Ifá fue su guía. La familia lo apoyó. Los golpes recibidos le sacudieron y tomó una decisión. Le sigue apasionando, pero con el atletismo cubano ya concluyó. Atrás deja un legado, satisfecho se siente, pues eso sí no se lo quitarán.

Juan Nápoles ya no es entrenador del equipo nacional. A su hijo, Cristian Nápoles, lo tildaron de desertor. No podía salir a los eventos con sus atletas. Sufrió por el trato recibido y le pidieron hacer un compromiso sin otras alternativas.

Esta no debería ser la historia de un entrenador de talentos, del que enseñó a medallistas olímpicos y múltiples campeones cadetes y juveniles. De quien hizo coincidir en un mismo período de tiempo a cuatro atletas que saltaban por encima de 8 metros en el salto largo. Sin embargo, hay ocasiones en que la ficción supera a la realidad.

El comienzo de un hombre dedicado al atletismo cubano

Juan Nápoles comenzó en 1973 su carrera deportiva en la escuela Ciudad Libertad. Sus primeros pasos los da a través de la gimnasia, pero pronto se decanta por el atletismo. Transita por todas las categorías inferiores y se especializa en el salto triple y de longitud a la edad de 15 años. En su etapa de juvenil, concluyó su corto transcurso como atleta, con un mejor resultado de un cuarto lugar en los juegos escolares de 1980.

“Una de mis entrenadoras fue Marlene Eleharde. Se había retirado y estaba como entrenadora en Ciudad Libertad, pero también practicaba sófbol en ese tiempo. Cuando ella faltaba, yo me tomaba la atribución de entrenar a los muchachos”, cuenta Juan Nápoles, quien desde bien temprano ya tenía inclinaciones a ser entrenador.

“Termino la secundaria y entro a la escuela EPEF de profesores de educación física, de la cual me gradúo en el año 85”, mismo año en el que comenzaría a fungir como entrenador. “Fue en el Complejo Deportivo Luis García Moré, con las categorías 9-10 años”, recuerda.  

Juan Nápoles pasó por varios entrenadores en su formación, como los casos de Dulzura María y Magaly, pero reconoce que quien más lo marcó fue Sigfrido Bandera: “para mí, el entrenador que más resultados ha tenido en el triple salto”.

También tuvo el honor de ser uno de los primeros atletas en entrenar con Milán Matos, con el cual tuvo gran amistad, y Gustavo Plá, el segundo hombre en saltar 17 metros en Cuba, luego de Pedro Dueñas.

“De esos tres entrenadores me fui nutriendo y conociendo este arte. Me aportaron métodos y teorías que, a la postre, yo también la utilizaría en mi entrenamiento”.

Llegada al más alto nivel como entrenador

Entre las aspiraciones de Juan Nápoles nunca estuvieron las de ser entrenador del equipo nacional. Según cuenta, su ambición pasaba más por buscar una misión internacional por problemas económicos.

“Resulta ser que el ya fallecido entrenador David Giralt tuvo que atender a su hijo en una ocasión. Contaba con un grupo de atletas juveniles que necesitaban en ese momento a otro entrenador en el tiempo en que él estuviera afuera. Me propusieron y asumí la función de entrenar destacados atletas, como el caso de Ernesto Revé, Dailenys Alcántara, entre otros. La misión era que esos muchachos llegaran al mundial del 2008 y ganaran medallas, lo cual se cumplió. Dailenys Alcántara alcanza oro en el salto triple y bronce en salto largo”, explica.

En el 2009, le otorgaron a Juan Nápoles la plaza de manera oficial. Desde el mismo comienzo tuvo la inquietud de tener sus propios atletas, o como él los llama, “sus propios frutos”.

Él reconoce que esos atletas eran méritos de David Giralt. En ese mismo año, fue con Irisdaymi Herrera de la Rosa al mundial de cadetes, donde obtuvo el quinto lugar. Ella, a la postre, en el 2010, sería la primera y única campeona de salto de longitud femenino de Cuba en todos los niveles.

