Beisbolista cubano Cristian Hidalgo

Cristian Hidalgo, talento del Cuba sub-23: “estuve a punto de dejar el béisbol”

Cristian Hidalgo fue uno de esos niños que a diario acuden a los terrenos de béisbol a lo largo de esta isla para practicar este deporte que nos corre por las venas. Uno más entre los miles que en medio de carencias y obstáculos vivió su infancia ofreciendo sacrificios a los dioses beisboleros, y uno de los pocos que a sus 23 años ha podido ir tachando objetivos cumplidos en su listado de sueños, hasta el punto de convertirse uno de los talentos de este deporte en Cuba.

Nade pudo predecir que ese pequeño de siete años nacido en el barrio del Wajay al oeste de la capital cubana, que apareció un día en el terreno de Santiago de Las Vegas con su hermano mayor y un brillo inusual en sus ojos, estaba bendecido para triunfar en este juego.

Ni siquiera sus padres pudieron imaginar aquella tarde, al verlo tirar pelotas en una esquina del césped reservada para su categoría, que ese inquieto muchacho vestiría alguna vez el mítico uniforme de los Industriales y más tarde usaría la gloriosa chamarreta del equipo Cuba en un Campeonato Mundial.

“Yo juego pelota gracias a mis padres, sin el apoyo de ellos eso hubiera sido imposible. Desde pequeño, me han apoyado en el deporte. Era algo muy difícil por el tema de comprar todos los implementos, de llevarnos todos los días. Mi papá siempre estaba corriendo para soltarme a mí por un lado y a mi hermano por otro”, cuenta.

https://youtu.be/DqXMWqaEaiY

“Estuve en la EIDE de La Habana y mi hermano en la de Mayabeque. Imagínate todo lo que tenía que hacer mi padre moviéndose de una provincia a otra. Te puedo decir que gracias a que él tenía un carro nosotros pudimos convertirnos en peloteros. Él trabajaba, pero el mayor trabajo que tenía era con nosotros, al igual que mi mamá. Ella se encargaba de la comida, de buscar todas las cosas que necesitábamos. Todo ha sido gracias a ellos”, agrega.

Para cumplir las metas personales en el deporte no basta con las habilidades físicas: se necesitan una serie de herramientas mentales, de determinados rasgos de la personalidad que sirvan de escudo ante las tormentas que desata la vida, del entorno que te rodea, y aunque algunos no estén de acuerdo, de la suerte.

“El tema del béisbol es complejo. En todos estos años he estado varias veces a punto de dejar mi carrera. Llega el momento en que no tienes ningún objetivo, que no perteneces a ningún equipo y no es secreto que la vida está un poco difícil. Desde pequeño siempre he peleado en los equipos que estado, he jugado regular y me he destacado, pero llegó el momento donde estuve a punto de dejar el béisbol”, confiesa Cristian Hidalgo.

“El deporte es sacrificio y siempre lo tuve presente. Mis amistades salían a fiestas y se divertían mientras yo entrenaba y jugaba los fines de semana y estaba en los campeonatos nacionales. Pero eso es algo que me gusta y mientras haces lo que te gusta lo otro no importa mucho. Lo que yo quería era jugar béisbol”, dice.

A su regreso de Taiwán, donde participó con el equipo nacional en el Campeonato Mundial para peloteros menores de 23 años, este muchacho alegre a quien le gusta mucho hacer ejercicios, escuchar a Bad Bunny y la música “repartera”, manejar, y pasar el tiempo libre con su novia, sus amigos, y la familia, accedió a contarnos su historia.

¿Cómo logras entrar en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE)?

El profesor Roberto Rodriguez fue el que me captó para la EIDE. Es un gran profesor y gran parte de mi desarrollo como atleta se lo debo a él.

Toda mi familia pensaba que yo iba a durar una semana en la beca, pero fueron pasando los días y allí estuve cuatro años. Fue una etapa superlinda aunque todos los años pensaba en dejarla porque me gustaba mucho estar en la calle, pero en ningún lugar iba a entrenar tanto y a desarrollarme como allí. En la EIDE, aunque no tenga las mejores condiciones, siempre se hace algo todos los días y estás con tus compañeros, te ríes, bailas, gozas, y se disfruta mucho también. 

¿Cómo llegas a aquel equipo sub-23 de 2018?

He jugado tres campeonatos sub-23, en ese primero tuve la posibilidad de jugar por primera vez con mi hermano en el mismo equipo. Yo la tenía difícil porque acababa de salir de los juveniles y él si estaba establecido allí como cuarto bate, y el día que dieron a conocer la nómina final eso fue una inmensa felicidad para los dos.

¿Qué pasó con la carrera de tu hermano Dayron, a quien luego de aquel campeonato no hemos visto más?

Mi hermano es muy buen pelotero con muchas condiciones, pero en la pelota el factor suerte es muy importante. Son cosas de la vida que pasan y no podemos detenerlas.

Después de jugar el torneo nacional sub-23 en 2019 te perdimos la pista y de pronto apareces en la preselección de Industriales para la Serie Nacional 61. ¿Cómo llegaste ahí?

Aquel torneo no fue un buen campeonato para mí. Ese año entrené bastante pero no me salieron las cosas. En el béisbol es así, tienes años buenos y años malos. 

Cuando terminé estaba haciendo ejercicios y me salió una hernia. Luego me operé y cuando estaba haciendo el reposo llegó la COVID al país y con todas esas cosas juntas, sin equipo, pensé que no jugaba más.

Cuando me recuperé solo pensaba que hacer. No pertenecía a ningún equipo, no había ninguna liga que jugar, estaba fuera de todo y había pasado más de un año sin pisar un terreno de pelota.

Mis amigos me apoyaban y me llamaban para jugar, pero llega el momento que no tienes objetivo y se te hace difícil continuar, pero siempre pensé que tenía que hacer lo que me gusta y tenía miedo dejarlo y después estar arrepentido toda la vida.  

Siempre tuve presente que tenía que esforzarme más, que tenía que darle otra oportunidad al deporte, y empecé a entrenar y entrenar, a hacer ejercicios, y me mantuve enfocado sin ningún objetivo.

Mi hermano y yo tuvimos la intención de irnos a jugar para otra provincia, pero por la COVID todo estaba cerrado.

Un día decidimos hablar con Carlos Fernández, un joven muy amigo de nosotros y estudioso del béisbol moderno que se estaba graduando, para que nos entrenara y nos ayudara brindándonos todos esos conocimientos que él estaba adquiriendo, y él estuvo de acuerdo.

Hablamos con Gabriel, una persona que vive cerca de la casa, y allí comenzamos a entrenar todos los días con su permiso. Éramos un pequeño grupo donde además de su hijo también estaba mi hermano y Manuel Sánchez, un buen pelotero que me motivaba mucho a entrenar todos los días.  

Mi mayor virtud siempre ha sido el bateo pero tenía muchos errores en el swing y Carlos me los corrigió. Una de las mejores cosas que me han pasado fue entrenar con él porque nos metió adentro del béisbol moderno y aprendimos muchísimo. Lo mismo puedo decir del sabermétrico Alfredo Ríos, quien también se nos acercó en muchas ocasiones para trabajar con nosotros.

Allí estuve casi dos meses, a veces parando porque la pandemia aumentaba y teníamos que quedarnos en casa, hasta que comenzamos a jugar un torneo en el Ciénaga, donde lucí muy bien.

Por esos días estaba la preselección del equipo Cuba sub-23 entrenando en el Latino y me llaman porque estaban convocando a jugadores de esa edad de la capital para topar con ellos. Yo me sentía bien, pero la verdad es que había estado mucho tiempo fuera, pero lo hice bien en ese partido.

Hubo un momento en que Alain Álvarez, el director del equipo de Cienfuegos, quería que yo me trasladara a esa provincia, pero había muchos factores complicados como el tema de los papeles y la pandemia y al final no se concretó nada. Eso me dolió porque aquí no podía jugar y aquella era una oportunidad para mí, y una vez más me fui para la casa sin objetivo.

Luego hubo otro partido con el Cuba sub-23 y me vuelven a llamar. Ahí bateo de 3-2 y Guillermo Carmona conversa conmigo y me lleva de invitado a la preselección de Industriales.

Yo sabía que allí mis oportunidades eran mínimas, que tenía que hacerlo todo superbien, pero las cosas salieron y el resultado de todo el trabajo de esos dos meses entrenando salió y gracias a Dios me fue bien.

Estar en la nómina final del equipo Industriales fue una sorpresa, pero ya no era el mismo de unos años atrás, había mejorado mucho el swing, la paciencia en el home, etc, y todos los días le doy las gracias al Licenciado Carlos Fernández por ese desarrollo.

prospecto béisbol cubano Cristian Hidalgo
Beisbolista cubano Cristian Hidalgo.

¿Cómo es la vida de un novato en Industriales?

La vida de un novato en Industriales es difícil. Yo venía de jugar regular en todos los equipos donde había estado, imagínate. Al llegar ahí ya no tienes esas oportunidades porque hay que ganárselas, y el nivel sube. No es lo mismo la Serie Nacional que el torneo sub-23.

Cada oportunidad que me daban, que eran pocas, trataba de aprovecharla. Peleaba mi turno al bate, me sacaban a defender y aunque era poco yo estaba muy contento. De no estar en ningún lugar a ser parte de los Industriales, para mí todo era una felicidad.

Por otra parte no me gusta estar en el banco sentado y yo quería jugar todos los días, pero el tiempo fuera de los partidos lo supe aprovechar. Ahí tengo que agradecerles mucho a Alexander Malleta y a Rolando Verde que trabajaron duro con nosotros.

¿De qué manera te superas ahí si apenas juegas? Además, al desarrollarse por las tardes los partidos, estos dejaban poco espacio para los entrenamientos.

Los que no éramos regulares entrenábamos antes para tener más espacio y esas cosas me fueron mejorando. No estaba por gusto allí. Como vi que jugaba poco invertí mucho tiempo en el gimnasio, miraba para el lado y veía a todos grandes y fuertes y me dijo a mí mismo que yo tenía que estar así, que la bola tenía que caminar cuando yo le pegara.

El tema está en tener interés, es algo difícil. No es mentira que te levantas por la mañana y ya tienes que ir a entrenar, que estas en el banco y luego del partido hay que ir para el hotel. Pero yo me levantaba más temprano para entrenar con Alexander Malleta porque esa era la parte del día más importante para mí, así como la parte final después del juego cuando hacíamos los ejercicios. Esas dos cosas para mí eran muy importantes y no me podían fallar.

¿Después de tener un buen campeonato sub-23 este año te sorprendió cuando te llamaron a la preselección del equipo Cuba de la categoría?

Los resultados de esos entrenamientos salieron en ese torneo. Promediar para 400 y quedar como líder de los bateadores fue para mí una gran felicidad. Yo entrené muy duro y algo dentro de mí me decía que las cosas tenían que salir. Ese sacrificio, ese entrenamiento, tenían que darme un resultado. El terreno te cobra cuando le debes, pero cuando haces las cosas bien te lo da todo.

Cuando comenzó el torneo, además del objetivo de ganar con mi equipo porque lo más lindo que hay es eso, era integrar la preselección del equipo Cuba. Este era mi último año en esa categoría y era mi última bala. Ya había cumplido el sueño de estar en Industriales y eso no se me podía ir de las manos.

Yo me sentía bien y me dije que esa oportunidad no se me podía escapar. Todo me fluyó, las cosas salieron. Conecté tres jonrones y si tú le hubieras dicho a mi hermano, que es el jonronero de la familia, que yo iba a hacer eso en 15 juegos, él hubiera dicho que eso es mentira.

¿Cómo te enteras de que estás en la nómina final del equipo para el Campeonato Mundial en Taiwán? ¿Lo esperabas?

Aunque esperaba de algún modo estar en la preselección nacional, escuchar tu nombre siempre te sorprende. Hasta que no ves tu nombre ahí no tienes esa seguridad. Yo había entrenado para eso, los resultados que tuve eran para eso, y siempre pensé positivo.

El día que dijeron los jugadores que integrarían el equipo Cuba estábamos desayunando y nos convocaron a una reunión. Nos dijeron que ya había que entregar el listado a la Confederación Mundial de Béisbol y Softball (WBSC) y yo estaba muy nervioso. En todos los partidos había estado de regular, me habían puesto de segundo o tercer bate, pero igual quedan los nervios porque es lo más importante de tu carrera y eso se iba a decidir en ese momento.

Cuando escuché el nombre de Cristian Hidalgo aquello fue una felicidad que no se puede describir. Saliendo de allí llamé rápido a la casa y hablé con mi madre que no se lo podía creer, con mi padre, mi hermano y mi novia, y todos muy contentos dándome felicitaciones. Eso fue un momento increíble. El entrenamiento de ese día lo hice con la sonrisa de lado a lado, fue el día más feliz de mi vida porque es un sueño hacer el equipo Cuba.

Representar al país en eventos internacionales es lo más grande que puede tener un atleta en este país.

¿Nunca habías montado un avión?

Nunca había viajado fuera de Cuba y solo había montado un avión de Holguín a La Habana, y ahí fueron más de 20 horas de viaje. Para no lucir perdido allá adentro me iba guiando por las otras personas. Desde que pasé por el pasillo, desde que entré al avión, todo era increíble, todo estaba lindo.

Hicimos escala en Francia y luego en Corea y yo encantado con todo, imagínate, nunca había visto esas cosas y me quedé impresionado.

¿Por qué crees que el equipo llegó en tan malas condiciones a ese torneo y perdió los tres primeros partidos?

Pienso que no hacemos base de entrenamiento en el país donde vamos a jugar. En esos equipos muchos nunca han viajado ni han jugado fuera. En este caso era en Taiwán y muchos no habían jugado a ese nivel. Si hubiéramos topado varias veces a ese nivel las cosas serían diferentes porque no estábamos adaptados.

Hay cosas que te sorprenden allí, por ejemplo un pitcher submarino te sorprende, y allí los que jugaban con nosotros tenían calidad y casi todos estaban firmados por equipos profesionales y organizaciones de Grandes Ligas.

Por otra parte, juegan al año 100 o 200 partidos porque en esas ligas si se juega pelota y nosotros teníamos algunos partidos de la Serie Nacional y los 15 partidos del sub-23. Yo, por ejemplo, fui con 18 veces al bate en la serie más los jugados en mi categoría.

Pienso que tenemos que desarrollar más, que jugar más, tanto nacional como internacional. Tenemos la calidad y el talento pero nos falta eso que es lo más importante.

https://youtu.be/Txr7QtaKfWI

Después de un momento tan feliz, llega quizás el más triste de tu carrera cuando caes en un slump ofensivo. Cuéntame de eso.

