A quienes no tuvimos la posibilidad de ver a jugadores legendarios del voleibol cubano como Ihosvany Hernández, Joel Despaigne, Abel Sarmientos, Freddy Brooks o Raúl Diago, la vida nos premió de otra manera. Nombres como Wilfredo León, Robertlandy Simón, Raydel Hierrezuelo o Yoandy Leal, entre otros, lograron hacer renacer las esperanzas de una afición repleta de ilusiones que anhelaba esos equipos poderosos de antaño. Sin embargo, hubo un hombre que vivió de cerca ambas etapas, incluso tuvo el orgullo y también el prestigio de dirigir en ambas y ser exitoso. Ese es el protagonista de nuestra historia: Orlando Samuels.

Mencionar sus logros y distinciones quizás nos llevaría más de una entrevista o un libro aparte. Su hoja de servicios al voleibol es inconmesurable y nos deja como reto intentar abarcar en pocas páginas tanta historia. Por eso decidimos irnos más allá de lo habitual, del reconocido entrenador, y conocer también a la persona.

Conversar con Orlando es casi un privilegio, pues él y la prensa nunca tuvieron una gran relación. Casi un año estuvimos tras sus pasos hasta que por fin se decidió.

Los inicios de una leyenda

Sentado en un espacioso butacón y sin acomodarse completamente, nos abre su historia, desde el momento en el cual cree que se comenzó a formar la leyenda que es hoy. El punto de partida, un entrenador. Coincidentemente, la función que desempeñaría después fue la misma que le marcó mediante otras personas.

“Aquí trajeron a un entrenador alemán que era un hombre muy preparado y disciplinado, bien estricto, con una mentalidad netamente alemana. Si llegabas un minuto tarde, ya no entrenabas. Si se iba la luz tampoco y así fue la cosa con él”, recuerda.

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Hansel Leyva Orlando Samuels, entrenador del voleibol cubano. Foto: Hansel Leyva

Ese señor del que me habla con una sonrisa dibujada en la cara era un personaje bastante curioso. Guiado por los estereotipos físicos, el alemán intentó implantar su filosofía con la cual chocaba Orlando Samuels.

“Aquel hombre quería tener un equipo de hombres en el cual todos midieran 2 metros. Entonces, tenía una lista de jugadores y al que no le convencía por los parámetros físicos, le ponía un signo de interrogación al lado. Mi nombre tenía un signo y le pregunté qué significaba eso y me dijo que eso significaba que tenía un pie en el equipo y otro en la calle”, dice.

Aquella frase que ponía en duda su presencia en la selección hizo que se esforzara para entrar en los planes del alemán.

“Debido a eso, entrenaba como una bestia porque no quería irme del equipo. Había grandotes de 2 metros, pero yo jugaba más que ellos y no me iba a ir a casa por eso.  Así que entrenaba duro y ni lo miraba, por si acaso”, comenta entre risas.

“Ese señor del que te estoy hablando, un día hizo una apuesta con otro entrenador alemán que había sido campeón mundial. Él dijo que nosotros estábamos físicamente mejor preparados que ellos. Para demostrarlo, nos iba a hacer una prueba física y si nosotros la pasábamos, el otro señor tenía que encenderle un tabaco. Muchacho, ese alemán nos puso una prueba por la cual el 90 por ciento del equipo terminó en el Frank País. Incluso, yo llegué arrastrándome a la ducha porque no podía más”, explica entre risas.

A pesar de que no tuvo la mejor entrada con aquel DT, tiene palabras de elogio para él. Quizás ese hombre haya sido de quien él se nutrió de la importancia de la disciplina como elemento importante, pues la misma siempre es la base de un gran resultado. Por eso el veterano estratega no dejó de elogiar los conocimientos adquiridos con él y de mostrarle gratitud por toda la sabiduría que le compartió.

“Ese señor era muy metódico con las planificaciones de sus entrenamientos y el comenzó a enseñar a Gilberto Herrera. Mientras el enseñaba a Gilberto, yo era el capitán del equipo y me apegué a ellos. Ese señor vivía en el Sierra Maestra y allí nos sentábamos a planificar; él hacía una semana y yo otra. Cuando me la revisaba me decía que estaba mal. Entonces me fijaba en Benavides e intentaba hacerla parecida a él”, explica.

La figura de Gilberto Herrera apareció de forma espontánea en la conversación. Al igual que Samuels, Gilberto es uno de los personajes de obligatoria mención cuando se habla de voleibol cubano y al decir de nuestro entrevistado, fue su maestro, a quien le debe mucho.

