Después de ser campeón con Villa Clara en una Serie Nacional y asistir a la Serie del Caribe con Cuba, Irvin del Río sintió que era el momento de intentar una carrera como pelotero profesional y salió de Cuba buscando el sueño de Grandes Ligas.

Tenía 24 años, estaba joven y se lanzaba tras sus aspiraciones de llegar al mejor béisbol del mundo, aunque el complicado mundo de los agentes y representantes, que tanto dificulta muchas veces el ascenso de los beisbolistas antillanos, le puso obstáculos en el camino que entorpecieron su desarrollo.  

Actualmente, Irvin Del Río pasa de los 30 abriles y vive en los Estados Unidos después de haber jugado el béisbol profesional en México y Venezuela, aunque su deseo de jugar Grandes Ligas se vio truncado.

De todas las satisfacciones, sinsabores y vicisitudes por las que ha atravesado desde el comienzo de su carrera deportiva comentó a Play-Off magazine el diestro exserpentinero remediano.     

No quería ser lanzador y al final, pudo ser pelotero, precisamente, por esa posición

Mis comienzos en la pelota ocurrieron cuando era muy niño. Tenía unos seis años cuando me inicié con los entrenadores de Remedios, donde me desarrollé y viví. Íbamos a la escuela, salíamos y cogíamos para los entrenamientos. Era un proceso bastante largo. Había mucho apoyo de los padres. Todo el mundo no terminaba las clases para después practicar. Es una edad en la que queríamos jugar en el barrio a otras cosas, como las bolas, al trompo.

Nunca quise ser lanzador, en realidad, lo que me gustaba era batear y jugar. El entrenamiento del pícher era riguroso. Gracias a Ronny Aguiar, quien fue entrenador de picheo del equipo Villa Clara, que siempre me decía que me dedicara a lanzar, que me ayudaría en esa área y yo le decía que no quería.

Tuve una fractura en la mano izquierda y eso me impedía batear. No pasé por la EIDE, entonces, para entrar a la ESPA, hice unas pruebas y entré como pícher. No era tan jovencito, fue cuando estaba en 12 grado. Era un proceso de adaptación, conviviendo con mucha gente y deportes. Pasaba demasiado trabajo. Terminaba de entrenar y tenía un almuerzo con arroz, mortadela o huevo. No son condiciones de un atleta de alto rendimiento, pues cuando llega a ese desgaste físico uno necesita alimentarse. Las verdades no eran buenas y para nadie es un secreto.

Los implementos deportivos, la mayoría de las veces eran conseguidas por las personas, alguna amistad o familiar de afuera que mandara unos spikes o un guante. Cuando comencé no tenía nada ni familia en el exterior; después, estuvieron unos tíos que me ayudaron, y gente del pueblo que tenían cosas me las prestaban.  

Sin experiencia de escuelas por la pirámide, yo me decía por dentro que, en tres o cuatro años, podía estar en la preselección del Villa Clara porque el equipo estaba muy fuerte. No me vi tan rápido en llegar, fue sorpresivo para mí pues había otros de más tiempo que nunca lograron hacer el grado.

Tuve que pasar el Servicio Militar. Me mandaron para Matanzas a una unidad y aquello fue algo duro. Pensé que se me haría difícil seguir, por estar fuera de la pelota. Pero al otro año jugué la provincial e hice el equipo. Estuve cuatro temporadas con resultados sin mucho protagonismo. Fui campeón nacional en 2013 y también asistí a la Serie del Caribe; además, fui refuerzo de Granma otro año.

No fui privilegiado, no estuve en ninguna escuela anteriormente, picheé poco. Lo que logré fue por mi propio esfuerzo y así Dios quiso. Siempre hay entrenadores que ayudan a mejorar y dan confianza como Yester Lizama, quien corrió mucho y me decía que yo era el mejor. Al final lo logré y otros no pudieron.

¿Cómo sin experiencia en categorías inferiores lograste actuar dentro de las series que jugaste?        

Me apoyaba mucho en mi recta, no tenía mucho rompimiento. Poco a poco fui aprendiendo porque fui del preuniversitario en la calle al equipo Villa Clara. No tenía dominio casi, pero sí una buena recta en las series nacionales en Cuba. Era agresivo en el montículo. Recuerdo que fui puntal en los campeonatos provinciales que ganamos con Remedios. Lanzar a jugadores de Grandes Ligas en la Serie del Caribe y pichear en el Latino era algo grande.

No era una persona que caía bien a los demás, no es que sea pesado ni nada de eso, pero no soy hablador, no doy mucha entrada a la gente. Muchos entrenadores lo veían bien, otros no. En Cuba, si no hablas con ellos, ven que eres el pesado o el creído. Tuve mis problemas con entrenadores por eso mismo, por mi carácter.

¿Por qué decide abandonar Cuba?

No estaban las condiciones, ni en la serie nacional. Se pasa trabajo para jugar pelota en Cuba. Las cosas no eran como se veían. Es de esfuerzo y sacrificio. Mucha gente no llega porque cuando ven como son las cosas dicen: ¡Qué va! ¡Esto no es lo que parecía!

