 de la provincia. Me hacen las pruebas y a partir de la categoría 15 y 16, integro todos los equipos Cuba.

Maels Rodríguez con su equipo en la Serie Nacional.
Maels Rodríguez con su equipo en la Serie Nacional.

¿Cómo eran las condiciones por esos años de período especial?

No teníamos spikes, no teníamos guantes, la alimentación era bastante difícil conseguirla y no era fácil para convertirse en un atleta de alto rendimiento. Tenía que nacerte, tener las condiciones necesarias y gustarte mucho porque no había casi nada. Fue de todos modos para mí en Cuba una etapa muy bonita.

No dejo de reconocer que pasé momentos muy duros. Se pasaba mucho trabajo porque mi madre y mi padre buscaban la forma para ver cómo nos podían ayudar. Vendían el azúcar para comprar el arroz, cambiábamos una cosa por la otra para poder conseguir la proteína para mi hermano y para mí.

Mi papá era mecánico y veía qué podía hacer con el petróleo para conseguir algo y cambiarlo para sufragar las necesidades. Mi barrio en Sancti Spíritus era muy humilde, se llama Kilo 12. Recuerdo caminar tres o cuatro kilómetros temprano en las mañanas para ir a las clases; después volver a la casa, tratar de almorzar lo que hubiera y regresar a la práctica con ese mismo recorrido. Así fue mi vida durante 4,5,6 años hasta que llegué al equipo nacional, en que las cosas mejoraron un poco.

Fue una etapa difícil, pero gracias a Dios, pudimos sobrepasarla, trabajamos fuerte. En cuanto al béisbol fue bonito porque la afición cubana es especial y espectacular, muy conocedora y siempre tuve el apoyo. Eso me hizo sentir muy orgulloso en todo ese tiempo.

Tuve muy buenos resultados en los años que jugué, era ponchador nato. Picheaba mucho y disfrutaba en los equipos Cuba. Di juego perfecto y en la selección nacional tuve números muy buenos. Llego la serie del 2002-2003, en donde tuve demasiado exceso de trabajo y me lesioné mi brazo derecho de lanzar. Todo comenzó a cambiar en mi vida.  

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¿Qué motivos te llevaron a emigrar?

Decido emigrar por problemas económicos, al ver las situaciones que estaban viviendo otros peloteros grandes de otra época. En el momento cumbre de mi carrera tenía a Owen Blandino y Modesto Verdura yendo a mi casa y a la de otros peloteros, iban conmigo a hablar con los directivos. Tenía yo que dar la cara para poder conseguirles un poco de arroz o proteína, carne o pescado para sus familias.

Llegó un momento en que me dije: no puedo seguir haciendo esto por los demás. Era también mi imagen la que estaba presente. Decidí irme porque no quería verme en las mismas situaciones de ellos. Creía que viniendo para acá mi familia y todas las personas allegadas a mi podían tener un mejor futuro y así fue.

Tenía el sueño de probarme en otro béisbol, en otro nivel. Cuba siempre ha tenido esa calidad de atletas, esos grandes peloteros, pero el sueño de todo jugador cubano después de que integra un equipo provincial o nacional es jugar en el mejor béisbol del mundo, en los Estados Unidos. No hay un pelotero cubano que no haya deseado vestir el uniforme de un equipo como los Yankees, como Boston, los Mets, de cualquier organización.

Fue muy difícil la salida. Yobal Dueñas y yo salimos arriesgando la vida en el mar. Después estuvimos un tiempo en el Salvador. Yo estaba lastimado por una lesión en el brazo de lanzar por el sobreuso. Traté de hacer lo posible para recuperarme en el Salvador, pero fue prácticamente imposible después de seis o siete meses pasando por una odisea por Dominicana.

De ahí en una balsa nos fuimos hacia Puerto Rico con situaciones muy peligrosas, pero al final valió la pena porque con mi lesión a lo mejor me hubiese recuperado en Cuba, pero si me hubiera quedado y no me recuperaba, hubiera sido bastante difícil. Llegó un momento en donde vieron que no podía recuperarme.

El comisionado provincial de Sancti Spíritus me daba la espalda cuando me veía de frente, entonces me fui dando cuenta de que todo cambió. La construcción de una casa que me estaban haciendo la paralizaron y otras cosas, y me dije: si esto es así ahora que todavía hay opciones de que yo pueda volver a lanzar y seguir aportando, imagínate cuando ya no sea importante, me las voy a ver negras. Eso fue otra de las causas de mi decisión de abandonar el país.

¿Cómo fue la adaptación a Estados Unidos?

No es difícil cuando el enfoque tuyo es jugar y sacar a tu familia adelante. Sí uno se propone marchar con una línea, por los que quieres, creo que se puede. Este país da muchas oportunidades para conseguirlas. En mi caso, que no pude jugar por las lesiones, tuve muchas opciones no solo en el béisbol sino en otros trabajos. Gracias a Dios tuve mucho apoyo, me ha ido bien y es el mejor paso que he dado. 

Lo importante del cambio es que las posibilidades económicas son según lo que logres con tu trabajo. Se ve la diferencia; si tienes la posibilidad de mostrar los que eres puede ser que la vida cambie 180 grados. Quizás en Cuba te adaptaste a conformarte con un viaje a un hotel a estimular a tu familia, pero no se dan cuentan de que a veces las situaciones de ellos no son fáciles.