No me espera ese slump. Créeme, cuando tú te preparas esperas que todo te salgan bien y las cosas estaban fluyendo, pero caí en un slump donde no me pude recuperar. Llegaba todos los días al terreno a hacer mis cosas para mejorar el swing y reaccionar bien pero no, las cosas no salieron.

¿Crees que es algo mental?

No era tanto mental, no sé. Es que también yo me ponía a pensar y me preguntaba que pasaba porque había estado todo el año bateando. El slump en un pelotero puede suceder y me pasó a mí en ese momento.

Me di cuenta de que tenía el punto de contacto muy adelantado, pero como son pocos juegos no me dio tiempo ajustarlo. Los pitcher son de calidad y eso se hacía más difícil. Lamenté mucho no poder ayudar más al equipo aunque ganamos los últimos cinco juegos.

¿Trabajaron el psicólogo y el equipo técnico contigo en esos momentos?

Ellos siempre me dieron su apoyo, se me acercaban y me pedían tranquilidad, me recordaban que yo era un buen bateador y que las cosas iban a salir, pero no salieron. Los técnicos saben que esas cosas pasan, me felicitaron por lo que había logrado, y me motivaron a seguir entrenando. Eso es lo que estoy haciendo para mejorar cada día.

Siempre pienso en lo que me pasó, me pongo a analizar los videos y la verdad que estaba un poco descoordinado al bate, pero no pude ajustarme.

Después de toda la felicidad por estar ahí me sentí muy triste porque quería lucir bien, ayudar al equipo, tener buenos resultados. La tristeza llega a tu cuerpo y comienzas a sentirte mal. Llegaba al hotel, me acostaba, hablaba con mi familia, pero siempre estaba pensando en eso. Me preguntaba que iba a hacer para salir de ese mal momento. Trabajé pero no pude.

Lo que mantuvo contento fueron las victorias de mi equipo, al final lo más importante es eso. Por dentro estaba triste porque no podía influir en los últimos triunfos, pero estaba feliz porque el objetivo era ganar aunque no eran en los partidos que no hacían falta. Al final terminamos con balance positivo de 5-3, es cierto que por el formato del campeonato concluimos en el décimo lugar, pero con balance positivo y le ganamos a buenos equipos.

¿Quiénes son las personas que más han influido en tu carrera deportiva?

Mi familia son los que más han influido en mi carrera deportiva. Son los que siempre me apoyan y están arriba de mí y los que me ayudan en cualquier cosa que necesite. Tengo que mencionar a los profesores que han influido en mi desarrollo como atleta porque todos han puesto su granito de arena. Cada opinión, cada error que te corrijan, es lo que te lleva a la excelencia y hay que tenerlos presentes.

¿Qué directores te han marcado más?

Siempre he tenido buenos directores que me han dado la confianza. Me gustó mucho el año que estuve con Lázaro de la Torre en el sub-23, los años con Roberto Rodríguez, me sentí muy bien en el equipo Cuba con los directivos, y la verdad que todos han influido mucho en mí.

Talentoso beisbolista cubano Cristian Hidalgo
Beisbolista cubano Cristian Hidalgo, talento del deporte en la isla.

¿Cuál es tu mayor cualidad?

Mi mayor cualidad es ser una buena persona, buen amigo, buen novio, buen hermano, y buen hijo.

¿El mayor defecto?

No sé si es un defecto, pero me enfoco mucho en las cosas y eso me puede limitar para mirar a mí alrededor

¿Cuál es el pelotero que más admiras en Cuba y en las Grandes Ligas?

De los que juegan en la Serie Nacional Erisbel Arruebarrena, y Yulieski Gurriel en la MLB: ese siempre ha sido mi pelotero desde que jugaba en Cuba.

¿Cuál es el mayor sueño que tiene ahora Cristian Hidalgo?

Mi mayor sueño es integrar algún día el equipo Cuba de mayores y firmar un contrato profesional bajo la Federación Cubana para poder sustentar a mi familia, porque otro de mis sueños es que ellos tengan mucha salud y ser un orgullo para todos los que me quieren, que vean que todos esos años de sacrificio y entrega han valido la pena.

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Futbolista Dairon Reyes y Lio Messi

Dairon Reyes, un cubano elogiado por Messi: “los de Argentina no creían que fuera cubano”

“¡Dale, muerto!”, le gritan en un tono jocoso y desafiante a Dairon Reyes, futbolista radicado en los Estados Unidos a quien llaman el ‘Messi cubano’. El sol castiga fuerte mientras él juega con los chamacos del barrio.

No hay resguardo en esa descampada calle de Los Pinos, Arroyo Naranjo, en La Habana. Cerca, la gente hace cola mientras espera para jugar en un 3 contra 3.  

“¡Asere, muevan el carro ese de ahí! ¿De quién es?”, grita un muchacho inmediatamente tras chocar con un auto estatal de Etecsa.

Dairon Reyes, jugador de la selección cubana y del Inter de Miami sigue risueño. Por estos días, disfruta jugando al fútbol callejero en un terreno improvisado y no sobre el césped.

Se le ve feliz, pues está de vuelta en el barrio, en su tierra. Aunque otro país ya es también su casa, no olvida dónde empezó el camino que lo llevaría a ser profesional, que le ha hecho cumplir un sueño y hasta recibir los elogios de Leo Messi.

Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana
Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana, Cuba.

***

La alarma suena a las 6:00 a.m. Dairon Reyes se levanta, desayuna y va a entrenar. Llega a las instalaciones del Inter de Miami sobre las 7:30, aunque la hora para llegar es a las 9. Desayuna nuevamente, ahora con el grupo. Va al gimnasio, entrena solo. Luego con el resto. Así es su rutina.

Al regresar a casa, almuerza, duerme una siesta y entrena en su gym privado. Sobre las 7:30 p.m. llega su padre. Regresan al terreno.

“Soy muy vicioso”, esgrime. “Ahí practico la habilidad. Entreno unas 3-4 veces diarias”.

Me habla con devoción de un momento muy significativo para él. En su feed de Instagram presume una foto con Leo Messi.

“Fue el mejor día de mi vida. Un sueño cumplido. No hice gol ni di asistencia, pero jugué un partidazo”, cuenta.

Cuenta con un inusual brillo en sus ojos que le salió todo. Jugar con atletas de talla mundial genera eso. Con orgullo narra sus fintas y cómo recibió incluso patadas.

“Les fui en el uno contra uno, me pegaron. Otamendi, por ejemplo, me rompió en una jugada y me retó a volver a pedir el balón. Lo hice, lo encaré y luego me dijo que le gustaba que fuera guapito. Al Tucu Correa le hice un túnel, me cogió por el pulóver y me dijo ‘respeta, huevón, o te pongo el pie allá afuera”, relata.

“Dybala hizo una pared, lo enganché y me tumbó. A Acuña le hice un sombrero. A Lo Celso también le hice un túnel. Me quité a varios jugadores y rematé con rosca al segundo palo. El Dibu sacó el remate y les gritó a todos que me aguantaran. La sacó en el ángulo. Hubiera sido un golazo. Jugamos 40 minutos. Los únicos tiros a puerta de mi equipo fueron míos. Me salía todo. Parecía que jugaba en el barrio”, describe.

Al finalizar el partido, Lionel Scaloni, seleccionador de Argentina, junto a Pablo Aimar, parte del cuerpo técnico de la albiceleste, hablan con Federico Higuaín, DT del Inter de Miami II. Quieren conocer a Dairon. La actuación del cubano les ha llamado la atención.

“Me preguntaron por mi edad. Les dije 19 y respondieron que jugaba muy bien al fútbol. No pareces cubano”, dijeron.

“Todos hicimos la cola para tirarnos una foto con Messi. Eso habla mucho de su persona. El primer día dijeron que solo una grupal, para no hacerlo perder tiempo. El segundo día él dijo que, si lo hacíamos rápido, todos podían.

“En lo que nos tirábamos la foto”, cuenta, “me preguntó: ‘¿qué edad tenés, boludo?’. Empecé a llorar. Le dije 19 y comentó: ‘¿qué haces acá? Andáte de aquí. Podés jugar en Europa’. Dijo eso y se fue”, recuerda visiblemente emocionado.

“Oír a jugadores de clase mundial decir eso, es increíble. Soy un afortunado”, concluye.



***

Dairon Reyes está de visita en Cuba. Vino a ver a su familia. Son solo tres días. Le envió un mensaje y, sin conocerme, accede a dar una entrevista, pero pone una condición. Debo ir esa misma tarde, pues regresa a Estados Unidos en unas horas.

Llego a la dirección. Hay gente jugando fútbol. Él mismo trajo el balón nuevo para el barrio. Anda con un short negro, un poco desgastado de entrenar, y una camiseta rosada del Inter de Miami. Caminamos media cuadra para poder conversar y nos sentamos en la casa de su abuela.

Vienes de una familia con devoción al más universal de los deportes, con varios miembros implicados en su práctica. ¿Cómo llega Dairon Reyes al mundo del fútbol?

“Juego desde que tengo uso de razón”, sentencia. “Mi papá, cuando yo tenía tres años, estaba entrenando y yo empecé a hacer lo mismo. Él notó que me gustaba. Ahí empezó todo. Mi primer regalo fue una pelota de fútbol. No era solo yo; mi hermano mayor también practicaba”, refiere mientras se acomoda en el sofá.

“Era fútbol todo el tiempo”, continúa. “Empecé a jugar en el barrio. Lo hacía con los grandes. No me dejaban jugar; pero él (su padre) apostaba dinero para jugar. Éramos mi papá, mi hermano y yo. A los cinco años y tres días, me apunta en fútbol en el estadio Eladio Cid con Orlando “El Niño” Forcade, entrenador de muchas generaciones, posiblemente uno de los que más jugadores ha aportado a la Selección Nacional.

“Para hacer el equipo de Arroyo, como no había muchos con mi edad, se unió el Eladio Cid con el Ciro Frías en un partido. Quedó 10-9 favorable al Ciro. Pero los nueve goles de mi equipo los hice yo. Después jugué mi primer provincial. Era categoría 8-9, pero yo era 7-8. No había de mi edad. Luego sí. Esa temporada hice 15 goles, el máximo hizo 17”, detalla con notable orgullo en sus ojos.

De su papá, dice, viene la disciplina y la sistematicidad. “¡Es un vicio!”, exclama entre risas. Cuenta que lo preparó a diario. “Me llevaba cerca de un muro que decía posible derrumbe”, rememora. “Tiraba la pelota alto, yo la bajaba con el pecho y él me decía ‘ponla aquí’, mientras formaba un círculo encima de su cabeza con sus brazos”.

“Nunca lo lograba, siempre iba para un lado u otro, pero él lo hacía para cuando me cansara en un partido de tanto regatear, rematara. En las categorías inferiores, al ser pequeño, cuando el portero sacaba, yo la paraba y disparaba. Tenía un récord en Cuba, creo que no se ha roto: 49 goles en 8 partidos. Mi equipo quedó campeón con 51 goles, y 49 fueron míos. Hacía 10, 11 por partido”, cuenta.

Me hablas, como casi todos sus alumnos, con cierta devoción sobre "El Niño" Forcade. ¿Cuál fue su papel en tu formación?

“Te diría que es el más importante. Mi papá fue mi primer entrenador, pero incluso él fue alumno de El Niño”, relata. “Al final eso lo aprendió de Forcade. Prácticamente le debo todo. Además, me dedicaba tiempo. Él era parejo, pero conmigo era algo más, era especial.

“Se quedaba junto a mí, me venía a recoger. Era pa´ todos lados. Me dedicaba mucho tiempo. No era solo en el Eladio Cid, también en su casa. Se quitaba pan, u otras cosas para dármelas. Me enseñó a tocar guitarra. Era una persona muy apegada, no solo en el fútbol, también para educarme”, valora. 

https://youtu.be/uvrFmnFVfZo

En 2019 te mudas junto a tu papá para los Estados Unidos, ¿cómo afrontaste emigrar y empezar de cero?

“Fue difícil”, dice mientras asiente con la cabeza. “No me había separado nunca de mi mamá. No estaba adaptado a eso. Desde décimo grado, cuando vino el sub-15 y la sub-17 de Cuba, supe de varios clubes interesados en mí. Podía jugar profesionalmente. Era mi momento”, relata.

Cuenta que al llegar a Estados Unidos ya tenía un equipo. No realizó pruebas.

“Ellos le preguntaron a la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) por mí, si estaba en venta. Aquí dijeron que no”, explica visiblemente contrariado con el tema.

 “Mandé a una persona de confianza a poner en las redes sociales, en Twitter: ‘interesados en el jugador número 10, Dairon Reyes, este es el número del papá’. Habíamos jugado recientemente contra ese club, el San Antonio”, recuerda.

Contactan al padre. Lo quieren. Quieren saber cómo lo pueden firmar. Él solo les pide ayuda para llevar a Dairon a Estados Unidos. El equipo acepta. Envía una carta a emigración. Cuenta Dairon Reyes que eso agilizó el proceso.

“Al llegar, tenía todo asegurado. Me dijeron que no necesitaba hacer pruebas. Me ofrecieron un contrato. Fui a Miami a buscar mis cosas. Debía regresar luego a San Antonio. Pero no me llamaron. Esperé y nada. No mandaron boletos. Nada. Aún no sé qué pasó”, concluye.

Ese mismo día suena el teléfono. Era el Inter de Miami. Querían probarlo. Sus scouts lo habían visto con el Fortuna de Mario Lara. Había jugado par de partidos allí. Va a las instalaciones acompañado de su papá.

“Los muchachos me miraban raro”, cuenta. “Todos tenían tacos y yo andaba con zapatillas de fútbol sala. Como era sintético el césped del Fortuna, no me había comprado tacos aún. Estaba desahuciado por lo del San Antonio. Ese día hice siete goles. Me quedé. Allí empezó todo, jugaba con la Academia del sub17”, cuenta feliz.

***

Dairon Reyes ha madurado. Su fútbol promete. Ya no se hincha a goles como antes. Juega, dice, como uno de sus ídolos: Messi. Posicionalmente cumple funciones similares dentro del campo. Se retrasa, coge el balón y reparte para los extremos. Se asocia muy bien con el delantero de turno.

Sin embargo, cuenta que quien más lo ha sorprendido dentro de un terreno es Gonzalo "El Pipita" Higuaín. "Entrené con él muchas veces. Incluso jugué en su contra, y me cayó a patadas”, rememora entre risas.

