Regla Hernández fue una estrella que formó parte del conjunto que en el Mundial de Malasia 1990 logró la mejor actuación histórica de un equipo femenino cubano de baloncesto, una inolvidable medalla de bronce.

En aquel evento, además, fue elegida al Todos Estrellas por su destacada actuación. También integró el seleccionado que finalizó en el cuarto lugar de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Nació el 27 de abril de 1968 y se crio en un reparto de la Reforma Urbana en Pedro Betancourt, Matanzas. Habla mucho de su infancia feliz a pesar del control extremo de su padre, quien mantenía a sus hijos en una “burbuja” para alejarlos de las malas influencias.

Sin embargo, eso no consiguió evitar que sus hermanas mayores, escondidas, empezaran a practicar baloncesto. Ella no necesitó más que ver un entrenamiento para saber que el mejor lugar para estar sería esa cancha de cemento limitada por dos aros en sus extremos.

Play-Off Tv conversa hoy con Regla Hernández, una gloria del baloncesto cubano.

¿Cómo fue el apoyo familiar en sus inicios?

Tengo una familia que es muy seguidora del deporte en general. Mis hermanas fueron precursoras, empezaron a jugar baloncesto. Había muchas dificultades, claro, porque en el aquel momento no era como ahora, de practicar deporte así. En lo deportivo, había muchos padres que todavía no entendían el significado de esos complejos voluntarios deportivos y costaba mucho trabajo convencerlos.

Entre esos, estaba mi padre, una persona muy cerrada en ese tiempo, y fueron ellas las que abrieron el camino y después yo me pude incorporar a la práctica deportiva desde muy temprana edad.

¿Cómo logró convencerlo de que la dejara practicar deporte?

El problema era, sobre todos por los entornos psicosociales del pueblo donde yo nací. Mis hermanas empezaron, primero escondidas, y una vez mi padre lo descubrió, estuvieron un tiempo en la casa, pero tenía a mi hermana mayor que se llama Lidia, que le decía a mi hermana decía Leticia, no sé tú, pero yo voy a seguir. Así ocurrió hasta que un día, el que fue mi primer entrenador, Ismael García, habló con mi padre.

Él como que se convenció un poco, pero con la condición de que tenía que ir a las prácticas. Él aceptó cuando yo empecé en la práctica, no se opuso, incluso, yo no empecé en baloncesto, yo empecé en voleibol cuando hicieron las captaciones porque mi primo, ya fallecido, Ernesto Martínez, era muy querido en la familia y todo el mundo quería seguir esa trayectoria.

En el caso mío, él no iba a las prácticas. Ya cuando yo crecí me di cuenta de por qué no iba a las prácticas. No es el caso de mis hermanas que son más calmadas, pero yo no. Yo me fajaba todos los días, iba nada más a los eventos, pero a las prácticas no.

¿A qué edad llega al baloncesto Regla Hernández?

Me empezó a gustar desde que estaban mis hermanas, yo tendría 4 o 5 años, y desde que ellas me llevaban al área ya sentía el sonido, claro, no es la práctica deportiva de ahora. Es que en las áreas deportivas había muchos balones, había grupos de niñas y niños, quizás 20 hembras, 20 varones, y cada uno tenía dos balones, y tú sentías desde afuera ese sonido, ese pique del balón, y eso te motivaba, y querías estar con los varones, con la pelota, en ese colorido.

Desde que llegaba, me ponía también en una esquinita, claro no sabía, y el entrenador decía esa va a hacer buena y mis hermanas se reían y decían si eso es un desastre, eso no se concentra con nada, no va a llegar nunca a nada. Y entonces con el tiempo sí.

Yo no tenía las condiciones físicas para empezar el deporte porque tenía una deformidad en el metatarso y tenía que pasar por procesos de operación y aparatos.

¿Cuántos años estuvo en ese proceso?

Hasta los 8 años. Yo intentaba practicar, pero era peor el remedio que la enfermedad porque tenía que estar en silla de ruedas.

¿Cómo se explica una niña que no puede hacer lo que le gusta?

Mis padres en ese sentido, yo les agradezco y yo digo que hoy soy lo que soy por ellos porque ellos nunca me pusieron un límite. ¿Quieres jugar? ¿Quieres al parque a jugar con tus hermanas a correr? Pero cuando empezaba a correr todas las piernas, no había un equilibrio todavía, mi columna no era muy fuerte porque eso me hacía estar inclinada hacia delante y cuando yo subía era con las piernas, pero bueno, ellos no me ponían el límite y ese es el carácter con el que yo crecí, no hay nada difícil, me caigo, me vuelvo a levantar y así.