“Todo lo que sé lo aprendí de Gilberto Herrera, incluso hasta jugué con él. Como entrenador también fue muy bueno conmigo. Como todo el mundo tiene sus defectos y virtudes, pero el conocimiento que posee es innegable. A mi siendo entrenador me ayudó cantidad. Yo iba a los cursos que él impartía en el Fajardo siendo ya entrenador para aprender. Es un hombre que tiene vocación para enseñar y lo sabe hacer muy bien; además, le gusta hacerlo. A Vives y a otros entrenadores él los ha enseñado. Si se toman los conocimientos que él compartió o no, eso no es su culpa. Muchos van a sus clases prejuiciados y a veces se pierden la oportunidad de nutrirse de él”, manifiesta.

La conversación avanza entre anécdotas, curiosidades y risas y poco a poco vamos llegando a una parte de su historia que a él, en particular, le encanta, sobre aquella generación que ganó la Copa del Mundo de 1989. Fue un evento histórico en el cual Cuba se coronó campeón en ambos sexos, con Orlando Samuels y Ñico Perdomo como los encargados de comandar las naves antillanas en el masculino y femenino, respectivamente.

Aquella Copa del Mundo, sin embargo, también le dejó un sabor agridulce. Tanto él como su compatriota Perdomo fueron designados como mejores entrenadores de la Federación Internacional de Voleibol y la noticia, pese a su importancia, no fue dada en Cuba, pues al periodista que cubría aquellos eventos no le interesó hacerla pública en la Isla.

La Generación de los 90, victorias y tropiezos

Durante un tiempo que fue fundamental en su vida, ocurrió de todo, bueno y malo. Fueron años en los cuales bebió de las mieles del éxito y tuvo que consumir los tragos más amargos. Uno de ellos, los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

“En el año 92 ocurrieron varios problemas graves. En ese año, durante la Liga Mundial, le ganamos un partido espectacular a Holanda en la Ciudad Deportiva y acabándose me llaman para una reunión en el INDER y yo pensando que me iban a felicitar, pero nada de eso. Entrando por la puerta me dicen, “siéntate ahí”. Estaba el jefe de la Policía de La Habana, el Fiscal, el presidente del INDER y cuando empiezan la reunión me dicen: ‘usted tiene problemas’.

“Yo estaba asombrado porque desconocía aquello y me dicen que mis jugadores están sacando de Cuba joyas, cuadros y están en negocios turbios. Me quedé asombrado porque dije, pero ¿cómo va a ser ese mi problema si yo entreno un equipo de voleibol? Ellos enfatizaron que ese era mi problema y que tenía que empezar a revisar maletas.

“Automáticamente, rechacé eso alegando que yo soy entrenador y no policía, que si quieren ellos mandan dos policías con el equipo para que se encarguen de eso. Al rechazarlo eso e irme de la reunión filtran ellos mismos al equipo que yo había dicho que iba a revisar las maletas. Me viraron el equipo en contra. Toda esa travesía de los Juegos Olímpicos con un equipo disgustado, Despaigne diciendo palabrotas para animar el equipo, Diago molesto conmigo, el de la seguridad dando vueltas, para que fue aquello”, relata.

El estado anímico de los jugadores y las divisiones internas dentro del equipo contribuyeron a la debacle de Barcelona 92, cuando quizás se pudo alcanzar más que un cuarto lugar. Pero aquella situación Orlando Samuels pudo zanjarla y lograr que sus muchachos pudieran unirse para, poco tiempo después, colgarse la medalla de plata en la Liga Mundial.

“Al salir de los Olímpicos, el presidente del INDER me dice delante de los atletas que me perdonaba lo de Barcelona si ganaba una medalla en la Liga Mundial y que me iba a dar una casa. Para qué fue aquello. En aquel momento no tenía casa y estaba viviendo en un cuartico prestado por Miramar. Cuando en aquella Liga le ganamos a Holanda y me vi en el cuadro de medallas, me dije, tengo mi casa.

“A pesar de los problemas ganamos una medalla de plata en la Liga Mundial. Entonces, quien es actualmente el presidente de la Federación Cubana de Fútbol, Luis Hernández, que era un estúpido, me puso mal en mi evaluación anual. Todo el mundo en el Cerro Pelado comenzó a protestar, porque era algo absurdo que un cuarto lugar olímpico y una medalla de plata en la Liga Mundial fuera para una evaluación de mal. Al final, a él le llamaron a capítulo y me retiró esa calificación”, recuerda.

Aunque año tras año Cuba se mantenía en la élite mundial, inexplicablemente fue separado de su cargo en 1994. Por supuesto, el aficionado común no tenía ni idea de por qué habían sustituido a Orlando Samuels, pero él nos lo dejó saber.