“Ese fue mi primer gran logro”, afirma.  

No obstante, el propio entrenador reconoce que su principal resultado ha sido el trabajo realizado con su hijo, Cristian Nápoles.

“Un día le dije para cambiar al salto triple, porque él lo que hacía era salto alto, incluso, con buenos resultados, pues ganó los famosos torneos José Godoy. Pero la potencia con que saltaba, a pesar de no dominar la especialidad, me demostró donde tenía más futuro”, detalla.

Cuando comenzó el trabajo con su hijo, las personas se burlaban de él porque no dominaba muchos elementos, ya que empezó tarde su carrera deportiva: “Le decían que estaba aquí porque era mi hijo, pero el tiempo demostró que no y, como siempre digo, entró de mona y se convirtió en león”.

“Ha sido el resultado más significativo para mí, al margen de que tengo a Maykel Massó, mejor resultado de categoría cadete y récord para la competencia con 8.05 metros, y de haber hecho un doblete en el mundial del 2017 en Nirobi con Maykel Vidal y Lester Lescay”, explica.

Para Juan Nápoles, cumplir la doble función de entrenador y padre ha sido bastante difícil, sobre todo, a la hora de deslindar cada una de ellas.

“Soy muy exigente en cuanto a la disciplina al entrenar. Los atletas que han pasado por mis manos saben de lo que les hablo. Ahora, el trato es diferente, a lo mejor me relajo un poco teniendo en cuenta que estoy trabajando con adolescentes. Estos muchachos llegan niños, con 15 años, y terminan hombres. Hay que saberlos educar, cuando se puede jugar y cuando es serio, ese es mi método. Siempre tienes que existir un respeto entre entrenador y atleta. En el caso de Cristian, he sido un poco más exigente con él, hasta donde se puede”.

La especialidad en realidad de Juan Nápoles es el salto triple, pero por necesidades de la escuela nacional, en ese momento necesitaban a un entrenador de salto de longuitud, el cual, confiesa, es de su mayor agrado por ser más difícil de entrenar.

“Por mis manos pasaron Maykel Massó, Juan Miguel Echevarría, Maikel Vidal y Lester Lescay”, explica sobre atletas que fueron captados por el propio entrenador en los juegos escolares.

“A todos los busqué desde las categorías 12-13 y 14-15 años, y así me fui formando una banda. Tengo la bonita experiencia de haber tenido 4 atletas, coincidentemente en el mismo tiempo y en edades tempranas, sin violar etapas, que han saltado más de 8 metros. Un logro que me satisface bastante, porque es muy difícil que se vuelva a dar”, añade.

A pesar de contar con estos 4 atletas en la actualidad, la historia del salto en Cuba es demasiado amplia. Se cuenta con años y años de logros que hacen de la escuela cubana una de las de mayor estima en el mundo.

“Indudablemente, más que una escuela es el método de trabajo que utilizamos los entrenadores. Los cubanos somos explosivos, potentes, rápidos, algo que hay que tener en cuenta. Otra cosa que nos favorece es que podemos entrenar todo el año sin ningún tipo de interrupción, mientras que en otros países el invierno es más crudo y las temporadas son difíciles”, manifiesta.

“Los resultados son evidentes, no tanto en el salto largo como en el triple. La realidad es que Cuba en los saltos se considera una potencia. Según algunos estudios que hemos hecho, estos nuevos muchachos, Massó, Vidal, Echeverría, son más rápidos que Iván Pedroso, lo que pasa es que él tenía una carrera muy coordinada”, añade.

Los obstáculos que enfrentan los entrenadores en Cuba y por qué estos también dejan el atletismo

Para Juan Nápoles, ser un entrenador en Cuba no es tarea fácil. Refiere que en otros tiempos era más sencillo, pues en los años 80 se trabajaba con mayor comodidad.