Veía que había mucha gente que firmaba en el profesionalismo y ni habían llegado a series nacionales ni tenían la experiencia que yo tenía, hasta de haber picheado en una Serie del Caribe. Me dije que, si esos lanzaban menos que yo y llegaron, yo también podía.

Cuando intenté salir la primera vez me cogieron y estuve preso en Pinar del Río. Me soltaron y más nunca vi ni sentí comunicación conmigo: nunca me dijeron más nada. Pasaban los meses y jamás me llamaron ni dijeron nada. Por ese tiempo iba a nacer la niña mía y me dije: si no me han dicho nada es que no me lo van a decir y entonces, tenía que irme.    

Hubiera jugado un año más quizás, por el nacimiento de mi hija. Fue algo difícil porque no iba a ver nacer la niña, pero como no me llamaban, no pensé nada más. Creo que con tantas salidas lo hubiera hecho igual. Fue una dicha que no me hayan llamado, para poder irme a jugar profesional. Salí legal de Cuba. No fue en lancha ni nada.

Jugué unos años en México y Venezuela. En esas tierras me fue muy bien. Estuve en varios conjuntos y después fui para los leones de Caracas en Venezuela, que era una liga fuerte.  Crucé a EEUU, hice algunas pruebas. Estaba muy bien, pero a pesar de tener las condiciones, no tenía un agente bueno y no logré dar el salto. Tenía dos opciones: una, quedarme en México jugando todavía o trabajar y vivir en los Estados Unidos.

Tenía visa para entrar a los Estados Unidos a unos entrenamientos o con el equipo. Vine un fin de año a ver a amistades y decidí quedarme con residencia americana y después, si acaso, volver a salir. Me quedé completo porque ya en la pelota iba a jugar unos años más solamente y se me iba a ser difícil entrar después. Nunca más he jugado. Me decepcioné por cosas que pasaron.   

Exlanzador cubano Irvin del Río
Granma Exlanzador cubano Irvin del Río

¿Por qué fue esa decepción?

No voy a llegar al extremo de decir qué personas incidieron en eso, pues fue hace muchos años. Éramos treinta y pico de hombres, unos más jóvenes que otros y nos quedamos en los dougout como se dice.  

No es un proceso fácil. Muchos lo han vivido. Jugadores con mucho talento no han podido llegar. Creo que para la firma con un equipo de Grandes Ligas el talento es un 40 por ciento y lo demás es el agente y su comportamiento, sus relaciones y mucha suerte. Hay muchos problemas de los jugadores cubanos y los agentes que te representan. Muchas veces no son buenos y quieren ganar demasiado dinero sin hacer nada prácticamente.    

Siempre hay engaño, ningún jugador cubano puede decir que no hay engaño. Con los mismos Grandes Ligas, con Leonys Martín, Pito Abreu. Hasta el año pasado estuvieron en la corte porque siempre hubo engaños. Te dicen una cosa y después es otra. Te ofrecen un dinero y el agente no lo quiere porque es poco y quiere coger más. Cuando pasa la etapa no te ofrecen más nada y te sueltan para la calle. Siempre existen esas mentiras.   

No tuve mucha suerte porque estuve con el mismo representante que tenían Yordanis Linares y Alexei Bell. Entre nosotros tres podíamos haber firmado y ninguno de los tres firmamos. Teníamos buena calidad y con experiencia, sobre todo Bell. Querían observarlo y no terminó firmando. No tuvimos mucha suerte o los agentes no estuvieron de acuerdo con la cifra de dinero y al final ninguno terminamos con organización de Grandes Ligas.  

Me sentí estafado por el agente, no por el béisbol. Después pude jugar con otros equipos. Muchos pasamos por esa dura etapa y nos sentimos bastante estafados con ciertos agentes. No todos son así, pero muchos sí lo son.   

Tras haber jugado series nacionales en Cuba y haber probado el profesionalismo en ligas del área. ¿Qué valoración tiene de cada béisbol?

El béisbol profesional es diferente al de Cuba. En el profesional no dependes de la gente, ellos te pagan, cumples con los entrenamientos y con jugar bien. No dependes de que te lleven en una guagua ni que te recojan, ni que la comida no está hecha. Todo depende de ti: entrenar con disciplina, jugar y listo, te pagan.

Si se es extranjero como yo, te ubican en un hotel si deseaba, o rentaban una casa si tienes a la familia, pero es totalmente diferente. Dependes de ti y las cosas para poder moverte y hacer lo que quieras.

Me sentía un poco solo porque no salí con nadie de mi familia en ningún momento porque toda mi familia está en Cuba. De momento, me he sentido solo al terminar un juego y llegaba al hotel sin nadie con quien hablar, pero en otros instantes no, porque me centraba en los juegos y en movimientos.