“Con la selección viajaba un hombre de apellido Bayán, quien estaba más preocupado por recoger el dinero que ganábamos, que por nosotros. Pienso que los dirigentes en el deporte no pueden ser políticos. Los mejores dirigentes del deporte salen del mismo deporte. Ese Bayán siempre estaba borracho y lo único que hacía era preguntar dónde se recogía el dinero. Hasta él mismo en una de sus borracheras me dijo que quien lo puso en ese puesto estaba loco, si el nunca en su vida había jugado ni a bolas.

“Una vez regresamos de un evento y como no pudo recoger el dinero, se me atravesó. Se convocó a una reunión en el INDER y ese señor osó decirle al presidente del INDER que él había visto problemas técnicos y de cohesión en el equipo, un tipo que nunca ha jugado ni bolas. Entonces aquel presidente del organismo dijo que, si en Cuba se cambiaban ministros y jefes, el cambiaba a Samuels. Así fue como quedé fuera”, cuenta.

Aquella salida de la Selección Nacional marcó la primera experiencia de nuestro entrevistado como DT en el extranjero. Su periplo por Europa le hizo crecer como coach y pudo continuar engrandeciendo su nombre mundialmente, conocido ya por aquel entonces. Eso sí, en el tiempo que estuvo dentro de la selección dejó huella con su obra y también en los voleibolistas. Sobre su persona, el histórico jugador cubano Ihosvany Hernández nos expresó:

“Para mí fue como un padre. Me dio la oportunidad de entrar al equipo nacional, de ser un jugador de nivel mundial. Me enseñó el respeto y la disciplina en los entrenamientos y a los fanáticos amantes del voleibol mundial. Tengo muy buenas cosas de ese hombre a pesar de su carácter y sus cosas. Después de tantos años entendí que lo único que hizo fue hacernos más fuerte a todos los atletas que entrenó, como hombres, jugadores y personas”.

Al terminar de leerle estas palabras, el orgullo de haber dejado un buen recuerdo en un jugador se le dibujó en su rostro. En respuesta a esas palabras, Orlando Samuels nos comentó:

“Siempre con esos muchachos hacía un trabajo político e ideológico, pero sobre todo social. Les decía, tienen que pensar su futuro, porque no siempre serán voleibolistas. Tienen que saber de disciplina, porque sin eso no hay nada en la vida. Siempre intentaba predicar con el ejemplo. En años nunca llegué tarde a un entrenamiento y esperaba de ellos lo mismo. Esto les iba a servir por si un día llegaran a ser profesionales.

“Con ellos me reencontré con los años en Italia. Todos se portaron muy bien conmigo y uno de ellos me dijo esto mismo que Ihosvany: ‘Cuando salí de Cuba entendí porque Samuels era así’. Sé que tengo mi carácter y mis cosas, como todo el mundo, pero mira. En un equipo de voleibol hay 16 muchachos de diferente carácter. Para un entrenador lo ideal sería que todos los jugadores fueran como Ihosvany, como Despaigne, como Freddy Brooks, pero no todos son así. Hay atletas incluso que se vuelven líderes negativos y esos son los peores. Hay otros que, simplemente, tienen problemas de carácter y son rescatables. Uno tiene que ir lidiando con ellos hasta un límite. Por supuesto, en esos límites uno se equivoca”, afirma.

Las decisiones de Orlando Samuels

A veces, la vida nos pone en situaciones límites y, como todo ser humano, en ocasiones no tomamos la decisión correcta. Es difícil para cualquier persona en este mundo decir que nunca se ha equivocado.

“Lo que expliqué anteriormente me ha pasado y he tomado también malas decisiones. A lo mejor no me pasó con un solo atleta y lo reconozco, que también me equivoqué. Uno a veces en estas situaciones busca oír criterios de quienes te acompañan en tu colectivo técnico. Te dejas influenciar por la opinión del segundo entrenador, pero en un final, la mala decisión es mía porque fui quien la tomé y asumo mi responsabilidad con ello”.

“Yo no soy quién para juzgar si esas opiniones que el segundo entrenador me daba eran en base a problemas personales que tenía con los jugadores u otra cosa. En varias ocasiones cedí y en otras limité ese tipo de acciones como, por ejemplo, con Osmany Camejo. Le abrió un fuego a Camejo, a quien en un final defendí. Gracias a él se salvó el mundial de 2011″.