En este país tienes todas las opciones, no falta de nada. No necesitas ser pelotero para salir adelante. Ves que sí hay un cambio y pienso que esas opciones se puedan ver allá. Que piensen y abran la posibilidad de que los jugadores puedan seguir adelante. Los mismos peloteros van a querer regresar a Cuba porque al final nadie quiere irse de donde nació, lo que las mentalidades tienen que cambiar para que todo sea positivo.

Desde que estoy por acá me he reunido con mucha gente, he conocido nuevas personas, he tenido opciones de conocer el mundo y ver otras cosas. Ha sido algo increíble, sentirme con las opciones de buscar lo que yo quiero, y de ir a donde quiera. Es fabuloso y ojalá los cubanos puedan sentirse así.

Es sumamente importante que todos los pájaros tengan sus alas, que no se las corten; que tengan las oportunidades de tener lo que quieran, según sus esfuerzos. No tengo que ver con la política ni me interesa, al final todos buscamos lo que queremos para nuestra familia y mejores condiciones. Pienso que esto que yo estoy viviendo es una oportunidad que debería tener todo ser humano.

¿Te frustró en alguna medida el no poder jugar en la MLB?

No pude lograr en realidad lo que venía a buscar, no el dinero, porque el dinero es circunstancial, sino la oportunidad de tomar un cafecito en Grandes ligas, como decimos nosotros; de poder tirar, porque al nivel que tenía y viendo el nivel que hay, creo que hubiese podido jugar en grandes ligas, jugar el mejor béisbol del mundo porque tenía las condiciones.

Estoy supercontento, ha habido otras cosas en mi vida que me han dado la posibilidad de realizarme. Hay que trabajar duro porque aquí nada es regalado, no se puede venir a perder el tiempo y la vida pasa rápido. Si no te enfocas en lo que quieres, el tiempo se te va y no has disfrutado todo lo que venías pensando.

Tengo una familia bonita, estoy realizado, tengo dos hijas y una mujer que me quiere. Tengo a mi padre, a mi hermano y amigos también que he construido con el tiempo. Después de 20 años desde que dejé de jugar en Cuba siento que la gente me sigue queriendo y eso es superimportante. Quiere decir que marcaste y dejaste en su momento una huella en el béisbol cubano, que lo considero entre los mejores del mundo.

A veces creemos que porque perdemos un sueño hemos perdido la vida. Ahora estoy ayudando en la preparación con las generaciones que se están formando y trasmitiéndoles los conocimientos que adquirí en Cuba, donde hay muy buenos entrenadores y atletas solo que aquí me pongo al día con lo más actual y con peloteros de Grandes Ligas.

Si echara el tiempo atrás disfrutaría de la juventud en Cuba y sentiría aquellas bulerías en las gradas con la pelota viva en Cuba, con la opción de jugar más joven en las Grandes Ligas porque tienes la posibilidad, con talento, de que toda tu familia tenga garantizada la vida.

Maels Rodríguez
Foto: ROBERTO SCHMIDT/AFP

¿Totalmente feliz?      

Tengo una academia y un club de béisbol y mi esposa, como fue atleta, me ayuda en esta felicidad. Me hace sentirme más organizado en mi futuro inmediato que crece por día. Tengo muchos niños y entrenadores que trabajan conmigo y, además, con el asesoramiento algunos peloteros que están en Grandes Ligas.

Otra de las cosas que me hace feliz es que he viajado a Cuba. Muchos van allá pensando en otras cosas, pero mi mente ha sido la misma, la del campesino donde nací, la de mis amigos con los que he compartido. No he ido buscando cambios ni voy pensando en que, porque vivo en los Estados Unidos, tengo que ir a criticar a la gente por la forma en que vive o lo que tiene. Sé cómo están todos. Sé lo que tuve y de esa misma forma es la que voy viendo a la gente.

El cubano tiene algo: abre las puertas de su casa y la de la familia. Eso fue importantísimo: volver a reencontrarme y tener la posibilidad de disfrutar de esos momentos fue súper para mí porque pasaron 12 años sin poder visitar mi país y me llenó de satisfacción ver las playas y su linda gente, orgulloso de ser cubano.

Repetiría las visitas allá, no a vivir porque ya tengo una vida echa aquí. Ya soy ciudadano americano al igual que mis hijos que nacieron acá. Quiero que conozcan de la cultura cubana, de donde son sus raíces. Les mostraría la humildad de nosotros, de la gente que me vio nacer, y que se criaron entre nosotros. También del deporte cubano, sus sacrificios.

¿Sueños de Maels Rodríguez ?

Si tuviera la posibilidad, haría algo en Cuba con atletas para brindarles el conocimiento que tengo. No sé, (llevar) equipamiento, mejores condiciones. Estaría ayudando a personas que se lo merecen y que no tienen la oportunidad; personas a las que quizás en un momento le pasó como a mí, que no tenían ninguna opción ni las condiciones necesarias para convertirse en una atleta de alto rendimiento.    

Quisiera que me recordaran como un cubano más que siempre estuvo tratando de mejorar más y más para que disfrutaran de un buen espectáculo. Que sepan que Maels Rodríguez cada vez que pedía la bola donde fuera lo entregaba todo, no porque quería muchas cosas para mí sino para que la gente se sintiera contenta cada vez que me veían salir con mi número 44 en la espalda. 

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