A finales de la primera década de este siglo, la selección masculina del voleibol cubano logró formar un equipo que parecía destinado a dominar la élite de ese deporte por varios años.

Yoandy Leal, Wilfredo León, Raidel Hierrezuelo, Robertlandy Simón, Rolando Cepeda y Fernando Hernández son algunos de los nombres más recordados de aquella generación cuya mayoría, por diferentes razones, rompió sus lazos con el equipo nacional.

Por estos primeros días de junio, Fernando Hernández vacaciona en La Habana, aunque en esta oportunidad, su arribo a Cuba se ha visto relacionado con los rumores de su posible regreso a la selección nacional de Voleibol.

“Luego de que les abrieron las puertas a Simón, Hierrezuelo y Maikel Sánchez, me dije, bueno, hay una oportunidad de volver. Hablé con el segundo al mando de la Federación, pues él es quien se dedica a hacer las negociaciones con los jugadores que quieran volver. Nos informarnos sobre cómo es el proceso, pero el juicio final se hace en una reunión, porque hablar con una persona por teléfono no es algo correcto. Uno debe ir a la escuela nacional, conversar con el presidente, para así llegar a un acuerdo satisfactorio”, comenta.

Lo cierto es que esta no es la primera ocasión en la que intenta concretar su regreso, pues en una ocasión anterior intentó volver, pero las cosas no fluyeron. Según cuenta, entonces debía renunciar a su carrera profesional para volver a vestir la casaca del equipo cubano y eso, no era negociable.

“Tenía toda la intención de volver, luego de actuar como profesional en Japón, pero ellos, simplemente, dijeron que no necesitaban a otros jugadores, pues con los que tenían y con el trabajo que se hacía desde la base, podían construir un equipo como el del 2010 o como el de 1998. Entonces, no tenían ningún tipo de problemas. Siempre les dije que estaba dispuesto a jugar por mi país, pero mi carrera profesional no me la podían tocar.

“Decían que ellos tenían que regir y mandar sobre mi carrera profesional. En ese momento, Cuba no había hecho relaciones con la Federación Internacional para que los jugadores jugaran como profesionales y yo no podía abandonar mi carrera para jugar por Cuba. Tenía que dejar todo y someterme a un proceso para revisar si no tuve problemas de indisciplina al irme (que no los tuve, porque me fui legal). En fin, eran muchas trabas”, narra.

voleibolista cubano Fernando Hernández
Foto: Hansel Leyva Voleibolista cubano Fernando Hernández. Foto: Hansel Leyva

Los inicios de Fernando Hernández

En el caso de “Dinamita”, es muy fácil pensar que su amor por el voleibol nació por su padre, exjugador de la selección nacional. Pero, la realidad es que Fernando Hernández pasó por otras disciplinas antes de llegar a la de la malla alta.

“Practiqué muchos deportes antes del voleibol. Pasé por artes marciales como kárate, taekwondo, igual que mi hermano. Incluso, lo que más me gusta son las Artes Marciales Mixtas. Las practicaba con mi tío y eso, pero nada profesional. Luego, mi hermano y yo comenzamos a sentir más afinidad por el voleibol debido a mi papá. Él me llevaba a la Ciudad Deportiva, donde en ese momento se jugaba la Liga Mundial. Nuestro equipo era fuerte, organizado, ganó en 1998 y me apasioné por ese deporte”, explica.

Con 11 años entró en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE). Si bien allí te forman como atleta, también adquieres valores humanos, forjas el carácter, aprendes a ser independiente y te preparas para la adultez. Pero también, enfrentas muchas dificultades que ponen a prueba tu voluntad de ser deportista y tu capacidad de resistencia.

“La EIDE es la escuela de formación de cualquier hombre o mujer. Allí tienes que tomar agua de los tanques, la cual lleva estancada quién sabe cuánto tiempo. A veces, llegaba a mi casa lleno de parásitos y con dolor de estómago. Era difícil eso. Teníamos que entrenar con zapatillas deportivas de muy baja calidad, las cuales, a la semana, se desgastaban por abajo. Entonces, tenías que comprarte otro par. Te daban uno y cuando se te gastaban, tenías que comprártelos tú o negociar otros ahí mismo”, dice.

“Los muchachos no tenían deseos de estar allí en ningún deporte. Incluso, una vez metieron un kimono de judo en una tubería y la escuela sufrió daños severos por una tupición. Tuvieron que sacarnos durante más de un año. Nosotros estábamos felices porque íbamos al docente de la escuela José Martí que queda en La Habana del Este, que es una mini-EIDE con otros deportes y entrenábamos en la Ramón Fonst.