“Debido a la bonanza económica y todo el apoyo material que se tenía. Existían las PRE-EIDE, la ESPA provincial y nacional, las áreas especiales estaban llenas. Yo, trabajando en la base no tenía como aspiración ser entrenador de la EIDE, pues me iba bien donde estaba y tenía las condiciones para trabajar”, cuenta Nápoles, quien lleva más de 30 años como entrenador.

“Ahora es un poco más difícil”, continúa. “La política que se ha implantado en el deporte de comenzar a entrenar a partir de las 4:00 p.m. no es efectiva. A esa hora, los niños tienen que repasar, como le pasó a Cristian. Muchos padres no estaban dispuestos a ese trabajo, porque tenían que garantizar que sus hijos aprueben los grados. Yo voy al Marrero, al Cira García, al Osvaldo Saborí, al Cardona, al parque Martí, y ya no se ve esos lugares que eran referentes en la Habana repletos de atletas”, dice.

“Al margen de eso, y sí vale decirlo, están todas las políticas que han ido contra Cuba, la escasez de materiales, la caída del campo socialista. Yo me quito el sombrero, porque salí de la base y conozco cómo funciona, ante los sacrificios que hacen esos entrenadores para poder cumplir con su trabajo, además de todas las exigencias que tienen. No por gusto se abrieron las escuelas municipales de profesores de educación física. Muchos que eran profesores y entrenadores, fueron a buscar la vía económica por el turismo. Yo tuve esa misma oportunidad, pero me negué, porque a mí lo que me gusta es entrenar”, explica.

Un tema que afecta y que recalca el propio Juan Nápoles, es la atención a los entrenadores de todas las categorías. Según refiere, no todo es un diploma y un reconocimiento colectivo. Las dificultades económicas han sido las principales causas del abandono de atletas, pero también de las de los entrenadores. Ellos tienen sus aspiraciones, y la posibilidad de salir contratado y ser mejor atendido en otras latitudes, es algo que hay que tener en cuenta.

“Ahora les dieron carro a todos los atletas, lo cual está muy bien, pero ¿y los entrenadores? Nosotros también fuimos partícipes de ese logro. Sin embargo, cuando algo sale mal, el primer señalado es el entrenador. No se es equitativo en ese sentido, y no es solo lo material, también es lo espiritual, el reconocimiento. Es muy difícil llevar a un atleta a la competencia fundamental y por un error o un detalle que muchas veces es imprescindible, el atleta pierda, luego de meses de preparación. Eso el entrenador se lo guarda para él, y muchas veces tiene que lidiar con eso, trayéndole problemas en su vida personal. Por eso digo que reconocer el trabajo del entrenador es fundamental”, manifiesta.

Estas son razones evidentes para comprender el déficit actual de entrenadores consagrados que vive el atletismo cubano, sobre todo en la base.

“¿Cómo se justifica que se hayan ido 18 entrenadores del equipo nacional? ¿Quién está equivocado? ¿Son los entrenadores? No vale aquello de que somos machistas, pues nos dirigen mujeres. ¿De qué estamos hablando? ¿El componente que te rodea a ti está calificado para estar dirigiendo el atletismo? Incluso, hay gente que está ahí que la cogieran dopada. ¿Qué haces al frente de una organización cuando te cogieron dopada y nada ha salido que diga que te exoneraron del dopaje? El componente que te rodea no es el adecuado. Por eso es que son los problemas, por ejemplo, el desmantelamiento por completo del equipo de velocidad por una indisciplina. Puede sancionar, pero ¿desmantelar? Hay que buscar una solución que no afecte el deporte. Así han desmantelado cantidad de eventos. No hay jabalinistas, balistas, decatlonistas”, afirma.

Hace unos años se viene dando un fenómeno con varios atletas de categorías inferiores. Los resultados y proyecciones que traían de su paso por el cadete y juvenil, a la postre, en muchas ocasiones, no se terminan cumpliendo. “Esto pasa en el mundo entero” -afirma Nápoles- “no vayas a pensar que es solamente en Cuba, lo que pasa es que aquí somos bien exigentes. Hay que ver la lista de los atletas que ganaron esos campeonatos y cuántos de ellos llegan a la élite”.