"Estuvo en la élite. Solo con verlo correr, uno se pregunta de dónde salió. Su facilidad para hacer goles es increíble. Cómo se ubica en la cancha. No solo juega de nueve, flota. No corre mucho por su edad. Tengo muy buena relación con él. Me le acerco. Juega ahora de falso nueve, se deja caer bastante y esa es mi posición. Yo juego de 10. Es prácticamente igual. Por eso hablamos. He aprendido cantidad", describe.

¿Alguna anécdota con él?

Recuerdo en uno de mis primeros entrenamientos. Yo soy muy fresco, pero ese día estaba cohibido. Él me había visto entrenar en el segundo equipo porque su hermano es el DT.

El Pipa me dijo: “¡Suéltate, sé tú, juega!”. Hice un gol y me comentó: “¡Eso es! Tú puedes jugar aquí, en el primer equipo. Talento tienes. Si hubieras nacido en otro país ya estuvieras en el Madrid”. Solo pude reírme.

También una vez, en la pretemporada, le di una asistencia. Robé una pelota, me quité al portero y con la puerta vacía le pasé el balón. Anotó y corrió hasta donde estaba yo, haciendo gestos como “estás loco”. Me abrazo, me dio un beso y me dijo “a veces pienso que tienes problemas”.

Futbolista Inter de Miami y seleección cubana, Dairon Reyes
Futbolista cubano Dairon Reyes en La Habana, Cuba.

¿Cuánto cambió el Dairon Reyes que jugaba en La Habana al contratado en Estados Unidos?

Aquí no me cuidaba, estaba todo el tiempo en la calle, jugaba en todos lados. Ahora no puedo. Necesito comer bien, descansar.

He evolucionado. Era un niño. Jugaba a todas horas. Me tuve que adaptar. En Cuba, por ejemplo, el mediapunta casi no corre. No defiende. Cristiano Ronaldo y Messi son los mejores del mundo y defienden. Lo hacía o no jugaba.

¿Qué fue lo que más te impresionó al entrar al Inter Miami?

La organización, el profesionalismo. El respeto y las ganas de progresión de los entrenadores. Como buscan ayudarte. Las instalaciones. Era como un niño con un juguete nuevo. Quería estar ahí todo el tiempo.

Tu actuación con el Inter de Miami te llevó a ser convocado con la sub-17 de Estados Unidos. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Por qué vuelves a elegir vestir la camiseta de Cuba?  

Ese año cuando llegué hice 17 goles y 21 asistencias en mi Conferencia. Era uno de los líderes goleadores del país y máximo asistidor. Me llama la selección. Voy a uno de los campos. Éramos más de 100 y quedamos solo 23 para ir al premundial. Vino el coronavirus.

De haber jugado ese evento, nunca lo hubiera hecho por Cuba.

¿Si te hubieran dado a escoger entre las selecciones de EE. UU. y Cuba?

En ese entonces estaba medio divorciado con el equipo cubano. Cuando era sub-15 fui invitado a la sub-17 de Cuba. El premundial de esa categoría era en Estados Unidos. No tenía ni fecha de entrevista para irme. Mi papá da la palabra de que, si iba al evento, no me iba a quedar. No iban a aguantar que yo estuviera ocho años sin regresar a Cuba, sin ver a mi mamá. Ellos dijeron que no. Me veían como posible desertor.

Mi papá hizo un papel. Dijo que, en caso de quedarme, él mismo me mandaba de regreso. Él me estaba haciendo los papeles. Pero estaba renuentes. Mi mamá fue quien me convenció a hacer una carta donde decía que en un futuro podría jugar por Cuba. La hice, la firmé y me fui.

Estaba renuente. Incluso quería jugar contra Cuba. Pensaba en marcarle y celebrar. Vino la COVID y todo se paró.

Luego la selección se pone en contacto conmigo. Fue en la fecha FIFA del debut de Onel Hernández. Esos dos primeros partidos los pude jugar. Pero me negué. Llamaron a mi papá, y me respaldó. Entendía las razones. Fue mi mamá quien me convenció.

Me dijo que siempre había soñado con verme jugar con la selección. Además, era más viable. Podía hacer las inferiores con Estados Unidos, pero no había garantías de hacer la absoluta. Le dije que no. Yo veía mi potencial para jugar también con ellos.

Pasaron días y me vuelven a contactar. “Último llamado”, me dijeron. Acepté.

¿Qué diferencias ha notado Dairon Reyes entre el fútbol cubano y el profesional que se juega en Estados Unidos?

El futbolista cubano puede jugar donde sea. Pero debe cambiar mucho. Somos muy indisciplinados. Eso no se acepta en el profesionalismo. Recuerdo antes no entrenar porque no quería e iba a la selección, a todos lados. Incluso, les decía a los muchachos que corrieran a mi paso, no duro. Hacía campañita.

Allá no es así. Talentosamente pueden haber 20 como tú. Pero valoran más el trabajo. Los cubanos tenemos talento, pero a veces no le unimos trabajo duro. Si lo hiciéramos, podemos meternos en cosas grandes.

Mira ahora con la selección. Tocamos más la pelota. Antes no se veía eso. No se ve tanto el pelotazo. Si continúan insertando jugadores cubanos contratados en ligas profesionales, el Cuba será mejor.

Con 18 años eres convocado habitualmente por la selección de mayores de Cuba y participaste en el Campeonato Sub-20 de la Concacaf. ¿Qué diferencias encuentras entre estas selecciones?

Fue complicada la adaptación. No tuve tiempo para estar con ellos, fue solo una semana. Jugué cuatro partidos de la Liga de Naciones. Fue todo complicado. Me pusieron de nueve, jugaban con un 4-5-1.

En la Selección Mayor se juega automático. Se toca bastante el balón. Es casi automático. Yo recibo y juego con Onel o Luis Paradela. En el sub-20, desde que llegué las cosas no salían.

Tuvimos una reunión. Yo era el capitán. Les pedí que se divirtieran y jugaran a dos toques. Pero la pelota no llegaba. No salían las cosas. Había mucho talento. Hay algunos que pueden jugar en la Mayor o en ligas extranjeras.

Nos acoplamos en lo posible. Me pasó factura el desgaste. Ese mes jugué unos 12 partidos. Todos los de mi club, luego con la absoluta casi todos los minutos y después el premundial. No descansé casi. Jugué contra Canadá todo el partido y con un jugador menos, en el segundo partido estaba muerto. En el tercero, ante Estados Unidos, no pude jugar. Me contraía todo el tiempo. No podía.



¿Fortalezas? ¿Debilidades?

A veces existen discrepancias. Cada cual intenta hacer sus cosas. Las fortalezas vienen cuando dejamos todo eso de lado. Nos unimos y se ve una mejor selección. Cuando hay guerrilla nada sale, somos un equipo cualquiera. Pero ahora, como jugamos últimamente, hacemos daño.

¿Cómo es la integración de ustedes en la absoluta? ¿Existe química en el grupo o hay divisiones a lo interno?

Somos una familia. Siempre hay grupos, es normal. Por ejemplo, Arichel Hernández, Paradela y Maykel Reyes llevan en la selección más tiempo juntos. Yo con la gente de mi edad. Pero en el entrenamiento somos una familia.

¿Con quién te llevas mejor?

Con todos. Cuando está Modesto Méndez, con él. Juega conmigo, vive allá. Siempre estamos juntos. Pero también con Maykel. Con el propio Onel, siempre jugamos FIFA. Con Paradela igualmente. Con nadie he tenido problemas.

***

La pelota regresa a Dairon Reyes. Dibuja par de filigranas. Toca rápido, pero efectivo. Recibe el balón e intenta un sombrerito. Se va por el lado izquierdo. Se lleva las manos a la cara. Va sobrado. Se le nota. Aun así, se divierte a media máquina.

Juega con su tío, quien también lo embulló al mundo del fútbol, y alguien más del barrio. Los rivales pierden el balón. Cae en una casa bordada con una cerca verde.

Lo recuperan, sacan en corto y, pared mediante, Dairon remata y anota. Ganan el partido.

***

¿Crees que con esta plantilla Cuba pueda conseguir actuaciones meritorias en determinados eventos regionales? ¿Cuáles son los objetivos del grupo?

Sí. Ahora mismo queremos terminar estos dos partidos de primeros de grupo y clasificar a Copa de Oro. Tenemos una espinita con Guadalupe. Ellos nos ganaron de locales y nos bailaron delante de la banca. Queremos jugar en casa, en Santiago, con la conga. Ojalá se llene. El estadio se ha llenado antes, pero no hemos sentido tanto el apoyo.

¿Qué objetivos tiene trazados Dairon Reyes en lo individual, con su club y selección?

Con Cuba hacerlo mejor, continuar como titular y llevar al equipo un poco más allá. En cuanto al Inter de Miami, hasta ahora estoy cerca de subir al primer equipo. Si Dios quiere, espero se dé. Es el objetivo principal. Jugar en la primera división. Quiero mantenerme y sumar minutos.

¿Dónde y haciendo qué te ves en los próximos cinco, diez años?

El sueño es jugar en Europa. No lo veo tan lejos. Quizá antes. He tenido el chance de ir varias veces a probarme. No se ha concretado por tema de papeles. Soy extranjero, y por club solo pueden ser tres extracomunitarios. Si me firman, pierden una plaza.

Fui al Sporting e hice 10 goles en una semana. También estuve en el Benfica. En el Espanyol me querían, igual en el Fuenlambrada, el Getafe. Incluso en el Mallorca entrené con el primer equipo. Pero nadie me aseguraba nada por ser extranjero.

¿Ha cumplido Dairon Reyes los sueños que tenía al salir de Cuba?

Sí, y eso me ha hecho soñar más. Buscaba ser profesional, y soy uno de los cubanos más jóvenes en firmar un contrato. Lo hice con 16 años y 10 meses. Anoté gol con 17 años y 10 meses.

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¿Qué problemáticas le ves al fútbol cubano de la Isla?... ¿Qué crees que deba cambiar la Liga Nacional de Cuba y cuál es tu visión sobre el torneo?

Los jugadores tienen mucho talento, pero deberían hacer la Liga cubana profesional. Buscar la manera. Además de insertarlos a ellos en otras competiciones.

Cuando el partido contra Argentina dije que era cubano y no me creyeron. Pensaban que era brasileño. Muchos cubanos pueden jugar afuera.

¿Cuál es tu jugador referencia?

Antes no era Messi. Cuando estaba en Cuba era Cristiano Ronaldo. Soy fan del Madrid. Aquí me preguntaban por qué Cristiano, si jugaba como Messi. Cuando crecí, noté cosas en común. Soy zurdo, tengo visión de juego, meto goles, soy habilidoso. Messi es único, pero creo que me parezco un poco.

Juegas con el Inter de Miami, y la selección cubana. Aun así, Dairon Reyes regresa a su barrio a jugar con los socios…

Antes lo decía. Las mismas personas del barrio les iban a los otros equipos al dinero. Siempre dije que el día que regresara, quería jugar. Cuidándome, pero quiero hacer feliz a la gente de mi barrio.

Antes no había podido porque siempre venía con la selección. Ahora tuve tres días libres y pensé en venir a ver a mi mamá. Traje un balón para el barrio. El barrio se llenó. Se hicieron porterías para jugar. Incluso hay uno que narra. 

Se siente como antes. Ahora me cuidan, no van al choque, evitan lastimarme. Juego y me divierto con ellos. Me dicen incluso “ah, no has ganado ni uno”. He perdido. Me gritaron los goles que me hicieron jugando yo de portería. Me decían “muerto”.

Quisiera venir con más tiempo y jugar en el Eladio Cid. Incluso en La Polar o la Ciudad Deportiva con los jugadores que tengo amistad o han jugado conmigo. Pero el tiempo no me da.

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Marcos Chacón, talentoso jugador baloncesto cubano

Marcos Chacón, ‘niño de oro’ del baloncesto cubano: “mi papá me guía para lograr lo que él no pudo”

Con apenas 19 años, Marcos Chacón es una perla del baloncesto cubano que ya vive la transformación de convertirse en jugador profesional, en un país con una tradición respetada a nivel mundial, como es Argentina.

Cuando otros apenas aspiran a llegar a algún torneo importante o solo pasan el tiempo jugando en el certamen local, a miles de kilómetros de su isla, él ya se prueba en el Club Gimnasia y Esgrima Comodoro Rivadavia, pero sueña, quién sabe, con otros grandes escenarios.

“Cuando fui llamado a la selección nacional tras la pandemia, en mi casa se hizo una fiesta”, cuenta.

Su carrera ha tenido un ascenso poco común para los baloncestistas cubanos. Para ponerlo en perspectiva, Marcos Chacón es una especie de Omar Linares o Wilfredo León por la precocidad con la cual llegó a la élite.

A los 15 años participó en un torneo de mayores con la franela de Metropolitanos. Con solo 18, el base capitalino debutó con la selección nacional en 2021 en el Preclasificatorio de las Américas y dejó destellos de calidad que posteriormente le valieron para asentarse en el equipo Cuba.

https://youtu.be/x_5VluDE4Ns

Marcos Chacón es un portento físico, un talento nato para el baloncesto. Sin embargo, este no era su deporte de preferencia y prácticamente, le fue impuesto desde casa.

“El deporte llega a través de mi papá, específicamente el baloncesto, porque fue el que practicó. Desde chiquito, quiso que yo lo jugara también. A la edad de 8 años, comencé a practicarlo en el municipio Centro Habana, en donde estuve hasta los 11, cuando tuve que ir hacia el municipio de Plaza, porque el entrenador que tenía se había ido de viaje. Lo hice, porque si no jugaba la provincial ese año, al próximo no podría entrar a la EIDE, que era mi meta en aquel entonces”, recuerda.

Sin embargo, el deporte de las canastas no era el que le gustaba, pues tenía otras preferencias.

“Me gustaba más la lucha, porque mis compañeros de aula eran luchadores. Realmente, fue por embullo. Sin embargo, la llegué a practicar, pero mi papá no quería. De hecho, cuando me tocaba entrenar no me llevaba. La opción que quedaba era el baloncesto y aunque en su momento se lo reproché, hoy se lo agradezco con toda mi alma. El baloncesto es mi vida y eso, en gran parte, es por él”, explica.

Después, vendría una etapa que, en gran medida, marca el futuro de muchos deportistas cubanos: el paso por la Escuela de Iniciación Deportiva.

“Ahí estuve 3 años y el primero fue muy duro para mí. No estuve en la lista de 12 jugadores que participaron en aquellos juegos escolares y llegué a casa desmotivado y lloraba sin parar. Mis padres me consolaban, hasta que lo pude superar y me prometí que me prepararía mucho mejor para el próximo año y así fue”, dice.