A los 8 años tuve un proceso bastante complicado y mis padres se determinó que tenían que operarme, entonces, hicieron todas las cosas pertinentes para operarme en el centro médico de Matanzas con la doctora Álvarez Nuñez, que me atendió desde el principio porque mi caso era ya un caso priorizado desde la oficina del Consejo de Estado porque ya se demoraba mucho en el tiempo, entonces, a través de Celia Sánchez, quien era quien atendía esas cosas, ya nos llegó toda la orientación con la doctora Álvarez Nuñez que fue la que me atendió ahí.

Eso fue en tercer grado, y ya en cuarto grado estaba jugando mis primeros Juegos Escolares sin estar en la EIDE.

¿Cuánto hay de cierto que cuando perdía o no le salían bien las cosas se iba a la línea del tren a tirar piedras?

Siempre he sido muy competitiva y eso de perder yo lo hallaba muy mal en todos los sentidos y cada vez que perdía y casi siempre perdía, ahora yo soy profesora y entiendo muchas cosas desde la parte psicológica, y deportiva también, siempre me ponían en equipos muy malos.

Si eres quinteto, ahí nunca participaba ninguna niña de las que más aventajadas, siempre me ponían, y entonces tenía que esforzarme el doble y decía tanto que me esfuerzo, pero siempre, casi siempre pierdo y para mí perder era. Y lo llevaba muy mal.

Y si me ponían en un trío, las dos jugadoras las menos aventajadas y yo hablaba con mi papá y le decía papá “ve a hablar con mi entrenador” y mi papá me decía “yo no me meto en eso”. Yo no sé si hablaba o no, yo me imagino que sí, pero me decía “tú no querías practicar baloncesto ve a la práctica” y todos los días eso era un infierno cada vez que perdía.

Claro hay una disciplina en el equipo y no podías esa cosa que tienes dentro para poder desahogarme en la entrada del centro deportivo de Pedro Betancourt, hay una línea que tiene las piedras de gravilla y yo me desahogaba tirando piedras y a veces me regañaban y no tires piedras, pues piedras contigo también. Mi papá me llamaba la atención y ahí venía el castigo.

¿Te ponían en esos equipos porque eras todavía de estatura baja para la categoría o la edad?

Sí, siempre fui de estatura baja para el deporte. En el momento que yo di el estirón pasó mucho tiempo. En el Cerro Pelado no llegaba a 1: 68 y siempre tuve esa característica lo que pasa es que tenía muchas habilidades para suplir el tamaño: tenía saltabilidad, manejaba muy bien el balón porque yo aprendí bien en Pedro Betancourt.

Las EIDES son escuelas de iniciación, pero cuando yo llegué ya dominaba y llegué con todo lo que tenía que aprender porque en la base tuve buenos entrenadores. Ahí todas las habilidades habidas y por haber las aprendí ahí. ¿Qué me faltaba? El perfeccionamiento luego más tarde, desarrollar mi cuerpo porque era muy delgada, pequeñita, pero ahí en Pedro Betancourt aprendí de todo.

Yo destacaba ya estando en la base iba a competencias con equipos escolares, pero no tenía la edad suficiente para estar en la EIDE.

En la EIDE estuvo en el Complejo Kawama, ¿por qué fue esa época tan bonita para Regla Hernández?

Siempre cuando se habla de las becas no se tiene buen criterio. El criterio que se tiene es el de los amigos, normalmente, mucha gente se pone muy triste porque va a estar lejos de los padres y cuando aquello era la escuela al campo y tenías que trabajar. Pero cuando yo entré en la escuela, para mí, tenía una idea, la beca, el Kawama, sabías que salías todos los fines de semana, nunca me había separado de mis padres y con todos mis problemas nunca fui una niña que mis padres mimaran, somos seis hermanos, igual para todos repartido, y pensé, el terror.

Cuando llegué a la escuela, la añoranza, la primera vez que yo vi aquella escuela yo dije no, no puede ser verdad es que era como un sueño, era como un estímulo tan grande estar ahí porque era paisajes, toda la Isla, es como un islote, la alimentación, la recreación, las bocinas por la mañana en las casas para dar el de pie, las auxiliares, era como un complejo, era como irte a un hotel, lo que tenías que entrenar.

