Rara vez Deinys Suárez Laguardia niega sus servicios como plomero en la ciudad de Miami. Quizás habrá quien lo recuerde por su esmerado trabajo entre herrajes y llaves de agua, o por su celo al darle solución a problemas relacionados con el preciado líquido.

Sin embargo, la mayoría asocia su nombre con aquel espectacular número 4, un lanzador que se subió más de un centenar de veces a los montículos cubanos, a inicios de la primera década de este siglo, con el equipo más ganador de la pelota cubana, los Industriales.

Fue en su barrio donde se adentró en las esencias del béisbol, como “jugador élite” del llamado cuatro esquinas, ese pasatiempo que es la base de lo que hoy se conoce como Baseball 5.

“Después, mi papá me llevó al Pepe Prieto, en donde empecé a jugar organizado. En San Miguel estuve hasta los 11 años. Al año siguiente y en lo adelante lo hice por Guanabacoa”, recuerda Deinys Suárez.

Como suele suceder, la falta de implementos deportivos quedó relegada a un segundo plano -aunque siempre entorpece el desarrollo-, gracias al esmero de los entrenadores, empeñados en la superación de un jugador talentoso, que despuntó en la isla como uno de los serpentineros más exitosos de su generación.

Hoy Deinys es padre de familia, algo marcado por el lógico paso de los años, pero sobre sus hombros carga una historia ligada a los diamantes beisboleros y a un equipo histórico como Industriales.

Con los azules de Cuba, su palmarés se abultó en los campeonatos domésticos, pues se coronó tres veces (2003, 2004 y 2006), bajo la égida de Rey Vicente Anglada, siempre con actuaciones protagónicas encaramado en la “lomita de los suspiros” en momentos importantes.

Deinys Suárez participó exactamente en 129 desafíos en nuestra pelota, de los cuales inició 110 en las ocho temporadas de la Serie Nacional en las que participó en la isla. Su promedio de ganados y perdidos quedó fijado en .611, esto gracias a 55 victorias y 35 reveses. Vestido de añil, ponchó a 568 rivales y a otros 328 les regaló la base por bolas.

En su caso, sobraba calidad para hacer el grado, pero faltaron las oportunidades para conformar los equipos nacionales a eventos de primer nivel en esa época.

Salvo el Primer Cásico Mundial y un Copa Intercontinental, el Deinys Suárez se vistió escasamente con el ansiado uniforme de las cuatro letras, un sueño de los peloteros cubanos.

Quizás, esta circunstancia particular disminuyó su interés y le motivó a decidirse por dar otro rumbo a su ya prolífica carrera como lanzador, pues motivos de fuerza mayor lo impulsaron a salir del país cuando todavía era muy joven.

“Salí de Cuba aún en activo. Me fui cuando se detuvo la Serie para entrenar con vista al Clásico del 2009. Decidí emigrar para poder ayudar a mi familia económicamente. Con 25 años, mi carrera en Cuba estaba por el piso”, recordó.

Entonces, sufría de problemas en el brazo, de los cuales contó a CiberCuba tiempo atrás: “A los 16 o 17 años yo tuve calcificación en el codo, y esa misma lesión me volvió a salir a los 25. En Cuba no hablé con ningún entrenador porque ellos sabían que estaba lesionado y no se habían preocupado por ayudarme. Y en Estados Unidos no me operé porque cogí miedo a decir que estaba lesionado y me botaran. Cometí tremendo error por no saber cómo funcionaba el sistema”.

Una decisión de tal magnitud, emigrar de Cuba, meditada hasta el cansancio y planificada al detalle, no fue cosa fácil para Deinys Suárez, pues significaba dar un cambio brusco a su realidad deportiva y personal.

Se trataba de dejar todo atrás, abandonar a los seres queridos y renunciar a una vida para luchar por una aspiración, un sueño de lanzar al mejor nivel o, al menos, intentarlo. La travesía hacia lo desconocido transcurrió en lancha hacia México, en compañía de otros compañeros suyos.

Al respecto, Deinys Suárez reconoció que tal decisión no fue del conocimiento de la familia hasta que se consumó.

“Jamás se los dije. Como es lógico, sufrieron mucho la separación. Estuve ocho años sin poder verlos, porque el gobierno no me dejaba. Sin embargo, ahora se puede. Incluso los emigrados pueden regresar y jugar la Serie Nacional”, cuenta el expelotero de equipos azules.

De la nación azteca viajó hacia República Dominicana, paraje idóneo para los beisbolistas cubanos que pretenden exhibirse a los scouts de las organizaciones de las Grandes Ligas de Estados Unidos.

“En tierra quisqueyana me adapté bien, pero en Estados Unidos me costó más, por la cuestión del idioma, pero todo salió bien”, explica.

Aunque se quedó a las puertas del Big Show, pudo incursionar en el circuito de Ligas Menores, además del béisbol profesional de las ligas invernales del Caribe y, según él, “no hay comparación entre el béisbol fuera de Cuba y el de la isla, en nada se puede comparar”.

Ahora, Deinys Suárez lucha con todas sus fuerzas para salir adelante, en una nación en la cual ha encontrado otras posibilidades para enrumbar su vida.

“De Estados Unidos espero lo mejor. Este gran país me ha dado la oportunidad de ser libre, de tener un futuro mejor para mí y la familia. Es un país en el que, trabajando duro, puedes lograr lo que te propongas. Estoy contento de vivir aquí”, reveló el otrora abridor habanero.

Con la esperanza de prosperidad, libertad y sueños por cumplir, salió de Cuba “para ayudar a la familia. No tanto para buscar jugar en MLB, algo que, como es lógico, lo intente. No obstante, encontré lo que buscaba: ser libre”.

Ante la pregunta de si volvería a vivir en Cuba, responde: “para eso tiene que cambiar todo de ese absurdo sistema, que no hace más que acabar con todo un país. Tratan de hacer ver que los malos son los de afuera y no ellos, pero jamás he pensado vivir mis últimos años en Cuba”.

“La situación actual es pésima, están acabando con el pueblo, muchos maltratos por pensar diferente a ellos. Es hora de un cambio, cada vez que inventan una ley es para joderlos más de lo que están”, añade.

Cada mañana, Deinys Suárez regresa a su trabajo y continúa su vida de plomero, presto siempre a revivir su paso por los terrenos en la isla. Una gloria de nuestro béisbol que ahora habita solo en la memoria de pocos empeñados en rescatar a sus figuras del cruel olvido. Hace años que no se sube a un montículo, pero desde sus redes lanza un mensaje claro de salvar la honra de “la niña de los cubanos”: la pelota.

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