Durante este periodo, Marcos Chacón no paró de acumular títulos que lo fueron forjando como jugador: fue campeón nacional escolar (2017 y 2018), mejor base (2018) y máximo anotador (2018). Además, campeón nacional juvenil (2019) y Novato del Año del deporte en La Habana (2021).

Tu carrera ha ido vertiginosamente en ascenso y con solo 15 años participaste en un torneo de mayores con el equipo Metropolitanos. ¿Cómo te sentiste en ese momento, cuando enfrentaste a jugadores hechos siendo apenas un adolescente?

Cuando culmino en la EIDE, participé en el Torneo Nacional de Ascenso en 2018 por el equipo de Metropolitanos y era el más joven del equipo. Fue mi primera competencia oficial contra jugadores de máxima categoría. Tuve un gran torneo con partidos destacados de 15 a 20 puntos. En ese momento, comencé a hacerme de un nombre.

Aquel año participé en mis primeros juegos juveniles, en los que obtuve medalla de oro y al próximo año me presenté en el TNA con el equipo de Capitalinos. Fue un sueño cumplido vestir la camiseta azul. Justo cuando iba a empezar la Liga Superior de Baloncesto, llegó la pandemia y todo se pospuso durante dos años.

Por ese tiempo, participé en los otros dos juegos escolares y obtuve medalla de oro y quedé como el mejor base de la competencia en ambos años. Además, en mi último año quedé como el máximo anotador y MVP de dichos juegos.

Marcos Chacón, talentoso jugador baloncesto cubano
Marcos Chacón, talentoso jugador del baloncesto cubano

¿Cómo afrontó Marcos Chacón el embate de la pandemia, cuando su carrera iba en pleno ascenso deportivo?

Fueron dos años de infarto, dos años en los que no paré de trabajar en mi físico, en mi forma de jugar al baloncesto, siempre con ayuda del entrenador personal Lisuan García. Jugaba a escondidas en los terrenos de la calle porque no se podía y si nos cogían podíamos ser multados.

¿Quiénes han sido los entrenadores que más te han marcado y que te ayudaron a llegar a este punto en tu carrera?

De todos los entrenadores siempre se aprende algo día a día y de cada uno me llevo lo mejor, lo positivo, pues ellos influyen muchísimo en nuestra evolución. Espero no olvidar a ninguno, pero recuerdo de manera especial a Valmaseda y a El Peña, en Centro Habana; a Cairo y Raidel en Plaza; a Karel y Cisneros en la EIDE y Muñiz en Capitalinos. Ya en el equipo nacional, a Pepe, Tatica y Moya.

A diferencia de otras figuras del baloncesto cubano, llegaste a la selección siendo un adolescente. ¿Cómo ha influido en tu vida ser un atleta profesional con tan poca edad?

Es algo que me exige madurar y entender que debo de tener una disciplina adecuada para cumplir sueños y objetivos.

¿Cómo te enteraste de que formarías parte del equipo nacional?

Cuando se empezó a restablecer todo después de la pandemia, yo tenía 17 años. Me llegó la gran noticia de que me invitaban a entrenar con la selección nacional los entrenadores Pepe, Moya y Tatica. Aquel día, recibí un mensaje de texto y en cuanto le dije a mis padres, en mi casa se hizo una fiesta. Todos estaban muy contentos y yo, ni hablar.

A partir de ese momento, llegaron los entrenamientos con la preselección. ¿Cómo viviste esos días?

Fuimos a una base de entrenamiento en Ciego de Ávila y ahí estuvimos entrenando casi dos meses para seleccionar a los 12 jugadores que iban a participar en el repechaje para la ventana mundialista en El Salvador. Fueron dos meses como de vida o muerte para mí: siempre tuve la mentalidad de que podía hacerlo y quizás otros pensaron que no porque era muy joven.

Sin embargo, haciendo las cosas bien y trabajando duro pude conformar el equipo. Fue un paso más para mí, pues cumplí uno de mis sueños, que era vestir la franela con las cuatro letras. Mis padres estaban muy orgullosos de mí y eso significó mucho más.

¿Cómo fue la primera experiencia con el equipo Cuba en el Coliseo de la Ciudad Deportiva?

Cuando era pequeño y la selección tenía partidos en el Coliseo, iba a verlos y me preguntaba cómo y cuándo sería el día en que estuviera yo ahí. Es algo increíble estar jugando junto a figuras del primer equipo, quienes eran mis ídolos cuando era más joven, pero lo más emocionante es ver al público apoyándote desde la grada: eso no tiene precio.

Marcos Chacón, talentoso jugador baloncesto cubano
Marcos Chacón, talentoso jugador del baloncesto cubano

Durante sus primeros partidos, Marcos Chacón dejó claro que no era casualidad su convocatoria. Fue una de las figuras del equipo y, por tanto, técnicos y especialistas resaltaban la necesidad de que jugara en el extranjero. Para satisfacción del baloncesto cubano, el 21 de julio el Gimnasia y Esgrima de Comodoro de la Liga Nacional de Básquet de Argentina anunció la contratación del cubano en sus redes sociales.

“El contrato se dio por mediación de mi agente Claudio Pereira y después con ayuda de Cubadeportes pudimos concretar. Cuando me dieron la noticia de que todo estaba listo me puse muy contento, porque es algo que llevaba esperando mucho tiempo y que desea todo deportista y jugador de baloncesto”, dice.

¿Qué representa este contrato para ti, a tan corta edad?

Significa muchísimo, ya que voy a participar en un baloncesto que está a un nivel más alto que el que se juega aquí y me va a beneficiar muchísimo para mejorar en mi juego y seguir aprendiendo.

Con apenas 19 años, ya Marcos Chacón debe pensar como un profesional. ¿Cómo es un día normal en tu vida?

Siempre trata de mantenerme activo. Cuando estoy entrenando con la selección nacional o con Capitalinos, lo hago según la competencia para la cual me esté preparando, pero cuando no, voy al gimnasio y trabajo en mi físico, o busco una cancha y trato de mejorar mi juego. Me gusta la excelencia porque estoy enamorado del baloncesto.

Fuera del deporte, vivo muchos sacrificios, pues estoy en una edad en la que, muchas veces, mis amistades me invitan a salir a una fiesta y no siempre puedo ir porque tengo que entrenar al día siguiente, pero sé lo que quiero y a dónde quiero llegar. Creo que sacrificio es igual a beneficio.

¿Cómo ha sido la adaptación a Argentina, a su liga, a sus costumbres?

Por el momento, me he adaptado bastante bien, lo único que me afecta es el frío que hace en ocasiones. El nivel de la liga me ha sorprendido, se juega muy bien al baloncesto acá. Muchas personas me decían que el basquet argentino era una escuela y hoy lo puedo confirmar.

Si tuvieras que escoger un momento feliz, ¿cuál sería?

Cuando mi mamá y mi papá me cuentan que las personas les hablan de mí, de lo orgullosos que están de mi trabajo: eso me hace feliz. Además, me demuestra que voy por el camino correcto. Por otro lado, mi papá, Roberto Chacón (El Chapa), no llegó a donde hubiera querido, pero por eso me guía para lograr todo lo que él no pudo cumplir y bien orgulloso se siente al ver que va sucediendo poco a poco.

¿Qué sueñes tiene por cumplir Marcos Chacón?

“Sí, por supuesto, soy muy joven aún, quiero seguir desarrollándome y llegar a mi máximo nivel para algún día pelear por estar en una liga de primer nivel, ya sea en Europa o en la NBA, quién sabe.

https://playoffmagazine.com/daniel-simon-el-gordito-que-ya-es-profesional-mucha-gente-no-apostaba-por-mi/

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Jugador baloncesto cubano Daniel Simón

Daniel Simón, el ‘gordito’ que ya es profesional: "Mucha gente no apostaba por mí"

Daniel Simón lleva el baloncesto en vena. Por herencia y por amor. A los cuatro años tomó por primera vez una pelota en la sala de su casa y su padre, el reconocido basquetbolista guantanamero Roberto “La Piedra” Simón, le preguntó si quería jugarlo. “Claro que quiero”, contestó él.

Empezó a entrenar con niñas, porque su papá dirigía el equipo femenino de La Lisa, y a los seis años pasó a jugar con los varones del 11-12, por lo que participó mucho en categorías inferiores y a veces acusaban a su escuadra de hacer trampas, pues pensaban que Simón estaba pasado de edad.

Luego vinieron la Eide, los Metros, Capitalinos, la mala suerte y las decepciones en la preselección nacional, hasta que finalmente consiguió un contrato en el extranjero.

El camino de la piedrecita

“Siempre crecí con el aquello de que la gente decía que mi papá había sido el gran basquetbolista”, cuenta Simón, sentado en el borde de un muro en la Ciudad Deportiva capitalina.

“Yo no lo pude ver, pero cuando andaba con él lo reconocían y eso me gustaba y quería saber por qué era... Y eso me motivó. Todo lo que se hablaba en la casa era de baloncesto. Se podía regañar con cualquier cosa, pero con el deporte no se castigaba. Si hacías algo mal, era otro el castigo. Empecé muy temprano y eso me sirvió mucho, porque cuando llegaba mi año tenía más experiencia. Me favoreció, pues me permitió ser el mejor de la categoría”, cuenta.  

Pasó seis años en la Eide, y aunque le costó adaptarse en un principio, supo caminar con firmeza para vencer esa etapa de formación.

“El primer año fue muy difícil. Aparte de que te cogía el proceso de adaptación, resultó complejo, porque era un niño muy noble. No tuve la infancia esa de mataperrear y estar en la calle, lo mío era solo baloncesto y todo era más rápido de lo que yo pensaba”, rememora.

Daniel Simón
El pívot capitalino Daniel Simón afrontará un nuevo reto en tierras bolivianas, donde vestirá los colores del Club Saracho por los próximos dos años.

“De ahí salí casi directo a Metropolitanos. Eran los quince de una prima mía en Holguín y no se lo dije al entrenador de Capitalinos, regresé a los cuatro días y me dijeron: 'Incorpórate a Metros'. Eso me creó un pique interno y me decía: 'Cuando juegue contra Capitalinos tengo que hacerlo bien', y los mejores partidos que tuve fueron contra Capitalinos”, dice.

Su rendimiento hizo que más adelante, Raynel Panfet lo quisiera siempre en sus equipos. Ahora lleva un suéter azul del conjunto más importante de la capital, pero no siempre fue así.

“Llegué a Capitalinos de una manera extraña. Era juvenil y Panfet me preguntó: '¿Tú puedes estar en todos los equipos en que yo esté?', y como niño al fin le dije que sí y me contestó que tenía que demostrarlo. Pasaron los días, los entrenamientos estaban andando y me incorporé a entrenar.

“Mucha gente no apostaba por mí, porque en aquel tiempo era un gordito que no tenía nada, solo deseos de jugar baloncesto. Pero Panfet siempre confió en mí y me decía que yo iba a participar. Incluso en mi primer año fui el jugador que más minutos acumuló y el único que pudo estar los 32 partidos que ganamos”, cuenta.

¿Qué recuerdas de aquellos inicios en Capitalinos?

Era un equipo lleno de estrellas para mí. Admiraba a todos: Orestes Torres, a Luis Alberto "El Goyo" Hernández, que me enseñó mucho y ha sido mi padre en el baloncesto, Allen Jemmott... y tener una responsabilidad ahí me impactó. Es algo que se me ha quedado para toda la vida.

Hicimos tremenda preparación, también en la playa... Me gustó mucho, porque me considero un jugador de entrenamiento y me tracé una meta: 'No me voy a poner una camiseta de Capitalinos hasta que me digan que estoy en el equipo'. Iba a practicar con pulóveres de otra cosa, trajes de Metros y Panfet me regañaba y yo decía: 'Quiero ser azul cuando esté en el conjunto'. Cuando dieron la nómina... ¡Baff! Eso fue una de las alegrías más grandes.

Ese año, se destacó en el Torneo Nacional de Ascenso (TNA) y posteriormente ayudó a Capitalinos a conquistar el cetro de la Liga Superior de Baloncesto.

“Me fijaba mucho en Jasiel Rivero. Veníamos de la Eide y sentía que lo que hacía me servía a mí. A veces él me decía: 'Estoy asustado', y yo pensaba: 'Pero si eres el mejor de la Liga, cómo voy a estar yo'. Después él llegaba y metía 20 puntos. Eso me impactaba mucho.

“El Goyo y Allen Jemmott también hicieron que tuviera una liga excelente. Jemmott me regañaba cantidad, por todo. Era un perfeccionista, pero si él me lo señalaba es porque tuvo resultados y quería que yo los tuviera. El Goyo me calmaba bastante y me pegué a él porque la gente decía que jugaba parecido a mi papá”, explica.  

https://youtu.be/UiKcfn-vWP4

Los playoffs y la final ante Ciego de Ávila

Tras una campaña en la que fue importante en la etapa regular, Daniel Simón se vio sorprendido ante el cambio de estrategia de Panfet en los playoffs.

“Hizo una reunión en Santiago de Cuba, antes de empezar el playoff y preguntó cuántos habían jugado finales de Liga y ahí me di cuenta de que estaba en Capitalinos: todos levantaron la mano menos Pedrito (Roque) y yo. Nos dijeron que habíamos cumplido. Había tenido muchos minutos, hicieron una rotación y me dejaron en la banca, insistí para que pusieran y me pusieron muy poco.

“Al acabar le dije a Panfet que quería jugar. Me sentía con la disposición y me había preparado todo el año pa eso. De tanto decirlo, me puso cuando Justiz tenía cuatro fouls y le saqué la quinta falta. Entonces le dije: '¡Viste como me tienes que poner!', él se echó a reír y entré de nuevo en la rotación”, recuerda.

En la final esperaba el eterno rival de La Habana: los Búfalos avileños. La mayor rivalidad del baloncesto cubano tendría otros capítulos de impacto.

“Antes de la final hablé con Panfet y le dije que quería jugar. Y la serie fue increíble. Ganamos dos juegos aquí y fuimos para Ciego pensando que íbamos a ganar y perdimos dos, no sabíamos qué hacer... Panfet nos reunió y dio una charla realmente emotiva que a mi me llegó al corazón, porque se sinceró tanto que eso me chocó y dije: 'Tengo que salir a la cancha a dar todo'.

“Es cuando El Goyo volvió a inlfuir. En una acción sacó de circulación a William Granda, que nos estaba matando y el equipo levantó. Jasiel explotó de nuevo y regresamos 3-2 para acá, a jugar en La Mariposa. Cuando veníamos en la guagua por Boyeros y Camagüey creo que se sentía la bulla de la sala. Iba hablando con Jasiel, comentándole que me habían llamado para decirme que el Fajardo estaba lleno. Todo el calor de la gente nos hizo sentirnos tan bien que ya sabíamos que íbamos a ganar. Era impresionante. Y obtener el triunfo fue como un alivio”, evoca.