Afirma, además, que no es lo mismo un trabajo continuado con un entrenador que lleva con un atleta desde hace años, a un cambio repentino de entrenador cuando pasa de la categoría juvenil a la de mayores, como está establecido en Cuba.

Otro factor que atenta contra el desarrollo de los más jóvenes, incluso con el de figuras establecidas y del equipo nacional, es el poco rodaje competitivo con el que cuenta. “Aquí en Cuba hay pocos eventos actualmente y en los peores momentos del período especial se competía mucho más. Para los juveniles que son élites, solo tienen la Copa Cuba y el Barrientos”, expresa.

“En ocasiones, nos encontramos con marcas pobres en competencias de liga del diamante, y entonces se les niega la participación a atletas cubanos porque dicen que el organizador no los compra. Duele ver a atletas con menos resultados que uno, incluso en los Juegos Olímpicos, pero, sencillamente participaron en 4 competencias y la sumatoria de esos puntos les dio para participar. Valentin Iribarne se desgastó corriendo solo para hacer la marca y no pudo”, añade.

Luego de los Juegos Olímpicos de Tokio, la mayoría de los atletas regresaron a Cuba en medio de la temporada de atletismo. “No los dejaron seguir competiendo porque no tuvieron los resultados esperados”, dice Nápoles, a quien el hecho le tocó bien de cerca.

Para el entrenador, hay varios factores claves para entender el declive del atletismo cubano y, según él, se vienen dando desde hace ya algún tiempo, partiendo todos del propio organismo.

“La reducción de matrícula atenta directamente contra la disciplina. La captación de atletas no la hace el técnico, porque alguien en el organismo decidió lo contrario y tienes que aceptar entrenar a un muchacho que tú no escogiste. Mis 4 atletas entraron y son lo que son porque los vi yo y se lo ganaron, nadie me los impuso. No le pueden quitar la potestad al entrenador. Tampoco debe ocurrir el desmantelamiento de eventos. No pueden darse el lujo de botar a atletas con 18 y 20 años, porque es verdad que la indisciplina es penada, pero hay que ver el nivel de esta y la sanción. Hay que tener en cuenta todo el gasto que se hizo en ese atleta.

“Recuerdo al vicepresidente del INDER, Jorge Polo, refiriéndose a la retención de atletas. Después de que ese muchacho transita por toda la pirámide y cuando llega a la selección, en un año darle baja, no se hizo nada. Al que es indisciplinado se le sanciona, pero no al punto de sacarlo por una cosa que se puede manejar. Lanzadores había aquí por doquier, de bala, de jabalina, ¿dónde están? ¿Cuánto se demora en hacer un atleta de lanzamiento? Lo han desmantelado completamente por criterio o por conveniencia, no sé qué decirte”, explica.

A pesar de todo esto, el salto de longitud en Cuba cuenta con buena salud, debido, en gran medida, a los 4 atletas que seleccionó y desarrolló el propio Juan Nápoles.

“Hay que saber trabajar con ellos 4. Por primera vez, hubo 3 saltadores clasificados a unos Juegos Olímpicos y eso es un logro, amén de que el resultado no haya sido el esperado. Y tengo conocimiento de otros muchachos que vienen muy bien y con buenas perspectivas”, añade.

No obstante, en el sector femenino las cosas no han sido iguales, aun contando una buena atleta como Yanisley Carrión. “Todavía no ha cuajado. Es una deuda que tengo conmigo, pues a pesar de sus condiciones, no la pude llevar a donde hubiese querido. Ahora viene un nuevo ciclo y quien sabe qué pueda pasar”.

Los golpes y las injusticias que llevaron a la decisión definitiva de Juan Nápoles

Noto en Juan Nápoles los deseos de contarme algo más. El nudo en la garganta y el cambio repentino en su voz, me demuestran lo afectado que lo dejó el asunto.