“Teníamos tremenda alegría porque estábamos en la calle, porque dentro de la EIDE era fuerte la situación. Existían hasta plantes de abakuá, no sé si hacían hasta santo. Te forja el carácter, te hace crecer. Muchos niños tenían que volverse hombres y mujeres, de forma obligada”, afirma.

Estas circunstancias adversas te muestran el espíritu de sacrificio que forja el carácter de los atletas cubanos y, con Fernando Hernández, no fue la excepción. Soportaban las más duras condiciones de entrenamiento e, incluso, a veces los jóvenes deportistas incurrían en acciones incorrectas para sobrevivir.

“Nos levantábamos tempranito y nos íbamos para los campos de los guajiros para robarles las naranjas. Les robábamos todo lo que pudiéramos comer. Allí lo que pasamos fue tremendo. Lo que se veía ahí no lo veías en ningún lugar. De vez en cuando, entrenábamos en un terreno de arcilla y cuando llegaba a la casa mi mamá me decía que si yo estaba arando en la agricultura o entrenando voleibol, porque venía con las medias rojas.

“Eran tiempos difíciles y a veces no había agua y tenías que bañarte en la cochiquera con los puercos, con una manguera, pero todas esas son experiencias que te forman, que te hacen tener una mentalidad fuerte. Por eso es que los deportistas cubanos cuando estamos en el extranjero somos campeones, porque pasamos por momentos muy difíciles”, agrega.

Muchos conocen a Fernando Hernández el opuesto, pero pocos saben que sus inicios fueron en la posición de auxiliar. Su carrera por las categorías inferiores venía de la mano de una generación talentosa de voleibolistas que se abría camino con paso firme.

“Fue en un NORCECA de cadetes en donde me di a conocer. En el partido por el bronce jugué bien, en las dos posiciones (opuesto y auxiliar). Después llegué al juvenil y el entrenador vio la opción de jugar de auxiliar, pero como titular”, refiere.

En otro evento NORCECA, pero de la categoría juvenil, conoció al hoy vicepresidente del INDER Ariel Sainz, con el que afirma tener una buena relación desde aquel entonces.

“En ese evento en El Salvador fue la primera vez que vi a Sainz, que cuando eso no era presidente de la Federación, sino un trabajador. Nos ayudó por allá, nos indicó dónde se podía comprar, las tiendas más baratas, a qué hora salir, etc. En ese NORCECA terminamos en primer lugar, le ganamos a Canadá que tenía una buena generación de voleibolistas. En ese torneo estuve bien, pues terminé de mejor sacador y empecé a mostrar condiciones”, rememora.

El mundial juvenil marcó un momento importante en su vida, aunque no comenzó de titular debido a que -afirma-, el director técnico de la selección de mayores, Orlando Samuels, pidió que se potenciara la figura de Leonardo Leyva.

“Empecé jugando de banco, porque Samuels quería que Leyva jugara regular, porque lo veía con condiciones de llegar al equipo nacional, pero a mí no. Tuve un buen mundial juvenil y esos jugadores titulares no estuvieron bien. Cala -entrenador-asumió la responsabilidad y me puso de titular y cogimos medalla de plata. Les ganamos a Irán y Argentina, pero perdimos con Brasil en la final”, cuenta.

La selección nacional: un corto, pero exitoso paso

En el conjunto de mayores, varios opuestos estaban pugnando por la titularidad. Fernando Hernández arribaba con el cartel de auxiliar, pero las plazas en esa posición ya estaban ocupadas y entonces, cambió de posición.

“Llegamos a la selección nacional Rolando Cepeda, Wilfredo León y yo. Lo primero que jugamos fue el NORCECA del 2009, en el cual estuve en el banco, pues el titular era Maykel Sánchez y yo solo entraba a sacar. Obtuvimos el oro y clasificamos para la Copa de Campeones”, detalla.

Él describe esa Copa de Campeones como uno de los eventos más difíciles que enfrentó. Muchas situaciones atípicas mostraron el carácter luchador de la escuadra nacional cubana.

“Nosotros llegamos un día por la mañana y por la tarde teníamos el juego, acabaron con nosotros. Ese choque era, nada más y nada menos, que contra Brasil. Es una competencia mundial que juegan los mejores países de todos los continentes. Para llegar, volamos desde La Habana a Francia, en donde estuvimos casi un día esperando el otro vuelo. A nosotros nos ponían las escalas supermalas para que la Federación no gastara tanto dinero, cuando los brasileños ya llevaban dos semanas en Japón entrenando. Estábamos como zombis. Así y todo, perdimos contra ellos en tie break. Terminamos con plata”, narra.