¿Cómo vive esa rivalidad con Ciego de Ávila?

Cuando ves que te gritan desde que te bajas de la guagua, ves la importancia que tiene el juego. Crecí viendo a Haití caerles a canastas a La Habana, vi a Jasiel meter muchos puntos y no ganar, al "Chino" Lavastida. La rivalidad existe. Me ha subido la presión tras perder contra Ciego, fiebre, temblores, no me baja la comida... ¡Imagínate cómo es la rivalidad!

El equipo Cuba: Un sueño que se quedó a punto

“A los 18 años entre al equipo nacional”, recuerda Simón. “Fue una meta cumplida, compartía con Jasiel, Justiz, "El Papa" Haití, y era una manera de elevar el nivel. Estaba muy bien. Daniel Scott era el entrenador. Se dio un viaje a China, lo informaron y tres días antes de la salida se me inflamó un ganglio y la doctora me dijo me iba a salir una infección. El día antes de que dijeran el equipo me salió un grano en la cabeza y era la varicela.

“Después volví a la preselección. Empezó la TNA y por estrategias técnicas me decían que tenía que entrar como revulsivo y no me sentía muy bien con eso. Había estado el año anterior entero y ya estaba en la preselección nacional. Eso marcaba. En el torneo me luxé la muñeca y fue un año de parón. Me llamaron y dijeron que hacía falta mi plaza para que viajaran unos muchachos. Me tenían que dar la baja por lesión, cuando luego podía seguir jugando".

A pesar de todo, le quedaría otro capítulo amargo, que esta vez no acabó en lesión y empezó a trazar el camino futuro en el que desembocaría su carrera.

“Más tarde me llamaron para que fuera de invitado, pero estaba desmotivado. Sin embargo, los entrenadores no eran los mismos y volví. Se presentó de nuevo un viaje a China, estaba abriendo regular con Cubillas y dijeron que debíamos hacernos pasaporte. Yo tenía, pero me lo hice y vi caras nuevas también haciéndolo. Entonces le comenté a Maritinto: 'No voy al viaje. Tú verás'. Y la excusa que se me dio fue que no era matrícula de la preselección nacional y que el pasaporte no se había hecho a tiempo. El equipo lo conformaron y todo el mundo se quedó impresionado. No veía la manera de que me dejaran fuera. Aparecía en la reserva.

“Salí a recorrer todo el malecón del insulto que tenía. No entendía. Al otro día hubo entrenamiento y me orientaron jugar por Capitalinos ante la selección. Lo hice con tanta rabia que todo me salió bien y le ganamos al equipo que iba a China. Mi papá estuvo en ese juego, recuerdo que cuando se acabó lo fui a abrazar y me eché a llorar, porque para mí esa ha sido la decepción más grande que he tenido. Lloré porque no entendía, pues era una cosa que pensaba que me había ganado”, explica.

Tras esa triste experiencia, el amor al baloncesto lo hizo seguir adelante, aunque fuera de la cancha las cosas no iban bien en la familia.

“Fui a la TNA. Tenía a mi abuelo con cáncer y se puso grave. Hablé con él y me dijo: 'Tranquilo, Daniel, todo va a estar bien. Sal y juega'. Fue difícil jugar, porque él estaba enfermo. Fui uno de los mejores jugadores del torneo, conseguí muchos doble-doble, realmente Eduardo Moya me preparó muy bien ese año. Cuando clasificamos, Moya hizo una reunión para comunicar que yo debía venir para La Habana.

“Cuando llegué, vi a mi abuelo. No me reconoció. Al otro día me dijo: "Busca una máquina para que me peles y me arregles. Y cuando regresé vi que estaba a punto...”, cuenta Daniel Simón con lágrimas al borde de sus párpados.

Luego, vino el parón por la Covid y el básquet continuó siendo su refugio. Aprovechó el tiempo para prepararse y no perdió la forma, lo cual lo hubiera puesto en ventaja si hubiera decidido volver a la preselección.

“Durante la Covid me volvieron a llamar y le comenté al profesor Moya lo que había pasado anteriormente y le dije que quería ir; pero les pedí que me dieran la certeza de que iba eliminarme como matrícula y que no iba a preparar a otros jugadores... Fui el primer día, no sentí que pudiera a ser diferente y no fui más.

“Me sentía mal estando en un lugar sabiendo que no voy a luchar por un puesto. Tras esta Liga recibí la propuesta y no es que no vaya porque no quiero, pues representar al país es lo que desea todo el mundo, pero en estos momentos las metas no son afines. Entonces mi objetivo se convirtió en salir a probar otro básquet y seguirme preparando", sentencia.

https://youtu.be/GCiDvUrc3C4

¿Cómo es la vida diaria de un basquetbolista en Cuba?

El día a día cada cual lo tiene diferente. Si estás en la preselección nacional no tienes vida. Si lo haces por la calle entrenas dos o tres horas, yo mismo hago en ocasiones hago sesiones extra y más tarde salir a buscar lo que toda persona necesita para la casa, preocuparse por que tus padres no hagan una cola. Como capitán he podido conocer más a los muchachos y muchos trabajan o hacen otra cosa aparte del baloncesto, después del entrenamiento. Muchos faltan a prácticas, porque tienen que resolver algo o trabajar.

¿De qué forma se puede mejorar el contexto actual?

Hay muchos problemas que son a nivel de país. Algunas cosas se entienden, otras no. En ocasiones lo único que necesitamos es el mínimo para entrenar: balones y aro. La gente me dice: 'Tú estás jugando, haciendo lo que te gusta'. Pero no están viendo las condiciones que tiene uno para entrenar. Ahora mismo Capitalinos no está entrenando porque no les ponen los aros en la Fonst y nadie sabe por qué. Entonces la gente se busca un contrato para ir a jugar afuera y evitar pasar trabajo, pues es la única manera de salir adelante.

Todo se puede mejorar. Para mí Cuba es un ejemplo: cosas que no se pueden lograr en otros países aquí se logran sin nada. Hay muchos jugadores con talento y lo que se puede hacer es insertarlos fuera a la mayoría. No negar posibilidades, como he visto.

Confiesa que en su tiempo libre juega videojuegos y comparte con los amigos, pues no es muy callejero. Ante la pregunta de qué jugador es el más difícil de enfrentar dice entre risas: “Te diría Jasiel Rivero, pero si él ve esta entrevista se va a creer cosas", comenta y vuelve a sonreír.

“El Papa es muy difícil, pero ya lo conozco mucho, porque Panfet nos ponía a analizarlos. Los jugadores con movilidad y los tiradores me cuestan un poco. Pero hay uno que es un dolor de cabeza: Jaca, no me gusta defenderlo. Es una gran persona dentro y fuera de la cancha, pero uno dice: '¡Ño, de madre!', porque lo hace todo y juega siempre duro”.

¿Los momentos más felices?

Ganar en el 2015 fue un momento top, me preguntas y no se cómo describirlo. También cuando viaje con Capitalinos a un torneo de Fiba Américas. Fui con Osmel Oliva que nunca había jugado con él y es otro gran jugador".

¿Y lo más triste?

La pérdida de mi abuelo. Una de las cosas por las que uno juega es por su familia y estar logrando cosas y que él no esté presente, duele mucho.  

Ahora Simón tiene el reto ante otra meta cumplida. Ya es jugador del Club Saracho, en Bolivia. La oportunidad para crecer y conocer otro baloncesto, siempre con un sueño presente.

“Pensaba que se daría más temprano. Este resulta otro nuevo paso para mi carrera y mi mejoría. La aspiración máxima es llegar a una liga que sea influyente, salir adelante y encontrar el camino que me lleve de nuevo a la selección, porque es un sueño que tengo desde niño”, afirma.

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Voleibolista Ailama Cesé

Ailama Cesé: "es difícil estar a la sombra de jugadoras con tres oros olímpicos"

De pequeña, mucho antes de ser voleibolista del equipo nacional, Ailama Cesé soñaba con ser cantante. Era la mejor voz de su escuela, en Batabanó, un pueblito de Cuba, pero el pánico escénico le impedía entonar la más mínima nota frente a los compañeros, por lo que en cada actuación la niña prefería ubicarse en lo último del coro.

Al final, en cualquier lugar en el que se pusiera, sobresalía por su estatura, pero aquello no era consuelo para mitigar la pena. En una ocasión, una profesora quiso llevarla a realizar unas pruebas para que se dedicara al canto, pero el temor, el destino o quién sabe qué diablos, volvió a aparecer para evitar que emprendiera ese camino.

Eventualmente, aprendería a sortear los obstáculos, mientras se hacía cómplice de sus demonios para poder crecer. No le quedaba de otra, porque de igual forma acabó presentándose antes miles de personas. Ailama Cesé no canta, pero su voz vibra tras cada remate convertido en punto. Su melodía es el voleibol.

***

Tiene 22 años, pero se antoja más joven. Sentada en el borde de un muro, da la espalda a una cancha de voleibol donde juega un grupo de adolescentes que, de vez en cuando, espían a la delgada muchacha que viste los colores del equipo Cuba.

Lleva el número 12, coronado por su apellido. Algunos remates a veces la buscan, quizás por aquello de que la pelota siempre va al mejor. Sin embargo, eso no la distrae de la conversación.

"Mi mamá era entrenadora de baloncesto y cuando yo era chiquita practicaba con ella, aunque en realidad odiaba el deporte para mí, porque había pasado por eso y no quería que fuera deportista. Pero en un momento determinado se tuvo que ir de misión para Venezuela y me quedé dos años con mi papá, que me llevó al atletismo. Sin embargo, ese corretaje no me gustaba y terminando un día un entrenamiento pasamos por una cancha de voleibol... Fue como un flechazo y dije: 'yo quiero estar en voleibol'.

"Me llevaron a la provincia y vieron las condiciones que tenía. Necesitaban niñas para completar el equipo y finalizar el campeonato nacional. Me pusieron a entrenar para participar en el torneo, no obstante, no era matrícula todavía de la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide). En los entrenamientos gusté. Lo único que pude hacer fue bloquear, porque estuve apenas una semana antes de competir. Al año siguiente entré en la beca", recuerda.

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El cambio de vida era inevitable. Ya no iba a ser esa niña de casa que pasaba las horas en el barrio "mataperreando todo el tiempo", sin zapatos, jugando bolas, al bate y hasta al trompo... Además, debía convencer a su madre de que la decisión de entregarse al juego de la malla alta era la correcta.

"Cuando ella regresó, no le quedó más remedio que aceptar mi determinación. Papá me apoyaba obviamente porque él sí quería ponerme en deporte desde hacía tiempo. Ya estaba en la Eide y cuando nos vimos yo había crecido y tenía más estatura que ella. Se sorprendió mucho. Aun así, estuvo renuente hasta hace par de años", dice.

El cambio de entorno fue difícil, pero Ailama Cesé estaba en el camino correcto para encausar su vida.

"Fue difícil, porque era una niña muy sana de las que estaba jugando todo el día con sus amiguitos; aunque sin maldad ninguna y para colmo, del campo... Cuando vine a la Eide en La Habana, niños de mi edad tenían mucha más carretera que yo, porque es así, la vida aquí es muy rápida.

"En lo que yo quería jugar con muñecas esas niñitas estaban en otras cosas. Salir de la zona de confort resultó complicado, pero siempre tenía por dentro la ilusión de decir: '¡Ay! Si llego a la escuela cubana de voleibol, qué rico', pero me daba un poco de miedo al principio el reto de cambiar", afirma.  

No obstante, estuvo becada solo un año, pues un concentrado de jugadoras de todo el país en la Escuela Nacional de Voleibol, para conformar un proyecto con los mejores talentos, le dio otro giro a su realidad. En ese momento tenía solo 12 años de edad.

"Se hicieron pruebas, mediciones... Realmente no poseía tantas cualidades, sí saltaba mucho y creía que atacaba, porque en mi equipo era la que lo hacía, pero cuando vi a las demás, dije: 'no llego'. Al final me captaron entre las tres niñas del año 2000 que lograron entrar", explica.

Había cumplido un sueño y empezaba un camino empedrado en el sitio que vio rematar, bloquear y sacar a referentes como Yumilka Ruiz o Zoila Barros. El conocido Tomás Fernández, formador de algunas de las espectaculares Morenas del Caribe, sería el encargado de pulir a la muchacha de Mayabeque.

"Mi profesor me decía que era muy inmadura e infantil. Lógicamente, estaba en la edad. Es cierto que algunas tenían otra forma, pero habían vivido otras cosas... En ocasiones me sacaban de los entrenamientos, porque me ponía a llorar cuando me salía mal algún ejercicio. Él hablaba mucho conmigo y con las muchachitas desde el principio me llevé bien", recuerda.

Mientras entrenaba, de lejos, Ailama Cesé observaba a figuras importantes como Roxana Giel, Sulian Matienzo y Melissa Vargas, quien le llamaba mucho la atención por la manera "bestial" de pegarle a la pelota.

En los primeros años se desempeñó en la posición de central, pero tiempo después, meses antes de una competencia, decidieron cambiarla para el puesto de atacadora auxiliar.

"Recibir no me gusta y desde el principio tenía dificultad. Me gustaba estar de central, pues disfrutaba bloquear y me encantaba atacar en un pie por la dos. Lo asimilé porque había que hacerlo por el equipo. Lo único que sí me complacía era saltar duro y atacar... Luego todo salió y los resultados fueron llegando", dice.  

Ella resalta algunos resultados que parecen saberle a poco. Aspira a más, aunque se siente orgullosa de una medalla de oro que le arrebataron a República Dominicana en una Copa Panamericana que se celebró en Perú en 2019. El choque se fue al tie break y ella, con 29 puntos, resultó pieza clave en el éxito: "Habíamos perdido mucho con Dominicana y toda la preparación fue pensando en ese rival. Al llegar la competencia les ganamos 3-2 y cogimos oro".

Cuenta que la rutina en la Escuela de Voleibol se repite religiosamente. A las nueve arranca el entrenamiento hasta el mediodía, luego se duchan, almuerzan, descansan poco más de una hora y a las 3 y 30 de la tarde van a las canchas nuevamente. Las limitaciones que enfrenta el centro no pueden frenar el juego.

"Tenemos que entrenar con lo que hay, porque de nada nos sirve estar quejándonos todo el tiempo. No vamos a cambiar nada así. Estamos acostumbradas a esto. Existe un gran déficit de pelotas, nos quedamos cortos y no podemos hacer más nada que adaptarnos y con eso echar pa'lante.