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Hansel Leyva Orlando Samuels, entrenador del voleibol cubano. Foto: Hansel Leyva

Inevitable fue preguntarle sobre dos casos puntuales y por demás mediáticos: las salidas de Yoandy Leal y Fernando Hernández de la Selección Nacional, las cuales se debieron a Orlando Samuels, según han declarado ambos jugadores en disímiles entrevistas.

“Con Leal sé que me equivoqué. Lo que pasa es que todo fue muy complicado. En un colectivo técnico debe haber compensaciones: si a un muchacho le abro fuego, el segundo debe ir por detrás y pasarle la mano y viceversa. Con Leal hubo una situación que la verdad no la manejé de la mejor manera. Pienso que, aunque tuviera la razón en mis argumentos, me equivoqué, podía haberlo salvado. Porque a Leal el equipo lo necesitaba y yo lo necesitaba también, porque es un jugadorazo”, afirma.

Sobre qué haría en alguna ocasión si se diera la oportunidad de reencontrarse frente a frente con Leal, responde sin dudar y asintiendo con la cabeza lentamente: “Si Leal me acepta mis disculpas, se las doy sinceramente. No tengo ningún problema con eso”.

En el caso de Fernando, la opinión de nuestro entrevistado es completamente distinta. Como sabemos que todo tiene un porqué, sus razones Samuels las describió ampliamente. Para aterrizar en el problema hubo que hacer una parada obligada en el Preolímpico rumbo a Londres 2012.

“En el 2012 me faltaba Robertlandy Simón, me faltaba Raidel Hierrezuelo, me faltaba Yoandy Leal. Solamente teníamos a Wilfredo León, Henry Bell, Isbel Hernández, Osmany Camejo, Danger Quintana, Rolando Cepeda, Yoandry Díaz y Fernando Hernández. Veníamos de una etapa de la Liga Mundial en la cual le habíamos ganado a Rusia, a Japón y habíamos perdido con Serbia. Llegamos a Alemania y Fernando no estaba entrenando bien y yo le decía que se pusiera para las cosas y él me contestaba que cuando había que jugar, él jugaba.

“En dos sets contra Alemania, Fernando me hizo un solo punto. Lo cambio y meto a Cepeda que me jugó un partidazo. En el quinto set tuvimos 5 veces la oportunidad de ganar y no se daba. Primero Henry remata y cantan una bola afuera; luego Isbel se equivoca en un bloqueo, yo llorando en el banco. Lo teníamos todo ahí”, cuenta.

Orlando Samuels hace una breve pausa para contener las lágrimas que brotan de sus ojos ante la impotencia de no poder haber hecho más con lo ocurrido aquel día. Unos segundos más tarde, toma una bocanada de aire y continúa su relato.

“Aquello me dolió en el alma, pero teníamos que seguir en la Liga, así que nos fuimos para Dominicana”, expresó, para continuar tras una breve pausa.

“Con Fernando no me equivoqué. A mí no me dolió tanto el error de Isbel Mesa en ese preolímpico como el de Fernando. Él perdió su titularidad en la selección con Cepeda porque ese jugó su Liga Mundial. La medalla de bronce que hay ahí de esa Liga, pues esa la ganaron Cepeda, León, Henry, Danger, Isbel, un equipo prácticamente juvenil donde los caballos eran Cepeda y León.

“En Dominicana, tras el preolímpico, Fernando sabía que no iba a jugar y no entrenaba. Yo lo iba a usar de cambio para el servicio porque tiene un saque brutal. Todos los NORCECA que gané, muchos fueron gracias a Fernando. Ese muchacho coge la Molten y la hace llorar.

“En un partido meto a Fernando a sacar y el primer saque es por la cabeza al árbitro. La segunda bola pica en casa del ‘carajo’ y el siguiente lo propio. Luego me dice Keibel Gutiérrez: ‘no lo pongas más, que lo está haciendo a propósito’. Terminándose la Serie en Dominicana llamo a una reunión a Idalberto, León y no recuerdo quién más y les comunico a todos la intención de sacar a Fernando y estuvieron de acuerdo. Llamo a Cuba y digo que Fernando iba para Cuba y Lázaro Fundora para Rusia. Antes de salir para Cuba dejé claro que cuando llegara tenía que incorporarse a los entrenamientos con un trabajo específico y él llegó y no se presentó.

“Al llegar tengo una reunión con Fernando, el comisionado y el padre de Fernando. El padre de él expone sus puntos de vista y al final dice: ‘o mi hijo o Samuels’. El comisionado le expresa que eso no era así y que iba a ser sancionado por no presentarse a los entrenamientos y que yo no me iba. Así fue como el decidió irse”, finaliza.