La posterior salida de Maykel Sánchez dejaba a Cepeda y a Fernando como los dos aspirantes a ocupar la plaza de opuesto. Entre ambos existía una buena relación en la cual no mediaba una rivalidad ni envidia, sino una amistad en pos de buscar lo mejor para el equipo.

“Después vino la famosa Liga Mundial de 2010 que jugamos en la Ciudad Deportiva y empecé de regular. Cepeda estaba lesionado y asumí la titularidad. En la primera parte terminé como máximo anotador. Cuando empezamos en el extranjero, Cepeda se recuperó y regresé al banco”, dice.

Aquella competencia fue el primer paso de Cuba para consagrarse, una vez más, en la élite mundial. Pero, debido a la inexperiencia, la presión les pasó factura en momentos claves.

“La final estuvo superdura. Jugamos contra Rusia y Brasil. Entre los tres, el que terminara de primero iba a la final. Concluimos de segundos y discutimos el bronce con Serbia. Ganamos los dos primeros sets y perdimos los tres últimos. Teníamos la mentalidad de ganar esa liga mundial porque estábamos en una forma increíble. La discusión del bronce no la jugamos con esa hambre, y quizás por eso, no salimos con fuerza. Creímos que, si no era el oro, no tenía sentido discutir el bronce. Nos daba igual y tal vez la falta de experiencia nos privó de notar lo relevante de un bronce”, manifiesta.

En el 2011 llegaría el metal más recordado por todos los cubanos de aquella generación, en el Campeonato Mundial de Italia. El segundo torneo más importante del voleibol después de los Juegos Olímpicos vio como una nómina de jóvenes cubanos deslumbró al mundo entero y levantó a todo un país como en los tiempos pasados de los 90.

“Íbamos con la meta de superar el lugar 12 y poco a poco fuimos escalando. Ya cuando le ganamos a Brasil -ha sido mi mejor partido de todos los tiempos- a grada llena, nos vimos con posibilidad de llegar a la final. Entonces, se nos atravesó Bulgaria antes de llegar a la semifinal. Ellos fallaron un ataque con el marcador cerrado y pudimos remontar para ganar en tie break. Cuando llegamos a la semifinal con Serbia, les ganamos 3-2, en un partido emocionante. Fue tanta la emoción que no nos enfocamos bien en la final y Brasil nos ganó 3-0. Quizás la inexperiencia nos pasó factura. Por eso recalco que hubiera sido bueno que nos hubieran insertado en ligas extranjeras, para tener ese fogueo y jugar esa final. Bien que pudiéramos haber ganado”, afirma.

Tras tantos éxitos, parecía que las cosas solo podían ir mejor. Entonces, el INDER les prometió una mejor atención a los atletas y les pidió que dijeran qué necesitaban para mejorar sus condiciones de vida. Pero ese fue el principio del fin de esa generación de oro del voleibol cubano.

“Preguntaron sobre lo que necesitábamos. Para qué pedir un carro o una casa, si sabíamos que no nos los iban a dar. Hubo quien pidió un colchón, un TV, un refrigerador. Yo pedí un colchón bueno. Cuando aquello, vivía en un solar con unas condiciones que no te puedes imaginar. Lo solicité para poder descansar bien. Pero todo quedó en promesas.

“Supuestamente, teníamos que cobrar un dinero por haber cogido el cuarto lugar en la Liga y plata en el campeonato mundial. Ese dinero se demoró como dos años en llegar y nunca fue lo que nos tenían que pagar en la vida real. Fue tanta la decepción que hubo jugadores que no aguantaron y se fueron. El equipo se quedó cojo tras la salida de Simón y Leal. Samuels creía que, con León, Yoandry Díaz y Hierrezuelo todavía podíamos hacer algo”, alega.

Fernando Hernández recalca que fue doloroso ver como una familia ya formada se desvanecía totalmente por el mal accionar de las instituciones. Con el rumbo a los Panamericanos de Guadalajara marchaba un equipo Cuba reestructurado que finalizó con una medalla de plata tras perder con Brasil en la Final.