“A veces me preguntaba por qué no podía salir con mi hijo a las competencias, qué es lo que se estaba tramando y pensando. Muchas interrogantes. A mi hijo lo tildaron de desertor. Tuve que aguantarlo. Y te lo digo, si se hubiese quedado, no me hubiese importado. Sin embargo, mira lo que demostró, al final fue el único que regresó”, confiesa.

Cristian tuvo una sola competencia. Salió de Cuba 23 días antes del evento fundamental del año, y saltó 16.63 metros como registro para encarar unos Juegos Olímpicos.

“Por eso, me sorprendió cuando saltó 17.08 m en la clasificación. Luego salió mal, no importa, pero él también podía seguir competiendo. ¿Qué pasó? Para la casa y no compites. El atletismo no se compone de 4 o 5 figuras, tiene que haber malo, bueno y regular. Si seguimos con esa corriente, no quedará nada por hacer”, refiere.

Pese a su éxito formando grandes talentos, en el 2019, el entrenador decide terminar su vínculo con la selección nacional, “por atropellos que hubo con mi persona, motivado por una indisciplina entre Cristian y Maikel Vidal”, cuenta.

Antiguamente, el equipo nacional se dividía entre ESPA Nacional y equipos nacionales. Había una matrícula que era del entrenador juvenil -caso de Nápoles-, el cual tributaba al entrenador del equipo nacional y de mayores.

Antes de que llegara Eduardo Becali a la presidencia del Inder, se determina que el atletismo sería equipo nacional completo, sin ESPA. Nápoles seguiría trabajando con juveniles, pero ya pertenecían al equipo nacional.

“Sucedieron varias cosas en ese entorno con atletas juveniles que venían marcando el paso como grandes estrellas y tenían que pasar al equipo nacional. Hubo un caso de un entrenador que decidió, por aquel tiempo, dejar de trabajar, pues no veía lógico que después de tantos esfuerzos con determinado atleta, tuviese que pasarlo”, cuenta.

“Recuerdo que, en septiembre del 2014, el jefe de área era Daniel Osorio. En una reunión se plantea que, a partir de julio del 2015, los atletas que yo captara continuaban conmigo hasta el final, rango en el que caían Maikel Vidal y Lester Lezcay”.

En el caso de Juan Miguel Hechevarría y Maykel Massó, al haber entrado antes de la fecha, pasarían a Daniel Osorio cuando terminaran la categoría juvenil. “Ese era el acuerdo, y lo respeté en su momento”. 

En el 2017, vendría la explosión de esos atletas. Inician las giras preparatorias para los mundiales y los muchachos comienzan a destacarse. Por eso fecha, Daniel Osorio vuelve a convocar una reunión junto al jefe de cátedra y otras personas, para reafirmar el compromiso que había contraído previamente.

“Volví a plantear mi aprobación, que los podía pasar. Sin embargo, dije que hasta cuando iba a seguir poniendo pañales. Y así se lo había dicho al antiguo comisionado Agustín Abril. Por más campeones que tuviera en la categoría juvenil, el trabajo de un entrenador se comienza a reconocer cuando trabaja con mayores. Quería el derecho a tener un atleta que fuera campeón olímpico como Javier Sotomayor, Yoelvis Quesada y Yoandri Betanazos, todos los cuales se encontraban en dicha reunión, al igual que Yipsi Moreno”, detalla.

“En una ocasión, Osorio y yo nos vemos en el parque de la escuela. En ese momento estaba pasando por un mal momento personal, la pérdida de dos personas inseparables en mi vida. Entonces, le digo que no le iba a entregar a nadie, que llamara a la comisión, pero que no lo iba ha hacer”, continúa.