"El gimnasio no es que esté mal. Sin embargo, hay unas mancuernas de menos kilos que hacen falta... Tenemos, pero de mucho peso y las hembras no podemos trabajar con eso. Creo que es algo que se puede conseguir sin necesidad de hacer un gran gasto. Ese es uno de los problemas. El terreno tiene algunas irregularidades que se han ido resolviendo, aunque todavía quedan sitios dañados", detalla.  

Ante ese contexto, el papel de los preparadores cobra una importancia superlativa para contrarrestar los problemas. "Nos alientan, nos explican que no somos las únicas que han pasado trabajo, que han tenido carencias y han salido adelante. Nos orientan hacia lo que podemos hacer a pesar de eso, a tomarlo como motivación para salir adelante y lograr resultados".

Cuando se le pregunta por el entrenador que más ha influenciado su carrera responde sin dudar: "Tomás Fernández. Es quien que me ponía a llorar, el que trabajaba duro conmigo. Me exprimió y me probó en varias posiciones y gracias a eso en Rusia, cuando me cambiaron, pude jugar de opuesta, porque él también me puso a hacerlo".

https://youtu.be/9eoXXbqamCQ

Rusia, el primer año y el calvario de las lesiones

Los remates de los chiquillos continúan rechinando en el suelo. El sol arrecia a medida que se acerca el mediodía. Resguardada en la sombra, Ailama Cesé rememora que sentía tocar techo en Cuba. Los contratos de jugadores de la Mayor de las Antillas en distintas ligas iban incrementándose y, finalmente, le llegó la oportunidad de enfundarse la equipación de un club extranjero.

"Fue después de un Mundial que jugamos en Japón en 2018. Le habían dado baja a muchas figuras que asistieron a los Centroamericanos tras los malos resultados. Entonces tuvimos que asumir y enfrentarnos a equipos de primer nivel como Italia, Turquía, China, y ahí mi desempeño fue bueno y llegó la solicitud de un club ruso.

"Me sentí feliz. Todos los atletas tienen metas. Se empieza desde abajo y ya en el nivel que estaba quería irme de contrato. Era uno de los objetivos y poder lograrlo da una satisfacción increíble y te motiva a seguir adelante y a prepararte", explica.

A pesar de que recibieron otras ofertas pretendiendo sus servicios, la Federación Cubana apostó por el Uralochka Ekaterinburg, donde habían brillado algunas de las Morenas del Caribe en la primera década del siglo XXI. Allá la esperaba el célebre entrenador Nikolái Karpol, miembro del Salón de la Fama de este deporte y conocido por su carácter impetuoso. La mención del técnico le dibuja una sonrisa.

"Trabajar con Karpol... Dentro de la cancha tienes que hacer las cosas como van. Te grita, pero nunca te falta el respeto. Jamás vas a ver eso. El alza la voz porque es su forma de dar orientaciones, no es que sea grosero. Fuera del terreno es totalmente diferente, puedes hablar con él lo que quieras, es un amor de persona", dice.

La vida y el entorno de su deporte en Rusia eran distintos a las que Ailama Cesé había conocido en Cuba.

"Las condiciones son distintas. Tienes tu cancha, una buena cantidad de pelotas, un gimnasio acorde a lo que deseas hacer. Todo está ahí. Lo que sí golpeó mucho fue el frío, pero en términos de voleibol es muy similar a la Escuela Cubana: pase alto.

"Cuando entrenaba y jugaba me parecía como si estuviera en un equipo cubano. Tenemos como fuerte el ataque, el saque y el bloqueo y allá también era así. Los entrenamientos muy semejantes. Sin embargo, no siempre entrenamos con Karpol. La mayoría del tiempo lo hacíamos con su nieto Mikhail Karpol, que es joven y se ponía a buscar mucho lo que hacían los equipos que están arriba en los rankings. Además, incluía videos motivacionales de gente que ha logrado cosas grandes. El voleibol se juega ahora más rápido y trataba de poner ejercicios para mejorar otro tipo de aspectos y conseguir que evolucionáramos", explica.

El frío y la comida era lo que más la molestaba. Soportó temperaturas de hasta 30 grados bajo cero y pasó casi la temporada entera comiendo espaguetis. En su primer año se colgó la medalla de bronce, pero la aparición de la pandemia de Covid 19 lo trastocó todo y fue la antesala a un pequeño calvario que poco a poco pudo superar.

"A finales, llegó el parón por el Coronavirus y nos mandaron a casa. Regresé a Batabanó. Todo estaba cerrado. El único combinado deportivo que había también se encontraba cerrado y ni siquiera podía correr en la calle, porque tengo unos problemas en la rodilla que me lo impiden. Entonces, hacía lo que podía en la casa.

"Cuando volví a Rusia para la segunda temporada las muchachas ya estaban atacando, haciendo complejo 1 y 2 y yo tenía un buen déficit de entrenamiento. Aun así, desde el primer momento me pusieron a atacar, a pesar de que expliqué mi situación.

"Al poco tiempo percibí unas molestias en el hombro. Me fueron a hacer un chequeo de la rodilla y les dije que me realizaran una resonancia en el hombro. En un principio se negaron, pero lo exigí y cuando salieron los resultados, efectivamente, estaba lesionada y no podía seguir atacando. Me enviaron para acá a operarme en el hospital Frank País con el doctor Ricardo Jesús Tarragona, a quien aprovecho para agradecerle por el gran trabajo que hicieron conmigo. Él, su equipo y el colectivo del área de Fisioterapia resultaron fundamentales", dice.

"Hay gente que dice que después de que te operas no es lo mismo y eso me daba un poco de miedo, pero con respecto a las lesiones siempre he sido fuerte y sabía que iba a volver a jugar, porque he jugado con dolores como muchos deportistas. Entonces, trataba de no hacer caso a esos comentarios negativos", recuerda.

Seis meses estuvo recuperándose Ailama Cesé en la Isla. Sola, en la escuela de voleibol, muchas veces sin supervisión y pidiendo consejos para tratar bien a su cuerpo y regresar a Rusia en las mejores condiciones posibles.

"El tercer año fue de crecimiento para mí. Después del tiempo que pasé aquí, llegué y me pusieron a atacar sin ninguna revisión previa. Llevé los resultados de las pruebas que me había hecho en Cuba antes de irme y con eso se quedaron. Al principio tenía mucha molestia. No podía hacer mucha fuerza, porque el hombro se me caía y pedí que me hicieran una resonancia de nuevo. Tenía una lesión grave y si seguía atacando debían operarme una vez más", detalla.

A pesar de la tensión generada por tener a una jugadora extranjera sin poder jugar, la decisión del club fue la correcta: parar y empezar desde cero para ver si podía llegar en forma a la postemporada. Hielo, corriente, magneto y fortalecimiento acompañaban las jornadas, interminables por la ansiedad de querer pasar la vida en el tabloncillo.

"Casi la temporada entera fuera y era difícil. Estaba sola en un cuarto y por las noches se me salían las lágrimas y estaba en el desespero de querer jugar, sabiendo que debía esperar porque si no, iba a ser peor. Hablaba con mi mamá, pero no es lo mismo, la gente está lejos y a veces extrañaba un abrazo de ella. No sé si el club llegó a pensar en un momento determinado que no quería jugar para ellos.

"Espero que no, porque en realidad nunca fue mi intención. En ocasiones notaba extrañas las miradas de las personas alrededor que, aunque te motivaban, sentías como el aquello de que te están pagando y no estás jugando", cuenta.  

Mientras la temporada pasaba y nada parecía poder sacarla de la monotonía, el oscuro ciclo que empezó con la pandemia se cerraría para ella, curiosamente, tras contraer Covid.

"Fuimos por la Champions a un juego en Turquía y después de este partido para regresar a Rusia nos hicieron un PCR y di positivo. Tuve que permanecer 12 días en Turquía. Me quedé en un hotel, trabajé un poco, pues obviamente me sentía mal. Sin embargo, tras aquellos días me encontré mucho mejor del hombro, al parecer necesitaba un descanso, porque habíamos hecho una labor fuerte en la zona. No se me quitó el dolor por completo, pero sí creía que podía atacar y se lo dije al entrenador. Estábamos llegando al final de la liga", rememora.

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La final y un episodio de racismo en su contra que dio la vuelta al mundo

Infiltrándose, regresó a sus aguas y en los playoff la esperaban impacientes, para formar parte de un resultado relevante para la entidad de los Urales.

"Fue inolvidable. Teníamos la convicción de que íbamos a avanzar, pero la semifinal era con el equipo de Kazán. Queríamos ganar, pero como que no había mucha fe. Sin embargo, en las duchas, luego de eliminarlas, la capitana del equipo y yo nos dimos cuenta de que éramos las únicas que teníamos el convencimiento de que pasaríamos, porque todas las demás decían: "¡No me creo que hayamos ganado a Kazán...!'.

"En la final estábamos un poco más cansadas, a veces no había descanso de por medio. Pero igual dimos una buena final, porque no fue 3-0, el Lokomotiv Kaliningrad tuvo que luchar los cinco partidos y para nuestro club fue un excelente resultado, porque había sido un año de contratiempos y lesiones", detalla.  

Ailama Cesé anotó 115 puntos en toda la final y fue una de las puntales de su conjunto. Lástima que semejante desempeño quedó a la sombra, por una frase racista emitida por el entrenador del Lokomotiv, Andréi Voronkov, que dio la vuelta al mundo. "¿Por qué no bloqueas de nuevo a esa mona?", le dijo a una de sus jugadoras.

"Terminamos el partido, nos montamos en la guagua y estaba escribiéndole a mis familiares. Les contaba que habíamos perdido, pero que estaba contenta, pues era una medalla importante, porque desde 2015 no se llegaba a una final y el club estaba satisfecho. Entonces veo a los entrenadores y compañeras viendo un video y escucho que el coach dice algo de racismo, pero en ese momento ni pensar que tenía algo que ver conmigo. Sí los sentía a todos muy preocupados por mí y preguntándome cómo estaba...

 "Al otro día, por la noche, hubo una cena que el club organizó a modo de agradecimiento. Abrí Instagram y un fan de Perú me había mandado una foto que circulaba por las redes con lo que había pasado. Miré a una compañera y le pregunté: '¿Esto pasó en el juego?'. Ella me contestó: 'Sí, todo el mundo lo sabe'. Para colmo en esos días me empezaron a subir los seguidores en Instagram y yo diciendo: '¡Ehh! Eso fue porque jugué bien la final' y luego me di cuenta al ver el video que estaba por todas partes con el tema este del racismo", dice.

Con tranquilidad, asegura que el incidente no la dañó y afirma que es una pena que haya ocurrido en su última campaña con el Uralochka. Las muestras de apoyo, sobre todo las de su gente de Batabanó, no las olvidará.

"Yo estaba muerta de la risa. Me preguntaba: '¿En serio?'. Lo que puse en las redes sociales es lo que realmente sentía. No me afectó en lo absoluto. Ni me lo creía. Todos estaban esperando la reacción mía y nadie me lo había dicho, pero ya el club había mandado una carta para la Federación.

"El problema no lo tengo yo, sino él... Haya sido en el contexto en el que haya sido. No tengo nada contra él, ni contra el equipo. Da la casualidad de que ocurrió en mi último año de contrato y todo el mundo pensó que me iba por lo que ocurrió. Muchas personas me escribían preguntándome si me marchaba por eso... Lástima que era la última temporada", explica.

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¿Por qué declinar las ofertas de renovación de una entidad como Uralochka?

"Las rechacé porque, además de que el clima es bastante frío, quiero aprender otras cosas, jugar un poco más rápido, ver lo que se hace en otras partes del mundo. También, como terminé con dolor, quiero recuperarme bien para seguir a tope. Estoy joven, no hay necesidad de apurarse.

"La próxima temporada me iré a jugar a Rumanía con el Clubul Sportiv Rapid Bucuresti. Todo el mundo se eriza cuando lo digo. Hay una diferencia entre Rusia y Rumanía, pero tiene que ver con lo que he explicado. El club al que voy quiere recuperarme del hombro. El entrenador sabe que estoy operada, que necesito tiempo. Me piensan poner también de auxiliar. Aquí en Cuba soy atacadora receptora y en Rusia jugaba de opuesta, es decir, estuve tres años sin recibir. Ese entrenador me da la posibilidad de trabajar la recepción. De ahí viene la decisión. Tampoco es una liga mala. El torneo está lleno de extranjeras y los equipos están parejos, por lo que debes entregarte siempre. Entonces, no voy a dejar de desarrollarme. Obviamente no tomaría un camino que afecte mi carrera como deportista".

El voleibol en Cuba y la vida fuera del deporte

Haber visto otros niveles de voleibol, la dota de diferentes elementos para analizar con mayor profundidad la situación actual por la que atraviesa la disciplina y llama la atención que gran parte de las soluciones, en su opinión, pasen por el aspecto psicológico.

"Es necesario cambiar la mentalidad de las jugadoras. Cierto que somos jóvenes y no hemos tenido un buen espejo, pero ya hay algunas que hemos salido de contrato y hemos visto cómo se juega afuera. El ser profesional y trabajar para tu crecimiento como atleta está faltando y la proposición de metas, trabajar por un objetivo. Debe existir compromiso individual y eso influye en el equipo. Haciendo bien tu trabajo ayudas al colectivo", refiere.

Ailama Cesé afirma que no modificaría una sola escena de su pasado si eso significara que la realidad de hoy pudiera ser distinta. Es feliz pasando tiempo con la gente que quiere, la que suma sensaciones positivas a su vida.

De vez en cuando medita, lee un libro y escucha música en inglés, fundamentalmente de Beyoncé. Son cosas que la hacen sentir plena, y alejarse de comentarios negativos y mal intencionados que solo buscan desmotivar.

Con los pies puestos en la tierra, se impone metas a corto plazo: "Entrar en podio en los Centroamericanos y después en los Panamericanos”.

"En lo personal, quiero llegar lo más lejos que pueda sin tantas lesiones y poder ayudar a mi familia a salir adelante y a mi equipo aquí con las otras muchachas que se han ido de contrato para que el voleibol cubano tenga buenos resultados otra vez. Es difícil estar a la sombra de jugadoras con tres oros olímpicos seguidos, eso es de verdad increíble. Pero creo que sí se pueden obtener mejores actuaciones que las que se han visto en los últimos años", afirma sobre el fardo pesado de las coronas que lograron las legendarias Morenas del Caribe.