La relación con Orlando Samuels y su salida del equipo Cuba

Ese año 2011 no brindaba buenas sensaciones y un hecho puntual marcó el final de la carrera de Fernando Hernández en la selección nacional. El preolímpico de Alemania era la opción de concretar la llegada de Cuba a una cita de los cinco aros desde Sídney 2000, pero el destino es caprichoso.

“Vi una entrevista de Samuels en la que dijo que yo no estaba entrenando adecuadamente y que lo importante era jugar bien, no entrenar. Eso es mentira y se lo digo frente a frente. Siempre hay jugadores que tienen problemas con sus entrenadores. Yo era como su talón de Aquiles. Nunca me quiso, pero tenía que ponerme. En esa clasificación nunca me dijo a mí que yo no estaba entrenando bien como dijo en esa entrevista, en la que manifestó que desde la Liga Mundial estaba jugando diferente. Yo estaba jugando bien y tenía buenos encuentros.

“Llegó el partido ante Alemania y me fallaron los deseos de clasificar y no tenía la mente como se supone que debía tenerla. Tuve muy mal rendimiento en ese juego. Samuels me sacó en el primer set y puso a Cepeda. Esa es la única competencia en que lamento no haber estado a mi máximo rendimiento porque era un partido importante. Mis compañeros tuvieron un muy buen partido, pero no pudimos ganar”, relata.

Aquel fue el día en que todo cambió. Al decir de Fernando Hernández, la no clasificación olímpica fue ese punto de inflexión en su relación con Orlando Samuels que dio fin a su periplo con la selección nacional.

“Se acabó la clasificación olímpica. Ya Samuels prácticamente me odiaba, Idalberto también, pero bueno, Idalberto era la cola de Samuels. A las 10 de la noche estábamos en República Dominicana, en donde jugábamos porque no teníamos una sede [Ciudad Deportiva] con aire acondicionado. No me puso de titular y me dije: este hombre me odia, está loco por desaparecerme. Terminamos los partidos allí y cuando estaba por salir a despejar por Dominicana con una parte del equipo, me llamaron a mí solo y me dijeron que me iban a mandar para Cuba”, recuerda.

“El pretexto fue que querían probar jugadores nuevos. Les dije que cómo iban a hacer eso en la mitad de un torneo como la Liga Mundial, y traer a un jugador que no es ni la misma posición mía. Mejor dime que me quieres botar y ya. Les dije que me hablaran claro, que no era un niño y sabía lo que estaban tramando. ‘Una vez también dejamos a Hierrezuelo’, me dijeron. Les respondí que Hierrezuelo era Hierrezuelo y Fernando era Fernando. ¿Cómo vas a dejar al opuesto titular de tu equipo por un partido? Sé que fue el partido de la clasificación olímpica, pero eso no quiere decir que no di el máximo, lo que pasa es que las cosas no me salieron y eso pasa en el deporte. Incluso, empezaron a decir que yo no estaba puesto para la competencia y llegó a correrse el rumor de que los alemanes me habían pagado por ese partido”, alega.

jugador cubano de voleibol Fernando Hernández
Foto: Hansel Leyva Voleibolista cubano Fernando Hernández. Foto: Hansel Leyva

Al llegar a la Habana se produjo la despedida del jugador en una reunión de la cual existen dos versiones distintas. Fernando Hernández nunca había dado la suya.

“Cuando llegué a Cuba me botaron, como aquel que dice. Mi papá, que lo conocía, me dijo que la idea de Samuels era deshacerse de los viejos para traer gente nueva al equipo, que él funcionaba así. Quise hablar con Eugenio George para pedirle una reunión con él y Samuels para pedir mi baja del equipo, porque ya no era necesario. Me dolió, porque el equipo siguió en la Liga Mundial y cogieron bronce. Yo empecé con ellos y merecía esa medalla, pero Samuels me botó.

“Quisieron como que achacarme la derrota en la clasificación olímpica, la soga hay que partirla por algún lado. Cuando llegaron a Cuba, en vez de tener una reunión con ellos nada más, Samuels llamó a todo el mundo, parece que necesitaba refuerzos. Llamó a Nicolás Vives, que cuando eso no era ni entrenador del equipo; al presidente de la docencia; a todo el elenco. Cuando empezaron a preguntar sobre mí no hubo una sola mancha por mal comportamiento o indisciplina, nada. Tenía buenas calificaciones y nunca tuve una indisciplina en el Cerro Pelado. Ellos no tenían por dónde cogerme, no había justificación”, recuerda.