¿Cuánto se ha perdido en Cuba por la ausencia de esa infraestructura que apoye a la masividad?

Entré a la EIDE con 10 años. La infraestructura de abajo es fundamental porque yo venía con 10 años, pero a nivel de base, lo que le dicen en el caso del baloncesto, el mini baloncesto, iniciación, ya teníamos torneos, en mi pueblo se hacían torneos todos los años. Ahí teníamos un central y la casona era hospedaje para niños de otros municipios y todos los fines de semana había competencia y sino jugamos ahí, yo iba a Unión de Reyes, Jovellanos, que están en los alrededores.

Ya desde que tú empiezas la base, ya tienes que representar algo y yo representaba al equipo de Pedro Betancourt y era un nombre muy grande, y nos ponían PB, y ya tú estás identificando algo, una localidad, tu familia que va a verte a jugar.

Ya cuando llegas a la EIDE, avanzas un nivel superior y ya representas tu provincia. Pero es que a veces llegas a la EIDE sin representar nada con un campeonato porque cumples y entras a la EIDE, pero no tienes ese seguimiento, ese desarrollo.

Tú en la base te tienes que desarrollar, eso se ha perdido.

Luego, sucede que, al no tener todas las condiciones, y los niños dicen estoy pasando trabajo y como que se alejan, ¿no?

Y también los padres. Pero yo también entiendo a los padres porque mis padres tenían una tranquilidad de que nosotros, mis hermanas estaban becadas que no les querían dar el permiso, al final, mi padre accedió porque fueron a la escuela, y vista hace fe. Y cómo es esto, qué va a hacer aquí.

A mi padre no le importaba el deporte, él nos aplaudía, se ponía que le iba a dar un infarto, pero lo de él es el estudio. Ah estudian, cómo es el sistema de estudio, siempre preguntaba esas cosas, estaban pendientes, mi madre que era maestra, entonces, peor.

Cada vez que preguntaban, no tengo problemas porque van a estar estudiando, van a estar desarrollándose como atletas, socializar, etc, pero es un engranaje, un conjunto, que cuando tienes una escuela con una infraestructura. Luego, ellos participaban, mi padre era, cuando aquello se llamaba…había algo en los municipios, por ejemplo, las madres se ocupaban de una cosa, iban a trabajar, hacían apoyo, por ejemplo, hace falta que las madres combatientes de Pedro Betancourt el miércoles estén para limpiar la piscina, o sea, estaban dentro del proceso.

Mi padre era como el presidente de la Asociación de Padres de la EIDE, siempre teníamos un control sobre nuestros padres, ellos controlaban el proceso, ya no suele ser así.

Ahora ya ni tú te enteras, es cuando te mandan a buscar, hay muchos padres que, yo haría lo mismo, no entiendo, no soy parte del proceso, no me identifico, no apoyo a mi hijo para esto.

Regla Hernández
Hansel Leyva Foto: Hansel Leyva

Y ese apoyo cercano que tenía su padre, se rompe en cuanto a distancia, cuando tiene que venir a la ESPA, ¿cómo convenció a su papá para que la dejara venir?

Yo mientras estuve en la EIDE no hubo problemas, ya te digo cómo era el sistema, porque es el entorno familiar ese porque la familia en ese entorno psicopedagogía que si no es la familia la que te apoya, es muy difícil.

Cuando vengo para La Habana, da la casualidad que mis hermanas, van también al pedagógico Juan Marinello en Matanzas y mi padre decía, tú sola para La Habana. Yo tenía en el año 80, 12 años, y mi padre me decía para La Habana. Mi madre siempre ha apoyado al 100 por cien el avance nuestro como diciendo yo me creía aquí, pero ustedes pueden, siempre nos apoyó al 100 por ciento. Y él decía no y no hay discusión, a La Habana, Regla todavía no llega, cuando ella crezca que tenga un poquito de noción de lo que es la vida porque tú no te puedes separar así de tus padres.

Yo estaba muy afligida con el corazón apretado porque yo, a ver, en los Juegos Escolares ya yo veía a las muchachas que estaban en La Habana, estaba entre otras Rebeca Cárdenas, y ya yo veía a las muchachas de mi pueblo y era la ansiedad esa de yo quiero también, ya soy grande, y entonces, mi padre que no y la matricula fueron los entrenadores, el comisionado dijo que había que definir que ya se le va a vencer el plazo para La Habana y ya el último día, mi padre se convenció y cuando me dijo que sí, llamé a una amiga que iba casi todos los días, era de Pedroso, y me decía todavía no te han dado el permiso,entonces le dije si sí, ella esperó hasta el último momento también para ver. Ya sino te lo dan, el último día de matrícula llegué a La Habana.