La bola pica y pasa cerca una vez más. Dice una canción de Beyoncé que "el sendero nunca fue pavimentado con oro", eso Ailama Cesé lo sabe y sabe también, como reza la letra en cuestión, que muchos quieren ver cuán lejos llegará.

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Voleibolista cubano Marlon Yant

Marlon Yant: “que me comparen con Wilfredo León es un elogio”

Algunos lo comparan con Wilfredo León, otros con Alessandro Michieletto, por la edad y proyección. Esto, que representaría una presión desmedida para otros, a Marlon Yant le agrada, contrario a lo que pudiese pensarse, pues lo ve como un reto.

A sus 21 años, este voleibolista cubano es toda una realidad. Dejó de ser ese supertalento para convertirse, en la actualidad, en uno de los mejores jugadores del mundo. No cualquiera brilla en la Superliga Italiana y es figura con su selección.

Del techo de su juego pocos hablan. ¿Cuál sería el de un jugador que está llamado a marcar una época? No por gusto debutó con la selección siendo un adolescente y como lleva tantos años en los focos de atención, algunos olvidamos que sigue siendo el mismo adolescente.

Todo esto quedaría en nada, todas esas proyecciones y futuro que se le presagian, sino fuese el profesional que es y no hablara con esa confianza tan necesaria para creérselo.

Su vida se ha basado, constantemente, en demostrar lo que otros esperan de él. Por estos y otros motivos, muchos lo dicen: Marlon Yant es uno de esos jugadores que salen cada cierto tiempo.

https://youtu.be/fcbiG4gAq6Y

¿Cómo llega Marlon Yant al voleibol, pese a ser hijo de una gloria del baloncesto cubano?

Fue cuando tenía 9 años, en un pueblo que se llama Esperanza. Entonces, vi a algunos muchachos jugando este deporte, y me embullé con ellos. Después, un profesor me vio, por la estatura que tenía, y así empezamos. Pero practiqué un poco de pelota, hasta los 9 años.

Tu mamá es Grisel Herrera, una basquetbolista cubana que estuvo hasta en tres Juegos Olímpicos, que fue campeona centroamericana. ¿Te impulsó ella hacia el deporte, te inspiró de alguna manera?

No, no me impulsó. Desde chiquito, me gustaba el deporte, igual que el baloncesto, aunque nunca lo practiqué, pero sí me inspiró como atleta. Yo quería ser grande como ella y hasta superarla.

Quería llegar a unos Juegos Olímpicos y alcanzar una medalla. Pero, en realidad, entré al deporte solo. Me ayudó, entonces, a comprender lo que era el sacrificio y la disciplina de un atleta.

¿Cómo fue el proceso de evolución tuyo? Me parece que fue rápido, pues llegaste muy pronto al equipo nacional.

Entré cuando tenía 15 años y ahí, el profesor Nicolás Vives me colocó con el primer equipo. Empecé con el sub-23 y sub-21. Después, hubo una competencia con el equipo nacional en Canadá, en la que no pensé que estaría y me llevaron. A partir de ahí, fui integrándome cada vez más, hasta que me quedé en el equipo nacional.

¿Te sentiste presionado al haber llegado tan pronto a esos niveles?

Un poco sí, porque era el más joven del equipo, y tenía que estar al nivel de mis compañeros, alcanzarlos; pero era también lo que yo quería, mejorar.

También tu generación tuvo que asumir una responsabilidad un poco apresurada. El tiempo de ustedes, quizás, debió llegar un poco después, pero debido a diversos problemas, se les apuró. ¿Cómo lo manejaste?

Fue difícil para nosotros, pero no nos quedó otra que asumirlo. No nos convenía que fuera así, pero al final fue lo que sucedió, y resultó una oportunidad para ir trabajando y mejorar como equipo.

Grisel Herrera, gloria del baloncesto cubano, contó a esta revista sobre su hijo, Marlon Yant:

Tuve mi culpa en que él no fuera baloncestista. Traté de desviarlo del básquet. Primero, porque veía que las matrículas eran mayores en el voli y eso favoreció. Además, tenía una ESPA Nacional. Marlon siempre fue un niño alto, jugó pelota en las provinciales pioneriles y el profesor de voleibol lo pidió prestado al de béisbol para que fuera a una competencia. A un mes de haberlo practicado, más o menos, lo vio el comisionado de voleibol, le preguntó si quería irse para la EIDE y él aceptó. Le aconsejé que debía ser serio y empezó en quinto grado.

Le gustaba más el baloncesto. A veces lo iba a ver al terreno y me decían que estaba con el entrenador practicando baloncesto, pero ya después fue cogiendo seriedad y empezó a tener éxitos en el deporte de la malla alta. Es un orgullo tener a un hijo con el talento de Marlon, aunque sufro cada derrota. Estoy contenta de sus resultados y de cómo ha crecido como atleta.

Es bueno que pueda jugar como profesional en la liga italiana y que tenga su vida garantizada económicamente. No obstante, eso tiene cosas que no me gustan mucho porque ven a los atletas como una mercancía y se habla de ellos como si fueran un objeto para hacer negocios; pero así es como se vive en el mundo y tenemos que adaptarnos y tomar lo bueno.

He tratado de guiarlo, de que haga lo mejor, para que cogiera el buen camino. Yo me fui con él para Francia desde su primer contrato. En este no estoy debido a la pandemia, porque las embajadas acá están cerradas y no dan visas; si no, estuviera con él.

Desde aquí le aconsejo que se cuide de la COVID. Deportivamente, que se entregue y sacrifique diariamente; que no se conforme y busque un objetivo más adelante. Le digo que todavía es el hijo de Gricel, que cuando sea olímpico, cuando gane competencias, entonces puede decir que empieza a ser grande. Le falta mucho por aprender.    

Son constantes mis palabras para que no pierda la humildad, la modestia y que disfrute cada instante de juego. Marlon mide 2 metros y 5 cm, pero lo veo como mi niño. En el equipo nacional es el menor de edad, pero le hablo fuerte, a veces. Le digo que tiene que ser hombre siempre en su comportamiento. Es muy controvertido, parece arrogante, pero no lo es. No habla mucho, aunque con sus amigos sí. Es alegre y se recupera de los desaires y eso me gusta.

Estoy en tiempo de descuento: voy para mis 50, pero si mi hijo se lo propone, tendrá un futuro promisorio si pone todo su empeño, no solo en el exterior, sino con el equipo nacional. Siempre estaré a su lado para acompañarlo en sus victorias y derrotas. Quiero aclarar que no voy a ser la abuela que cuida a los nietos. Dejé de entrenar para cuidarlo a él, pero si me necesita donde sea, ahí estaré.  

Tengo mi casa en Villa Clara y la estoy acondicionando con mis comodidades para mi vejez, porque sé que no es lo mismo una persona mayor en el exterior que en Cuba. No estoy para causarle trabajos, ni quiero depender de nadie. Si me necesita en Alaska, allí estaré, aunque por ahora pienso que puede ir andando solo. Mi hijo hará su vida, su familia, pero yo retorno a mi base.   
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Ya eres parte de la generación que ha ido saliendo, poco a poco, a ligas internacionales. ¿Te cambió mucho la perspectiva del voleibol, de solo entrenar para competir con la selección nacional, a estar compitiendo todos los días? ¿Cómo fue la adaptación?

Pienso que, como todo cubano, nos adaptamos bastante rápido a eso, pero sí era muy diferente. Ahí terminas un partido, y ya tienes que pensar enseguida en el próximo, que es cada dos días o tres días, y tienes que trabajar constantemente.

Tienes que ver qué sucedió en el partido anterior, qué tenemos que hacer, estudiar al contrario. Pienso que sí, me fui adaptando y viendo mi nivel.

Cubano Marlon Yant
Marlon Yant, jugador cubano de voleibol

El paso por el Chaumont, equipo francés, implicó un cambio de cultura. ¿Cómo te fue con el idioma?

Me chocó el idioma, pero había personas que hablaban español y me podían ayudar. Llegué al equipo como el cuarto auxiliar. Nadie me conocía, pero le gusté al entrenador. Se lesionaron los titulares, y tuve chances de jugar. Lo hice bastante bien y terminé siendo titular toda la temporada. Las personas son un poco frías en Francia, no es como el cubano. Pero al final, uno se adapta.

Era también la primera vez que estabas fuera de Cuba durante mucho tiempo, lejos de la familia, las amistades. ¿Te costó en lo personal?

Extrañé a la familia, pero no sentí nostalgia, porque estaba haciendo lo que quería hacer. Estaba creando mi camino, fue la primera puerta que se me abrió, y entonces, estaba contento. Era mi oportunidad para demostrar.

Después vino un momento definitorio en tu carrera, cuando llegaste a Lube Civitanova, uno de los mejores equipos. Arribaste en una situación parecida a la del Chaumont, para desempeñar un papel en el cual, no tendrías mucho juego. ¿Estabas preparado para este nuevo reto?

Sí, estaba consciente. Sabía que era uno de los campeonatos más difíciles del mundo y que tenía por delante a jugadores expertos como Osmani Juantorena y Yoandy Leal [también cubanos, pero nacionalizados por otros países].

Lo primero que tenía en mente era llegar para aprender de ellos y ver mis dificultades en el juego. Aprendí mucho de los dos, al igual que de Robertlandy Simón, aunque no sea mi posición, pero es una persona única. Me llevé mucho por la forma en que se entrega, las formas en que quiere hacer las cosas, la ambición que tiene de ganar.

¿Cuánto influyó estar con ellos en club, al ser cubanos los tres, en tu proceso de adaptación?

Sí, también me ayudaron con el idioma. También quiero agradecer a mi novia, que siempre estaba pendiente a mí. Ellos me explicaron cómo funcionaba el voleibol en Italia.

Recuerdo que una vez Leal no estaba teniendo un buen partido, y me pusieron a mí y cometí un error y me sacaron. Después, él vino a donde estaba yo, y me dijo que cuando entrara al campo tenía que ser el mejor. Eso se me quedó en la mente, y trabajé cada día más en eso.

Voleibolista cubano Marlon Yant
Marlon Yant, jugador cubano de voleibol

En Italia existe la reglamentación de que solo puede haber tres extranjeros en cancha. ¿Cuánto te restó eso la posibilidad de jugar?

Al principio, fue muy complicado. Al lesionarse Juantorena, el otro auxiliar era Ricardo Lucarelli. Pero al tener una cantidad de extranjeros permitidos, no podía jugar, porque sabemos que Simón era el alma del equipo.

Después sí fui muy importante para el equipo y en los partidos lo demostré. Con la entrada de Iván Zaystsev, italiano, pude jugar más y disfrutar de más minutos.

Durante el año pasado, te terminaste de asentar más en el equipo, aunque el inicio, todo fue un poco lento porque estabas en el Mundial sub-21 y tuviste también ciertos problemas de lesiones. La “explosión” llegó en el Mundial de Clubes.

Estaba muy emocionado por jugar mi primer Mundial de Clubes. Fue uno de mis mejores campeonatos, muchas personas me vieron y me di a conocer. Le di a entender también a los entrenadores que valía la pena tenerme en el campo y que estaba aportando al equipo.

Después, en la postemporada, sí fuiste titular, incluso de los más importantes en la final contra el Perugia de Wilfredo León, y lograron ganar el título. ¿Cómo recuerdas esos momentos?

Fue muy difícil, porque en la semifinal estábamos perdiendo dos juegos a cero, y pudimos remontar. En la final estábamos muy motivados por venir de esa semifinal. Pensábamos que no teníamos nada que perder, que íbamos a buscar el campeonato y podíamos hacerlo. Así salimos el primer día en Perugia, donde ganamos, y ahí el equipo se lo creyó más.

Muchos han llegado a decir que puedes ser el próximo Wilfredo León. ¿Qué crees al respecto?

Que me comparen con León pienso que es bueno, pues para mí es el mejor del mundo, es como un elogio. Pero él es León y yo soy Marlon Yant. Llegar hasta donde está él no estaría mal, y superarlo, sería mucho mejor.

Supongo que, para la temporada que viene, estés mucho más asentado en la Lube Civitanova y que intentarán de nuevo buscar el título.

Sí, aunque pienso que será difícil, porque este año han cambiado un par de jugadores, pero en eso trabajaremos.

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Eres parte de una selección nacional que ilusiona a los seguidores del voleibol cubano. Han logrado muy bueno resultados en eventos recientes. ¿Qué opinas del desempeño y las proyecciones del conjunto?

Vi a los jugadores muy emocionados por estar de nuevo en el equipo nacional, por encontrarse. No trabajamos mucho antes de llegar a Pinar del Río. Pienso que el equipo ha mejorado bastante, como hacer un buen papel para el Mundial.

El voleibol cubano sigue dando muchas figuras y, creo que es una cantera inagotable. Generación tras generación, siguen saliendo muchos voleibolistas. ¿A qué crees que se deba que en Cuba existan tantos voleibolistas y tan buenos?

Pienso que, sobre todo, se debe a la base de donde salimos, a los entrenadores de esas categorías y, sobre todo, al sacrificio que nosotros como cubanos hacemos cada día, para mejorar nuestra vida y llegar a lo más alto del mundo.

¿Es bien atendido el voleibol en Cuba? ¿Se les da todo lo que merecen?

En el país no tenemos buenas condiciones en el momento, estamos pasando por un período difícil. Pienso que hacen todo lo posible para darnos lo mejor que tengan.

Para el Challenger, Miguel Ángel López me decía que estaba seguro de poder vencer y que, en el Mundial, el partido era contra Japón. ¿Cómo lo ves?

Diría que sí. El partido es contra Japón, que para mí es muy difícil, porque son jugadores que tienen características opuestas a nosotros. Defienden y reciben mucho, y nosotros somos conocidos como buenos atacadores, y nos falta la defensa de campo.

Has mejorado tu recibo en Italia, algo que ha elevado tu juego.

En Italia, trabajé todo el año la recepción. Por las mañanas, antes de hacer las pesas, media hora o cuarenta minutos de recepción casi todos los días, y pienso que he mejorado mucho. También me he preparado mucho para la selección.

¿En qué te ha hecho mejorar y cómo te ayuda en cada partido la tecnología?

Son cosas que nos ayudan a preparar y conocer al contrario. Por ejemplo, me ayudaba para saber en qué rotación atacaba más el central y podía darle una mano; o, por ejemplo, contra el Perugia en partidos importantes, si era bola para un central o León. Y yo en la mente lo sabía, estaba preparado para eso. Si no sucedía así, no importa, para la otra, pero el objetivo era eso, parar a esos dos hombres que eran fundamentales en esos puntos. Lo otro podía suceder.

¿Ven situaciones de partidos el día antes? ¿Se preparan a nivel individual?