Entonces, mi papá dijo: “ya que Samuels no está de acuerdo con mi hijo y, supuestamente, le quieren poner una sanción por no venir a entrenar cuando tenían que hacer una reunión para él pedir la baja del equipo, quiere decir que si vira al equipo nacional le ponen una sanción de tres o cuatro meses y eso es injusto. Me lo llevo para mi casa. No se va a morir de hambre; no se preocupen, que nosotros vamos a sobrevivir”.

“Pedí la baja del equipo nacional. Tenía que estar dos años alejado de los terrenos de voleibol para poder jugar como profesional”, explica.

Sin vínculo laboral, sin poder hacer lo que amaba y con todas las apuestas en contra, Fernando Hernández tenía que abrirse paso en un mundo nuevo, el de la calle. Vendedor de whiskey, yogurt y de lo que fuera apareciendo, fueron algunas de las tantas formas de sobrevivir a las cuales debió recurrir por aquellos tiempos, lejos del voleibol.

“No te puedes imaginar todo lo que se hacía. Pasé esos años vendiendo yogurt, whiskey, ropa, haciendo veinte mil negocios, pero no me morí de hambre. De todas maneras, en el equipo nacional no era que estaba ‘amplio’, pues el salario mío era de 200 pesos cubanos, que son 8 dólares. ¿Qué yo hacía con eso? Nada. No era que la selección me estaba salvando la vida. Más bien, entré en ese deporte por mi papá y después me fue gustando, pero quien nos daba el plato de comida era mi papá. Pude comprar la casa a mi familia cuando empecé a jugar como profesional, si no, todavía estuviera viviendo en el solar”, afirma.

La despedida de Cuba y la vida como profesional de Fernando Hernández

Nunca le pasó por la cabeza dar el salto profesional antes del momento en que ocurrió. Él se considera de esos últimos hombres que jugaron por amor al voleibol y su país.

“Tenía mucha necesidad. En un cuarto, dormíamos cuatro personas, pero nunca fui al Cerro Pelado a pedir mejores condiciones ni me hace falta una casa. Me dije, lo que me vaya a ganar me lo gano yo. Pensaba en otras cosas, era un chamaco. Solo quería jugar mi voleibol, mejorar. Me fui porque Samuels me tenía obstinado, no me fui por otra cosa en ese momento. Me tenía hostigado. Iba a llegar el momento en que le iba a meter un puñetazo o íbamos a terminar mal, por eso me fui. De no ser por aquel hecho, todavía estaría en el equipo nacional”, confiesa.

Pero el destino le tenía preparado otro camino. Su actuación en la última Copa del Mundo de Japón en la cual jugó, le valió para que uno de los entrenadores de equipo profesional de ese país le diera la oportunidad de debutar.

“Mi carrera profesional empezó en Japón después de estar un año y medio negociandoen Cuba. Me chocó entonces que tenía un apartamento bueno para mí solo, después de que siempre había vivido en un solar con cuatro personas metidas en un cuarto. Yo dormía en el multimueble de la casa. Este se hacía cama y a partir de las ocho de la noche, me acostaba ahí con mi difunta tía abuela. Mis padres y mi hermano dormían en la otra cama. Cuando tuve un apartamento para mí solo y un carro, me dije, wao.

“En Cuba, jugaba con un par de zapatos vendados, unos Adidas falsos, porque no eran originales, sino una copia china. Esos zapatos se hacían mierda. Llegué a Japón, fui a la Mizuno original, a la fábrica, y de la nada, me dieron cuatro pares de zapatos. Me pregunté para qué tantos, si al final entreno con uno solo, pero el problema es que no sabía que los zapatos, al entrenar tres meses, se desgastan. A cada rato, en Cuba me dolían las rodillas, la columna y era porque el amortiguamiento de los zapatos se gastaba y por eso en Japón te dan 4 pares, para que te duren toda la temporada. No conocía nada del profesionalismo, de cómo cuidar mi cuerpo. Me hicieron varias pruebas para ver mis condiciones, todas al detalle y con más profundidad que en Cuba. Tenía todo para empezar la temporada”, manifiesta.

Durante esos primeros años en Japón, Fernando Hernández fue conociendo sobre la vida del atleta profesional y las condiciones que existen para el deportista. En propia carne, experimentó que no escasearan los balones, además de tener cuarto de descanso, fisioterapeutas y masajistas a su disposición.

También ese año llegó la oportunidad de reencontrarse con su juego y alcanzar una medalla de plata en la Copa del Emperador. La noticia de que “El Tigre”, como le gusta que le llamen, estaba en la cancha de nuevo, no pasó desapercibida en la “meca del voleibol”.