Llegar a La Habana en un contexto distinto teniendo que depender de usted, cómo fue ese momento y a nivel deportivo cómo fue ese recibimiento

Llegué a una escuela también muy bien estructurada, yo sueño conque algún día se pueda hacer. Llego a la ESPA Giraldo Córdoba Cardí, la estructura que tenía el baloncesto era muy buena porque había un plan gigante, el equipo juvenil por lo general tenía dos equipos, el equipo A y el B, que ese equipo B se nutría de ese plan especial. Para mí ese plan, yo no sé cuántas personas había ahí de todas las categorías, de todas las edades, yo era de las más pequeñas, pero normalmente te encontrabas muchachas de 14 , 15, 16 años, incluso, 18 que no había escalado.

Cuando llegué dije, ay cuántas personas, había un albergue muy largo que le decían la barraca que era lleno de literas y literas, y entonces, ya nos explican, quién va a ser el entrenador, ahí los equipos eran por escala A, B, C, D, E, cuando entras, entras por el último, mira todo lo que hay que hacer para llegar.

Yo decía me voy para la ESPA, claro, ahora tú vas para la ESPA y ya estás en la selección juvenil. Yo me alegro porque era muy competitiva, ese proceso de selección, cuando ya llegabas a un equipo juvenil era que ya estaba comprobado que tú eras un talento, pero ya no tenemos las condiciones y atenta contra el deporte también, entonces tenías que escalar y el grupito de reconocimiento era habilidades, pero cuando empecé, lo hice con la profesora Mireya, era de Camagüey, estaba Nelson Delgado, que era el responsable, profesor de Villa Clara. Un grupo de muchachas que yo no me enfrentaría hoy a un grupo de esos, es bastante complicado.

El segundo grupo ibas escalando, del plan especial, un grupo de muchachas matanceras, todavía muy menuditas, me llamaban mucho la atención, porque hacía cosas que no tenía que hacer en el juego porque como soy tan competitiva, pues yo quería ser siempre buena y mejor y no quería reconocer que no tenía el tiempo, quizás la calidad deportiva sí, pero es difícil el físico, porque hay que tener para enfrentar a un equipo de baloncesto, y hubo un tiempo que me apegué un poquito porque cuando llegas a los equipos tienes que tener un referente mucho mejor que te obligue a superarte a ti misma.

Cuando llegué al primer equipo, llegué en una zona de confort, dije ya estoy aquí, y con 12 años o 13 tú no puedes pasar al equipo juvenil, pero no entró el profesor Roberto Santiesteban, ya retirado, y él me miraba yo venía con muchas ganas, recién retirado del equipo nacional de baloncesto de Cuba y le admiramos mucho, muy cariñoso, muy carismático, y me dijo: “prepárate que a partir de mañana vamos a empezar a entrenar”. Yo le decía yo no puedo, él me decía, tú si puedes.

Te incentivaba a hacer cosas que estaban por encima de nivel, posiblemente del nivel de una atleta juvenil.

¿Cómo fue cuando llega Regla Hernández al equipo nacional?

Todos los cambios llevan una adaptación, en el caso mío, yo nunca me adapté. Empezando desde abajo, cuando llega juvenil pasa lo mismo, responsabilidades, dependes de resultados, dependes de una estrategia de equipo.

Cuando llegué ese año, fue bastante complicado. Yo tengo mi forma de ser, quizás muy diferente a las demás, que me entendieron en el equipo juvenil de cierta manera, ella se concentra dentro de su actividad deportiva, fuera, se relaja y eso forma parte de su personalidad. No puedo estar correteando dentro y fuera de un terreno porque me gusta el baloncesto, pero mi vida por lo general, es tranquila. Me gusta sentarme en un parque, y compartir y conversar y eso no me lo puede quitar nadie y muchas veces no se entendía.

Aunque desde niña tengo esa sangre de ganar, no soy de estar buscando problemas, cuando llegué al equipo nacional, llegué en un contexto en el que todavía no entiendes qué representa estar ahí y en eso me ayudó muchísimo Bárbara Becquer que fue de las atletas que más admiré.