He estado solo en los países en que he estado, y cuando tenía 23 años, muchas veces me veía medio asustado. No sabía cómo moverme a los lugares. Por lo demás, era jugar béisbol con más calidad. Las condiciones con los terrenos de pelota y el nivel son superiores. Si llegas tarde te multan o te sacan del equipo.  

¿Por ser poco comunicativo le chocó en su nueva vida fuera de su país?  

No, porque en el béisbol profesional o la liga invernal donde jugué no había esa comunicación verbal, las cosas están escritas día a día en un papel en la pared. Yo iba y sabía lo que tenía que hacer. Todo el mundo sabe lo que le toca. Cada persona llega, se reúne, entrena, termina y se va.

Cuando llegué a los EE. UU. vine a casa de la familia de los niños míos. Después, yo me fui solo para mi casa a hacer la vida que hacen las personas aquí: trabajo, casa. Realmente, no he pensado en volver a jugar. Yo lo hice pensando en que no iba a jugar más y que iba a ser trabajador. 

Una vez me hablaron desde Cuba, me dijeron qué haría si dejaban jugar allá a los que estamos aquí. Dejé claro que no tengo interés ni disposición de jugar en ningún lugar. Lo dejé y no creo que vuelva al béisbol.

¿Cuán desventajoso es estar solo y alejado de sus seres queridos?  

Ahora uno está más cerca porque en Cuba hay internet y puedes hablar con la familia todos los días. De cierta manera, ellos están allá y yo aquí. Si Dios quiere algún día nos reuniremos aquí. He ido a visitarlos allá. No tengo problemas para entrar a Cuba, solo al principio por un error de emigración: al año siguiente, ya entré. Cuando puedo visito a mis hijos, mis padres, mi hermano, mis tíos y toda la familia.     

Yo trabajando aquí vivo mejor que jugando en la Serie Nacional de Cuba, eso no tiene comparación. No me imagino jugando la serie allá pasando mil trabajos con los tres niños que tengo, sin un salario, sin nada. Creo que estaría pasando bastante trabajo.

Mi pensamiento futuro es tratar de tener a mi familia de este lado aquí conmigo y seguir echando para alante. Cada cual tiene su meta y sabe a dónde quiere llegar.

¿Qué le parece el futuro de los peloteros cubanos?

Es bueno que jueguen en otras ligas porque tienen otras posibilidades y opciones para mejorar su vida económicamente. Está muy bien jugar y todo, pero se necesita tener cierta comodidad. No es fácil jugar y jugar y demostrar y nada. A muchos les pasa que la casa está en malas condiciones, llegas de otro lado y no hay corriente, otros no tienen bien el baño, no tienen agua.

Tienen que seguir jugando para ver si salen a México, Panamá, Italia y pueden arreglar su casa, su vida, sus cosas. La gente empieza a pensar en su futuro. Hay grandes beisbolistas retirados que lo han manifestado: ya no juegan pelota y nadie se acuerda de ellos. Si de esos que fueron estrellas nadie se acuerda de ellos, ¿qué van a esperar para los que no fueron figuras?

Si yo fuera más joven volvería a jugar pelota para lograrlo si viviera en Cuba. Yo hubiera salido de Cuba igual, no veo futuro para mejorar la vida económicamente. Si estuviera jugando lo haría fuera o hubiera intentado irme.

Nosotros, los que no estamos en Cuba, seguimos al equipo y queremos que ganen en los torneos. Va a ser un poco difícil que sea igual que antes, al menos que se haga un equipo unificado donde jueguen los de aquí también como hacen otros países. Es la única forma que ahora mismo pudiera existir para ganar algún evento internacional: de otra forma, no veo a Cuba ganando nada, en muchos años.  

¿Qué buenos recuerdos le dejó el béisbol cubano?

Lo que más se lleva uno es que jugué con jugadores que fueron leyenda en Cuba y otros que ahora mismo hacen historia en los Estados Unidos. Estos son los casos de Ariel Pestano, Ismael Borrero, en Villa Clara, y en la serie del Caribe con Yulieski Gurriel.

Las únicas veces que se me salieron las lágrimas por emoción fue cuando quedamos campeones con Remedios en la provincial por primera vez en la historia. Lancé, lo viví. Es el pueblo de uno, había muchas personas que me veían con mucha presión porque todo tenía que salir bien. Cuando ganamos con Villa Clara me sentí bien, pero como no participé en el juego lo vi desde otro punto de vista porque no lo viví directamente.

Agradecerle a la gente de mi pueblo y a los entrenadores Yester Lizama, a Monguin, Api, Carpito, Ronny Aguiar, Humberto Guevara, Ramón Moré, Andry, Jorgito Lamas: todos amigos míos que siempre me apoyaron y todavía me escriben y me saludan.

También, a mi mama y papá que siempre han estado conmigo y aún lo están. Les agradezco haber llegado a ser pelotero. Recuerdo que mi padre me seguía a todos lados cuando picheaba. Siempre estaba ahí en el juego que fuera y el nivel que fuera

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