“Un amigo cercano, Sergio Martínez, me llama a la casa y me pide que pensara en lo que estaba haciendo, que más valía cuatro que uno. En ese momento estaba aferrado, pero después cedí. Se quedaba con Juan Miguel, pero yo seguía con Massó, Cristian Nápoles, Maykel Vidal y Lester Lezcay, pues Osorio me dijo que él nada más quería a Juan Miguel. Al final, había comprometido mi palabra y, a veces, la pasión te ciega”, concluye.

En el 2018, Juan Miguel Echevarría ganó la medalla de oro con Daniel Osorio en el Mundial de pista cubierta en Brimingham, en el cual Juan Nápoles tuvo la oportunidad de participar.

“Según dicen, me llevaron porque no había podido asistir al Mundial del 2017 por el fallecimiento de mi madre. Mira lo que tuve que aguantar. Después publiqué en Facebook una foto con la medalla de Juan Miguel y con un pie que decía: no saben cuánto disfruté esta medalla”, recuerda.

“La vida es así, no me duele, porque desde el inicio te estoy diciendo que no tengo grandes ambiciones. Entré, conocí al equipo nacional y no me tembló la mano para salir. No le aguanto mala crianza ni falta de respeto a nadie, ni iba a permitir que me avasallaran, porque cuando eso sucede, lo mejor es retirarse. Tampoco se tuvo en cuenta mi carrera deportiva y de cuanto aporté con gente que yo vi llegar y que no estaban preparadas para dirigir. El tiempo me dio la razón, las pruebas son evidentes, porque lo ha visto el mundo entero”, dice.

“Pasé por otros momentos difíciles, como que salieran mis atletas a competir y yo quedarme. En el 2018, no pude ir a los centroamericanos con Maykel Vidal compitiendo. Tuve que aceptar que Christian Nápoles fuera al Iberoamericano y que me dijeran que no podía ir, que había que darles oportunidad a otros entrenadores. Tuve aguantar eso, como un soldado, y no me pesó”, añade.

La salida del atletismo y el legado de Juan Nápoles

Para Juan Nápoles, sería una experiencia muy desagradable. Del letargo en el que se encontraba por la forma en la que fue tratado, solo sería posible salir a través del camino de Ifá y el apoyo de su familia. “Soy sacerdote, practico y no vivo de Ifá. Una de las filosofías te dice que no te amarres a nada natural, pues una puerta se cierra y otra se abre, la vida continúa”.

Sin embargo, el entrenador no se iría sin antes dar su pelea. Llegó hasta la presidencia del INDER, escribió cartas al Consejo de Estado y a la Secretaría de la República. Finalmente, se haría una encuesta en la escuela en la que saldría perjudicado. “El propio presidente del INDER me preguntó qué iba a hacer, y le dije que no iba a volver. Quería esperar tranquilamente una misión”.

“Hubo varias personas que comprendieron mi situación y me apoyaron, como Osvaldo Vento y Miguelito, el director de la escuela. Se me dio entonces la oportunidad de ser metodólogo en la Base Náutica, que es la función que estoy desempeñando en estos momentos.  He sido bien recibido en este sitio”, explica.

El periplo que le tocó vivir a Juan Nápoles fue suficiente para convencerlo de que había terminado con el atletismo cubano. “Me gusta, me apasiona, pero ya estuve 12 años en el equipo nacional y eso no me lo va a quitar nadie”.

En ese lapso, el entrenador moldeó una hoja de ruta que atesora con mucho orgullo, ganado a base de trabajo y sacrificio.

“Puedo decir que la vida me ha recompensado con 6 medallas de oro en categorías juveniles, con llenar el salto largo y triple en un mundial juvenil, hacer un doblete en el salto largo juvenil, obtener medalla en unos Juegos Olímpicos, tener la primera campeona mundial juvenil en Irisdaymi Herrera de la Rosa, con la cual estaré toda una vida agradecido, al igual que con todos los atletas que pasaron por mis manos desde la base. A ellos les agradezco lo que soy hoy. Por eso no me arrepiento de nada, parafraseando a Rey Vicente Anglada”, concluye Juan Nápoles.  

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