Me acuerdo que hubo un mini Preolímpico y cuando terminó, jugamos muy bien, y recuerdo que Manuel Pérez nos felicitó. Para llegar a un equipo nacional no llegas porque eres alta y mides 1.80, en el caso mío, fue difícil porque yo no tenía ni el tamaño ni la talla, tú no tienes el perfil, y sin embargo, uno se impone.

Al principio me chocó muchísimo que teníamos un entrenador, era bueno porque sabía mucho de baloncesto, era muy no es era exigencia, la manera de él era muy inestable su forma de comunicar. Yo nunca me desequilibré que normalmente era eso lo que pasaba, y ese estímulo no me llegaba. No entendía que esa era la manera de que ese estímulo me llegara.

Al principio tuve algunos problemas y cogí mi mochila, y me iba del entrenamiento porque yo no vine aquí para esto. Ese era mi pensamiento y filosofía, ya luego mi entrenador, Noel Pérez, hablaba conmigo, me decía Regla tienes que hacer esto o lo otro. Yo le decía, profe todo lo que usted me hace, me exige, y este tiempo no sirvió, y yo lo entiendo perfectamente, y lo hago, pero es la manera de llegar.

Mis padres, jamás y nunca me gritaron, mis entrenadores de la base tampoco, Chávez carácter fuerte con la disciplina, pero muy cuidadoso a la hora de llamar la atención, muy respetuoso. Entonces, ¿cómo yo voy a llegar al equipo nacional? No y mis compañeras, no que me lo echaran a mal, sino que me decían, Regla trata de poner de tu parte y les decía a qué, a ponerme a llorar, nervioso, con miedo. En mi casa no me educaron a tener miedo, a decir lo que siento y no estoy de acuerdo con la manera en la que usted me está tratando.

El primer año estaba bien, pero no tenía presión, a no ser esos regaños, a mí nunca me molestó, salía del entrenamiento o no hacía caso, o me quedaba sin contestar. Estuve un primer año que decía, qué felicidad, era que como un año de adaptación. Yo jugaba posición 1 era lo que tocaba, yo tuve un año, y ya viajaba, y así estaba Matilde, Lourdes, Valmaseda, ya yo estaba en el equipo.

Pero al otro año, me dice Manuel Pérez, empezamos la preparación para el año posterior y me dice estamos haciendo los grupos. Cada grupo tenía su entrenador y yo estoy con las bases, tú aquí para el delantero. Pero cómo el delantero, si miden 1.80 y tienen otras características, son más corpulentos, es el intermedio entre los bases y los pivot, pero cómo me va a poner aquí.

Yo decía aquí no voy a hacer nada. Y me dijo yo no te voy a regalar el viaje, tienes que hacer equipo, y hablé mucho con mi entrenador Ulises Sardiñas que estaba en la selección ese año, y le dije me voy para mi casa, no voy estar aquí perdiendo el tiempo. Me dijo, él es muy inteligente, confía en él, si él te tiene en esa posición, confía en él, pero qué hago como delantero.

Julio Cartaya fue el que dio en la clave, yo me ponía con furia, porque no podía y un día me dijo. ¿tú sabes lo que a ti te hace falta? Un poquito más de fuerza. Porque a ti no te gusta hacer fuerza, lo hacía, pero en el ejercicio de musculación yo era muy perezosa.

Al gimnasio no le ponía la fuerza, yo no empecé a hacer fuerza hasta que entré con 16. Hacía abdominales, ejercicios con una mancuerna. Entonces cuando Julio me dijo que lo que hacía falta era un poquito de fuerza, dije puede ser eso.

Empecé ahí los ejercicios, y cuando empecé a coger un poquito de fuerza ya, porque esa posición es de mucho contacto físico, sino estás fuerte, estás en el suelo. Eso era por grupos de pesas y terminé en el primer grupo, ya los delanteros se me quedaron ya.

En esa época se empezó a construir como el dream team del baloncesto cubano

Puede haber muchas individualidades, que las había cuando entré al equipo nacional, pero a veces, las individualidades no bastan. Debes tener un equipo que trabaje con el mismo objetivo, tener afinidad, el respeto de una a la otra, el objetivo común. Saber lo que tengo que hacer. Eso no se logra en dos días. En el año 84 se empezó casi con una selección nueva. Terminó un ciclo y empezó un equipo nuevo. No éramos las mejores del mundo, pero estábamos entre las mejores del mundo como equipo.

¿Cómo fue para Regla Hernández no asistir a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988?