Hay dos jugadores que marcaron esa última generación que Samuels dirigió: Wilfredo León y Robertlandy Simón. Al preguntarle por estas estrellas se llenó de elogios.

Simón es un ganador. Él gana o empata, nunca pierde. Si jugábamos baloncesto, competía al máximo y con el fútbol, lo mismo. Era un líder natural. Si hacíamos dos equipos para jugar entre nosotros, le daba el más malo y los hacía ganar. Es un ejemplo a seguir como jugador”, comenta.

“León es un fenómeno y desde que lo vi en el equipo juvenil sabía que iba a ser una estrella. Con 14 años debutó en la Liga Mundial y dejó a todo el mundo loco. Ese muchacho es incomparable. Lamentablemente, se perdió por cosas que nunca voy a comprender. Simplemente, porque no quisieron darle un carro que pidió. Tenía unas leyes y una sabiduría a su corta edad muy altas. Ese niño hizo una carta de baja que aún conservo y te quedas frío con todos los argumentos que puso para solicitar su salida del equipo nacional y como él, varios fueron desatendidos” agrega.

La persona detrás del entrenador

Todos aquellos que lo conocen saben que es un hombre abnegado y entregado a su trabajo. La disciplina siempre fue un pilar fundamental en Orlando Samuels desde su formación. Estudiar y planificar era una rutina que le garantizó ser exitoso.

“Me metía una semana entera en Varadero planificando entrenamientos. Toda mi familia se iba para la playa y yo me quedaba planificando en la habitación. Nosotros siempre estuvimos año tras año compitiendo con los mejores del mundo en nuestro deporte, algo que ni siquiera el béisbol hacía y el trabajo se veía”, cuenta.

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Hansel Leyva Orlando Samuels, entrenador del voleibol cubano. Foto: Hansel Leyva

Desde que se desligó de la Selección Nacional, pocas veces Orlando ha vuelto a dar sus impresiones personales tras lo sucedido en sus años de ausencia. Sobre la causa por la que no está trabajando con la Federación Nacional, también ofreció sus razones.

“Sinceramente, me desligué porque no estaba de acuerdo con la dirección de la Federación Cubana de Voleibol. Pienso así, me fui por eso. Vi cosas que no me gustaban y con las cuales no concordaba. A mí no me gusta estar pidiendo ni rogando y donde no me sienta bien no estoy”, dice.

Luego de su salida, continuó apreciando cosas que, a su entender, aún no comprendía.

“La verdad, hay cosas que no entiendo. Fui un entrenador que puso año tras año al voleibol como mejor deporte colectivo de Cuba y el mejor deportista del año por encima de la pelota. Me sacan, entonces me cambian y mi remplazo coge cuarto lugar en unos Juegos Centroamericanos. Te digo, si cojo cuarto lugar en unos Centroamericanos me asilo en un país y no vuelvo más y el femenino para qué hablar: séptimo lugar en unos Centroamericanos. Con el mayor respeto, pero si termino con ese resultado cojo una soga y me ahorco. Lo peor de todo es que no hay un análisis ni nada”, alega.

“Cómo vamos a perder con equipos que entrenan tres veces a la semana y ni tan siquiera planifican entrenamientos y no es un cuento: lo viví allí cuando estuve fuera. Parece mentira que aquí hay un sistema desde el año 60, estructurado, y que pase esto”, argumenta.

Pero más allá del voleibol, hay un lado familiar poco conocido, aquel del que tanto se enorgullece como uno de sus más grandes triunfos. Hasta el día de hoy, Orlando Samuels ha tenido tres matrimonios e hijos, de los cuales se siente orgulloso.

“La familia ha sido fundamental en vida. Mi primera familia formada con la madre de mis hijos me ayudó mucho. Con la segunda, la verdad no tuve mucha ayuda y con esta última creo que es con la que mejor me he sentido”, contesta con una media sonrisa, mientras mira hacia su esposa, quien se encuentra en la cocina con cara de retarlo, para ver si se atreve a decir lo contrario.

Después de tantos años de agitación, goza de la tranquilidad casera, y quisiera pasar esta última etapa cerca de su familia y de aquellos a quienes ama. Se considera un hombre feliz, que ha alcanzado casi todo lo que se ha propuesto en la vida. Se siente privilegiado por haber sido compañero de equipo y entrenador de grandes hombres en la historia del voleibol mundial.

Para concluir, lo retamos a que nos mencionara a los tres mejores atletas a quienes ha entrenado y el estratega no esquiva la pregunta.

“Será esto un problema porque puedo darte varios, pero como son solo tres, te diré que son Despaigne, Simón y León”,  afirma.

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