“Aunque ganaba un poco menos, en Europa, empecé con el equipo en Molfetta y jugué con Hierrezuelo, que llevaba un año ahí. Nos conocíamos muy bien del tiempo en Cuba y teníamos buena sincronización en el pase. He jugado cuatro años en Italia, pero ese primer año fue mi mejor temporada. Me llevé los reconocimientos de mejor sacador e hice entre 60 y 70 aces, una barbaridad, hasta que después llegó el “Rey” León, que es el abusador de los saques en el mundo”, dice, y esboza una sonrisa.

“Me gané el premio de la Gazetta de lo Sport -que es como el balón de oro en el fútbol- de novato en Italia. Tenía una carrera de ensueño. En un duelo de playoff contra Trento se me reventó la pantorrilla. Ese club no tenía mucho dinero y los viajes largos había que hacerlos en autobús, durante 12 o 13 horas. Uno llegaba destruido. Se me abrió tres milímetros el músculo y salió un poco de sangre. Ese juego lo perdimos y quedamos en quinto lugar”, relata.

Después, vino un posterior paso por el Piacenza, en el cual, a nivel individual, estuvo formidable, al quedar como segundo máximo anotador y segundo mejor en el servicio. Aunque Fernando Hernández considera que pudo haber alcanzado el primer puesto, pero una “maraña” de Lube Civitanova en favor de otro jugador, le quitó la oportunidad de llevarse los galardones.

Tras dos muy buenas temporadas, los grandes de Italia se lo diputaban, pero para sorpresa de muchos, decidió ir a Turquía. Este movimiento de mercado dejó incrédulos a muchos.

“Los cuatro primeros equipos de Italia se interesaron en mí porque vieron mis temporadas, pero me fui al Halkbank de Turquía, en donde Osmani Juantorena jugó. Era un equipo de prestigio y me ofrecieron un muy buen contrato y no quise desaprovecharlo. Yo era joven, estaba construyendo mi carrera, pero también mi vida y quería tener una estabilidad para cuando me retirara, mi familia estuviera bien. Por eso vine para Turquía y jugué con Hierrezuelo de nuevo. Ganamos la Copa y la Liga turcas y perdimos en la Champions ante el Perugia”, explica.

Luego de ese primer periplo por Turquía, Fernando Hernández regresó a Italia con el Siena. Allí compartió cancha con dos superestrellas del voleibol mundial, pero una mala dirección condujo al equipo a la debacle. La mala imagen dejada por el Siena sería lavada en Pandova, conjunto en el cual, junto a Ishikawa, llevó al club a pelearlo todo, pero la COVID puso una pausa.

“Tuvimos tremendo desempeño. Le ganamos a Trento, Modena, Milano. El equipo estaba bien y estábamos en sexto lugar, pero no pudimos terminar la temporada. Teníamos un buen equipo para enfrentarnos a los equipos VIP”, afirma.

Al comenzar la campaña 2020-21, el opuesto consumaba su regreso al Halkbank. Pese a tener un resultado individual destacado, sorprendentemente, el club quedó muy distante de lo que se esperaba de ellos.

“Yo estaba contento de regresar al equipo que me dio la oportunidad de ser campeón. Teníamos un buen equipo, pero en este mundo no todo es tener buenos jugadores, pues también hace falta tener cojones y corazón. Nosotros terminamos en quinto lugar y eso te deja sin playoff. En el último partido que nos podía haber dado la clasificación, el equipo no supo responder. En la copa pasó lo mismo, no supieron responder. Era un buen equipo que no sabía ganar el choque bueno. En lo individual, pude revalidar mi título de mejor sacador”, apunta.

El sueño por cumplir de Fernando Hernández

El Tigre lo ha jugado casi todo, pero con más de 30 años y una carrera como profesional envidiable, le quedan metas.

“Lo único que le debo al pasado es no haber clasificado a los Juegos Olímpicos. A mí me gustan los tatuajes y tengo de todo tipo, pero el único que me falta es el de los cinco aros olímpicos. Es lo más grande del mundo y el sueño de cualquier deportista. Creo que puedo ir a los próximos Juegos Olímpicos si logramos clasificar y bueno, si puedo volver al equipo nacional. Eso es lo único que me queda por hacer en mi carrera profesional. Mi sueño es ir a los Juegos Olímpicos, pero si no es con Cuba, sin cumplir se quedará”, concluye Fernando Hernández.

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