Era la conclusión del trabajo de cuatro años, porque se trabaja por ciclos. Estuvimos hasta el último momento con la expectativa de que íbamos, de que ocurriría un milagro. Cuando lo dijeron se creó un silenció en el Cerro Pelado. Para muchas era el último, pero yo que empezaba, lo vi diferente. Si no es este pensé que sería el siguiente. 

Anímicamente sí afecta y la preparación en los Juegos Deportivos es muy fuerte, porque es el trabajo individual, el trabajo de equipo. Nos dieron muchas explicaciones y lo entendimos. Entendías que al final, bueno, la posición nuestra tenía que ser así, porque nosotros respondemos a un sistema que es el que nos forma, y te quedas conformando.

Más entendible y alegre, fue cuando toda esa delegación que se iba a los Juegos Olímpicos le dieron la medalla del honor deportivo, que fue directamente el Comandante que nos puso la medalla, y vez el ambiente de toda la delegación, tuvimos un intercambio muy bueno y se nos quedó esa imagen muy bonita de esa medalla que, al final, no participas, al reconocimiento, no es que esa delegación se quedó en el aire, y continúas trabajando.

Tuve luego una lesión en ese que, si vamos o no, no pudimos parar porque había un compromiso con Estados Unidos que era un campamento de preparación que se iba a hacer y que eran las giras estas muy largas.

Yo estaba lesionada y decía ya yo no voy, voy para mi casa, y cuando veo que hacen la selección y estoy haciendo rehabilitación, y se queda un bolso y me dice el entrenador, Regla, te vas mañana. Y yo le digo tengo un yeso y él le dice al médico, se lo quitas ya.

Era una forma de no excluirte, que es lo que no pasa ahora, tú estabas en el equipo olímpico, formas parte de la preparación.

¿Cómo fue ese final del partido del Torneo FIBA América del 89 antes del Mundial de Malasia?

Brasil tiene un trabajo de equipo muy bueno, pero ganar en Brasil era casi que difícil. Tuvimos muchos enfrentamientos porque no aceptan una derrota ahí. Ya era psicológico, hacían cualquier cosa por no perder: juego sucio con tal de no perder.

Éramos un equipo muy competitivo, y ya el equipo como se dice, se siente aroma Cuba fuerte, Brasil es muy competitivo. Ese torneo lo organizaron muy bien, uno de los mejores torneos en los que he estado.

Estados Unidos ya tenía su respetico, siempre nos respetaron. Cuando ibas a los torneos esos no había medalla para nadie, ni yo que soy la brasileña, ni la canadiense, los cuatro equipos, había que jugar para ganar. No es como ahora, los cuatro partidos tienes que jugar para ganar.

Abrió la copa y muy bien todo y cuando llegó semifinal, nos tocó con Estados Unidos y dijimos qué bien lo hicieron porque en el sorteo algo pasaba que se libraban de Estados Unidos (Brasil) y si ganamos vamos a la final.

Nos hacía ilusión una final de Copa con Brasil y eso fue lo que pasó. Me acuerdo que era 13 de agosto y dijimos, caballero es la motivación esa que es el cumpleaños de Fidel, que le ganamos a Estados Unidos, cansadas porque un partido contra ellas agota porque juegan a lo físico, al desgaste, son muy buenas, pero tienen un físico envidiable.

Decíamos mucha concentración que sí se puede con todo ese agotamiento poco a poco el partido se fue haciendo muy parejo. Y cuando vimos la posibilidad real de que estábamos al mismo nivel en los últimos minutos, te das cuenta que esto ya no hay quien te lo quiete así hagan lo que hagan y así fue.

Última canasta, último tiro, se quedaron con la boca abierta porque no es tanto ganar en títulos sino ganar en Brasil.

Malasia 90, bronce en el Mundial, ¿pensaban que podían un poquito más?

Sí. Con las americanas ganábamos y perdíamos, Brasil, otro equipo incómodo también, las rusas, también. En ese evento, tú decías a quién. Y se apareció un equipo yugoslavo, muy bueno, para mí siempre esos jugadores. Nos hizo un buen partido, mucha tensión ese partido, pegado a 90 puntos, porque era un equipo ofensivo, qué pasa, que era un equipo muy defensivo y nos adaptamos a ese ritmo.

No fue nada del otro mundo y queríamos asegurar tanto la pelota que a veces yo estaba sola y no tiraba a 3, y cosas así, suéltense y pasó así. Y cuando miras las estadísticas, se nos atravesó y hay que reconocer también.

En ese torneo te llevas el premio junto con Leonor al quinteto ideal

Ni me lo creía. El entrenador nos dijo tienen que ir al lobby y dije eso es para mantenernos activas, están entre las mejores jugadoras del mundo. Tienen que ir con una camiseta Cuba y cuando preguntamos, ¿hay alguna actividad? Y cuando nos vimos que era verdad, empezamos a dar gritos. Me hizo mucha ilusión. Es un reconocimiento, las muchachas se lo merecen, es un reconocimiento, que tu trabajo en el equipo es importante, ayuda a ganar campeonatos. En un equipo no hay jugadoras malas ni buenas, es algo que haces que irradia en el colectivo.

En los Panamericanos de La Habana no pudieron ganar la medalla de oro a las brasileñas

Jugaron muy bien. Veo imágenes del juego, se ve el cansancio nuestro contraataque, ellas jugaron muy bien, había una concentración para ese partido muy bueno, ellas con un por ciento de efectividad.

Me alegré muchísimo de que fueran ellas porque era un equipo porque nunca se dejó caer, nunca se derrotaron. Siempre lo dije, cuando les llegué un delantero y llegó. A partir de los Panamericanos ya se veía un equipo de Brasil. Estaban en ese contexto olímpico, y ya ganaron en Atlanta 96, y me alegro porque los vi crecer, son como nosotros, muy humildes, de pueblo, y sí mi equipo va a ser de los mejores del mundo y esa es la mentalidad que era la mentalidad de los equipos de Cuba en aquella época.

Barcelona 92, se alcanzaba la medalla, pero qué paso

Ya no estaba Julio Cartaya, el mecánico del equipo, y que los equipos se preparan, y una estrategia, que se prepara. Fueron muchas cosas, yo no era la DT. Los equipos también se preparan y yo me lesioné ante China y no me pude recuperar como hubiera querido. Al otro día le decía al Gallego como voy a jugar. El gallego me decía tienes que estar ahí, me vio Álvarez Cambras, porque estaba en el terreno Oliva que le gustaba el baloncesto y él me dijo cuando llegamos allá, “para mañana no vas a tener dolor” y de verdad que no tenía tanto dolor, pero no podía ni levantar el brazo.

Me decía para que no puedas jugar tienes que estar ahí, yo más corría, a veces no podía ni pasar, él tenía razón, porque si pongo a otra persona, va a defender a Leonor, va a ayudar a la defensa. Ya eso no lo entendía, ya jugar así con ese dolor y eso fue lo que pasó con Estados Unidos y, aun así, perdimos por pocos puntos.

Pienso que sí, que esa Olimpiada estaba para medalla. Aunque un cuarto, yo estoy muy satisfecha con ese cuarto lugar olímpico porque mi propósito desde que empezamos que estaba en mi pueblo siempre estuve en un equipo muy suave y si logro mejorar ese resultado, pero yo entendía sino pasaba nada, y cuando empecé a viajar con el equipo juvenil, si se coge la medalla, pero tienes que reconocer que no eres tan buena como ese equipo.

Lo bueno es participar, hacerlo bien y reconozcan tu trabajo. En los equipos juveniles siempre lo hicimos así. En el equipo nacional también. Mi entrenador era esa lucha no bajen la cabeza, tú puedes, tienen que ser buenas como tú.

En el 93, ¿qué pasó?

Era casi el equipo, pero era otro contexto. Ya no estaba nuestro entrenador, había otra dirección de equipo. Me había planteado irme de la selección. Tenía 25. Quizás muchas atletas lograron mucho tiempo, pero compitiendo una vez al año, pero en el ritmo que llegué yo en el 84 donde competías todo el año. El campeonato nacional que duraba 4 meses por toda Cuba, cuando vas sumando todo eso, las bases de entrenamiento en China, en Rusia, en México, cuando vas acumulando, te preguntas, cómo el cuerpo aguanta todo eso.

Y ya sentía cierto agotamiento. Cuando hubo el cambio de la directiva no me sentía tan cómoda, y me replanteé varias veces dejarlo. Pero un día me dije me voy a ir cuando yo quiera no cuando las tensiones.

¿Por qué no vas a Ponce?

Estaba en la delegación, pensaba que era posible emigrante.

¿Influyó mucho eso?

No en el equipo, pero en mi carácter sí hasta ahora. Eso que tengo ahora no era así, me tienes que respetar, a partir de ahí, tomé ese carácter sobre eso. Y tienes 25 años y sabes que no hay razón y pides una explicación.

Ya a mí hay que darme una respuesta. Ya cuando reflexioné, no es el no y ya y me dices cuándo nos vemos.

Me alegro de que me haya pasado porque tuve que cambiar muchas aptitudes y decisiones que si pienso que me hubiera pasado y me alegro que hayan pasado cosas adversas como esas, te ayuda a formarte, a tener otro juicio de las personas. Cuando pasó Ponce, venía el Mundial del 94 y no entiendo nada porque si no eres confiable para Ponce, no lo eres para Dinamarca, España.

¿No vas a Atlanta?

No, estaba en la preselección entrenando y estuve hasta el último momento. Pero hubo un momento donde dije no me siento bien, no estoy bien anímicamente, físicamente no porque yo tenía buen físico, me convertí en un monstruo y aparte de que entrenaba yo iba a la competencia y tenía el mismo resultado, máxima anotadora, ganaba, no había problema con eso. Yo estaba en una gira en China, estaba lesionada también.

Tenía una mano que se me puso muy fea y eso me molestó mucho porque hubo una desatención porque tuve una lesión. Y ya yo dije no voy a forzar más las cosas. Recuerdo que cada vez que me hacían una entrevista, se recupera o no se recupera.

Un día Álvarez Cambras me dijo eso lo decides tú, te pueden pasar muchas cosas, te das un golpe, él me vio la mano, mandó a buscar a mi entrenador, a mi médico porque de verdad que se me puso muy fea. Luego en el Frank País de las mejores atenciones y él nos atendía directamente, todo pendiente a todo y decidí que ya.

¿Cómo fue ese momento?

Un día me vi así estoy ya que, estoy muy cansada, ya clínicamente se porque lo estaba. Estaba muy cansada, tenía un agotamiento físico y mental grande y dije al padre de mi hija me parece que no voy a ninguna parte, quiero estar tranquila y descansar, tener mi familia. Me dijo ya lo pensaste bien, mira las consecuencias.

¿Hubo muchas?

No, muchos juicios, sí. Que si podía ir. Eso lo iba a determinar yo y si yo podía ir y si quería seguir arriesgando mi salud o no. Llegué y dije, ya una vez competí lesionada y no me gustó nada, a veces, yo competía lesionada, pero cuando compites así y no hay resultado, el resultado se va a sacar a la persona que tenía que rendir y no rinde como debe. No quiero competir lesionada.

Tenía problemas familiares también. Si yo no estoy al 100 por cien, no voy a ir a unos Juegos Olímpicos de paso, si yo estoy al 100 sí voy a competir, pero sino lo estoy como hay que estar para los Juegos Olímpicos, con mi yeso y determiné que no iba.

¿Querías jugar en el exterior?

La gente piensa eso, nunca. Yo siempre jugué en el equipo Cuba y no vi otra manera de representar lo que soy. Quizás, a lo mejor, si se hubiese dado porque hubo una vez casi que nos vamos el equipo completo a Oviedo, a la universidad a jugar por ahí en España.

A mí se me dio, yo me desarrollé en este medio, crecí en un equipo Cuba, pero no formó parte de mi expectativa futura de jugar en el exterior baloncesto. A lo mejor hacer otras cosas fuera del baloncesto sí.

¿Qué pasa con el baloncesto femenino y masculino?

Relativo cerca, Todavía muchas de las jugadoras que se formaron en aquella época estaban en esas selecciones. Pienso que hay que cambiar, la gente tiene miedo a los cambios, no podemos perfeccionar nada porque se perfecciona cuando hay resultados, cuando está bien hecha la obra y hay que cambiar muchas cosas.

La gente dice se cambia la directiva, no tiene nada que ver con eso. Es el contexto y el proceso de formación de atletas desde el inicio, hay que cambiar estrategias.

¿Siente Regla Hernández que su generación está reconocida?

No, qué va. El año pasado fue el 30 aniversario y nunca me dijeron felicidades en ningún lado. Y he visto felicitaciones hasta del palo y la lata, y ese ha sido el mejor resultado de la historia del baloncesto femenino.

Yo no quiero que hablen de mí, pero sí de aquel equipo, porque fue una generación muy grande y ese resultado del 90 empieza creo en el 79, que fue la primera vez que un equipo cubano ganó a un equipo americano y dijo que sí, estamos aquí, somos cubanas, amamos el baloncesto y sí se puede.

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