A veces, cuando terminamos los entrenamientos, se ven partidos en la televisión de los contrarios. Pero, sobre todo, en el día del juego analizábamos a dónde atacar, a dónde sacar; hacia dónde va el pasador. Estudiamos bastante.

Este uso de la tecnología es algo que en la selección nacional no tienen. Eso los hace salir en inferioridad contra el rival. ¿Les falta esa herramienta para entrar más seguros y preparados a los partidos?

Ahora no tenemos eso. Como equipo, lo estamos tratando de conseguir, el Data Volley, con alguien que lo sepa manejar para, poco a poco, incluirnos en el primer nivel.

https://youtu.be/d-VVws0ktQM

¿Influye la tecnología en los resultados?

Influye, sí. Al más alto nivel ayuda, pues todos los jugadores trabajan así. Puede ser que tengas experiencia y seas un buen jugador y hacer esas cosas sin esto, pero eso te lo da la práctica. Por ejemplo, algunos jugadores saben que, en las primeras pelotas, el opuesto ataca por la línea, y luego van a la diagonal. Si no te lo dicen, lo tienes que hacer por intuición. Esos son puntos que se van por esas cosas. Sería bueno tenerlo para el Mundial, para todos los torneos.

Tienes ya el idioma el italiano, hasta cierto punto, incorporado.

A veces, se me van algunas palabras. Todo el año hablando en ese idioma con las personas, y a veces pienso que, cuando quería hablar con Simón, por ejemplo, me costaba decirle las cosas en español, y se lo decía en italiano, porque era lo que más rápido me venía a la mente.

Te has adaptado muy bien a Italia.

Sí, me gusta mucho, estoy cómodo. La gastronomía muy bien. Tengo al nutricionista y le digo solo a mi novia qué tengo que comer.

Te ha cambiado mucho la vida por pasar del amateur al profesional. Eso te ha ayudado a tener más tranquilidad económicamente, a poder ayudar más a la familia, algo que no podías hacer estando en Cuba todo el año.

Pienso que sí, me ha ayudado mucho sobre todo en estos aspectos, y espero seguir así y seguir mejorando.

Todavía eres muy joven, te queda mucho camino, pero tengo que preguntarte las aspiraciones que tienes.

Quiero ser uno de los mejores voleibolistas del mundo. Ganar unos Juegos Olímpicos o una medalla, al igual que un Mundial, que son las principales competiciones. Quiero ganar muchos trofeos.

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Futbolista cubano Modesto Méndez del Inter de Miami II

Modesto Méndez, un cubano convocado contra el Barça: “me dolió dejar a mi papá en Cuba”

Cuando el FC Barcelona enfrentó al Inter de Miami en un partido amistoso en Estados Unidos, este suceso adquirió una connotación especial para el fútbol cubano, debido a la presencia de un jugador de la Isla en el encuentro: Modesto Méndez, quien, aunque no jugó, presenció el partido desde la banca.

Este joven emigrado, defensor del Inter de Miami II, ha recibido ya convocatorias para partidos de la MLS, aunque todavía ansía concretar su debut en el máximo circuito del balompié norteño y también, quién sabe, probarse un día en los circuitos de Europa.  

Modesto Méndez emigró hace unos años hacía Estados Unidos y nunca abandonó el sueño de jugar fútbol de forma profesional. Su camino, por cosas de la vida, lo ha llevado de vuelta a casa: a ser llamado para integrar la selección nacional antillana, como parte de los bautizados “legionarios”.

En su caso, es uno de los jóvenes cubanos con talento, cuya carrera ha ido en progreso en estos últimos años, para desmentir aquello de que La Mayor de las Antillas, tierra histórica de peloteros, no produce futbolistas. Además, con importantes logros en su carrera a tan corta edad, se perfila como una importante pieza en cuanto al presente y futuro de esta disciplina para el principal combinado de la isla.

Para conocer de primera mano detalles de su incipiente carrera deportiva; sobre cómo se abrió paso en un nuevo país; sus aspiraciones y de la experiencia de enfrentar al FC Barcelona, conversó Modesto Méndez con Play-Off Magazine.

¿Cómo llegas al deporte? ¿Qué te motivó a decidirte por el fútbol?

Como todo niño, practiqué muchos deportes. Los primeros fueron el judo y el boxeo, aunque en este último no me llegué a poner ni los guantes, pero estuve unos días entrenando. Cuando estaba en la escuela primaria, en la Educación Física, se jugaba mucho fútbol, y un día pasaron los profesores Mayito y Julio quienes, al verme jugar, me captaron para entrenar: por ellos, me decidí. 

Al principio, era como un hobbie para mí, lo hacía para divertirme y tener ocupadas las tardes. Con el paso del tiempo, fui mejorando y llegué a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE), donde participé en varios campeonatos escolares y juveniles.

Futbolista Modesto Méndez
Futbolista Modesto Méndez

¿Cuáles fueron los principales entrenadores que tuviste? ¿Tenían las condiciones necesarias para trabajar con ustedes?

Para mí, los principales entrenadores que tuve fueron los que te mencionaba anteriormente, pues ellos me dieron el arranque, la fuerza, la motivación y las herramientas para ser un buen futbolista. Recuerdo que me decían: sigue en este deporte, que tienes talento y vas a llegar lejos.

En Cuba, las condiciones son limitadas y por entonces, teníamos carencia de utensilios e incluso para trabajar había una sola pelota. Éramos 10 muchachos, ya te puedes imaginar las condiciones. Esos entrenadores se sobrepusieron a esas adversidades y dieron lo mejor de ellos para que saliéramos adelante.

¿Por qué decide Modesto Méndez emigrar a Estados Unidos?

La causa principal fue que me decepcioné cuando me dejaron fuera de una selección nacional en las categorías menores. Recuerdo que se año tuve una excelente preparación, jugué muy buenos partidos y, aun así, me dejaron fuera.

Mi mama vivía aquí en Estados Unidos hacía ya 6 años y, después de esa decepción, le dije que me arreglara los papeles que quería irme del país.

¿Cómo fueron esos primeros momentos al llegar a Estados Unidos, una nación completamente diferente?

Siempre tuve en mente que, cuando llegara a Estados Unidos, me iba a dedicar al fútbol, pero, aunque entrenaba en las tardes cuando podía, lo primero que hice fue trabajar durante un año, aproximadamente.

En realidad, no fue muy difícil la adaptación a este nuevo país, en donde vivo con mi mamá y mi hermana. Como tengo familia, no he estado solo y todo me ha ido bien desde que llegué a Estados Unidos. Lo único que me dolió, cuando vine hacia aquí, fue que tuve que dejar a mi papá en Cuba, pues siempre he sido muy unido a él, porque fue quien me crio.

¿Qué importancia ha tenido en tu carrera el Fortuna Soccer Club?

El Fortuna fue mi casa al llegar a Estados Unidos y me abrió las puertas hacia el profesionalismo. Cuando vine a Estados Unidos, llamé a Jorge Luis Corrales [futbolista cubano] quien es un gran amigo y muy buen jugador. Recuerdo que le dije: “Quiero jugar fútbol”, y él me dijo: “Ven para acá, conozco un club en el que puedes empezar”. Así fue como conocí a Mario Lara, alguien a quien considero mi segundo padre, y a quien le estoy muy agradecido por todo lo que me ha ayudado.

¿Cómo ocurrió el cambio al Inter de Miami?

Después de estar un tiempo jugando con el Fortuna Soccer Club, Mario me dice: “Van a hacer un estadio en Miami y una franquicia importante está buscando nuevos jugadores. Lo cierto es que ellos fueron a ver los juegos del Fortuna y después de observarme jugar, se pusieron en contacto conmigo.

¿En qué momento se encuentra tu carrera actualmente en el Inter de Miami II? ¿Ves cerca la posibilidad de debutar en la Major League Soccer (MLS)?

Me siento bien, estoy cerca de mi familia, me tratan bien y estoy enfocado en mi carrera. Yo entreno toda la pretemporada con el primer equipo, ya tuve hace algún tiempo mi convocatoria para la MLS, pero sigo trabajando y espero la oportunidad para hacerlo bien. Debutar en la máxima categoría del fútbol estadounidense será un sueño, pero, por el momento, trabajo día a día para hacerlo realidad.

¿El salario que percibes por parte del club da para vivir? ¿Sucedía lo mismo en Cuba?

Sí, me da para vivir con lo que cobró aquí e, incluso, con eso puedo ayudar a mi papá en Cuba. Yo me fui de Cuba siendo estudiante aún, con 18 años, por lo que nunca cobré. No sé decirte si allá, el salario me hubiese dado para cubrir mis necesidades esenciales.

¿Es el fútbol un deporte atractivo para los jóvenes estadounidenses? ¿Cómo ves el ambiente y el seguimiento a este deporte en dicho país?

El fútbol es muy atractivo para los jóvenes de aquí. Además, la MLS ha aumentado mucho su nivel. A eso, súmale que están llegando a la liga muchas estrellas de Europa y eso llama mucho la atención de los jóvenes. Una vez que el fútbol llega a los corazones de las personas, jamás se va.

https://youtu.be/g8GNUu_awdk

El FC Barcelona disputó un encuentro de pretemporada contra el Inter de Miami y fuiste convocado para este importante desafío. ¿Cómo viviste ese momento? ¿Qué te llevaste del estilo de juego de dicho equipo?

La noticia de mi convocatoria para el juego contra el Barcelona no fue sorpresa, porque, como te decía, ya tuve hace algún tiempo, mi convocatoria para la MLS y entreno con el primer equipo. Te confieso que sí me alegró, fue un sueño y una aventura más en mi carrera. Fue muy bonito verlos jugar, aunque fuera desde la banca, pues ese es el equipo que más observo internacionalmente.

En el partido, me decía: ¡Qué fácil juega el Barcelona! Verlos desde tan cerca, saludarlos, fue algo grandioso. Me abracé con Sergio Busquets y Sergi Roberto entre otros. Me quedo de esa experiencia con los consejos que me dieron para salir adelante en mi carrera. Lo que más me sorprendió fue la coordinación del equipo, tanto defendiendo como atacando, y a eso, súmale la velocidad y precisión para poder tener esas transiciones con tanta calidad. Todo en el Barca es posible por la gran unidad y organización que tiene el equipo.

¿Qué diferencias encuentra Modesto Méndez entre el fútbol cubano y el profesional?

La diferencia de Cuba con una liga profesional es muy amplia, lo digo por muchas cosas que he visto y vivido, desde lo más mínimo para desarrollar el fútbol, hasta aspectos más complicados. Cuando hay que resolver ciertas cosas, para todo de ponen un obstáculo y una traba, y en el profesionalismo, no funciona así. Creo que lo que más afecta a Cuba es la falta de recursos y lo lento que se tornan ciertos procesos.

Has sido llamado a integrar la selección nacional de fútbol de Cuba. ¿Cómo ha sido el ambiente del equipo? ¿Qué crees que le falta a la selección para tener mejores resultados?

Para todo futbolista, llegar a la selección es un sueño y cuando me contactaron para integrar el equipo fue una sensación espectacular, sería muy difícil describirlo. El ambiente de selección es algo único, en lo personal estoy contento y orgulloso de haber representado a mi país.

Me siento feliz por la acogida que me dieron en el equipo. A nuestra selección le falta tener más roce internacional y tiempo para trabajar, pero poco a poco estamos mejorando en el área, ya no nos golean y jugamos cada día mejor. Con los legionarios se ha visto un avance en la selección.

¿Crees que solo con la convocatoria de los legionarios se van a resolver los problemas del fútbol cubano?

La llegada de los legionarios soluciona, hasta cierto punto, algunos problemas del fútbol cubano y, en especial, de la selección nacional. Se han visto los resultados y también cómo el equipo ha mejorado en su sistema de juego. Muchos de los jugadores que jugamos en ligas extranjeras aportamos nuestro conocimiento y la experiencia para adaptarnos a las ideas que tiene el entrenador.

Como te decía, solo se resuelve una parte de los problemas del fútbol cubano, pues el mejoramiento del fútbol cubano es proceso muy largo y tienen que cambiar muchas cosas. Creo que en Cuba se están dando muchos pasos para que mejore este deporte, pero hay que seguir trabajando para que se vean los resultados desde las categorías menores. 

¿Qué planes tienes para tu carrera profesional? ¿Te gustaría probarte en Europa?

Mi principal sueño es lograr jugar en la MLS: hacía ahí es a donde apuntan mis esfuerzos en la actualidad. Sí me gustaría jugar en Europa, es un fútbol distinto y una nueva experiencia, pero por el momento voy paso a paso y tratando de ser mejor cada día.

https://playoffmagazine.com/talento-futbol-cubano-jonh-gonzalez-buchana-no-es-el-pais-son-los-dirigentes-del-deporte-quienes-lo-destruyen/

¿Cómo es tu vida cuando no estás jugando fútbol?

Cuando estoy fuera del fútbol, ayudo en lo que pueda a mi mamá en la casa, paso el tiempo viendo series, o viendo fútbol. Hasta cierto punto, uno nunca deja de jugar fútbol por completo. Por la tarde, si no estoy jugando, entonces entreno, corro, hago estiramientos y voy al gimnasio: es difícil encontrarme fuera del fútbol.

¿Cuán importante ha sido el apoyo de tu familia durante tu vida? ¿Cómo mantienes la comunicación desde la distancia con tu papá?

Mi familia ha sido muy importante en mi vida. Mi papá, cada vez que tengo juego, me llama y está pendiente de mí en Cuba. Incluso, cuando tengo algún problema o situación sentimental, en él es en quien me apoyo.

Mi mamá va a todos los juegos y me ha apoyado muchísimo aquí. Te puedo decir que tengo todo lo que necesita un futbolista para desarrollarse, para estar concentrado en su deporte, porque las otras cosas las tengo.

¿Has podido cumplir en Estados Unidos los sueños con qué saliste de Cuba? ¿Fue la decisión correcta emigrar a los Estados Unidos?

Me fui de Cuba para reunirme con mi mamá y cumplir mi sueño de ser jugador profesional. Tras jugar varios años aquí, me siento feliz y creo que fue la decisión correcta venir a los Estados Unidos. La verdad, se me han abierto muchas puertas y soy muy feliz con la vida que llevo.

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futbolista Jonh González Buchana

Jonh González Buchana: "No es el país, son los dirigentes del deporte quienes lo destruyen"

Es sábado. Dos horas han pasado desde la medianoche. Apenas comienza el 16 de julio cuando un mensaje de WhatsApp enciende el teléfono. Se lee: “tía, crucé. Ya me entregué. Todo bien”. Esas palabras remueven, de golpe, todo el estrés de una familia. Jonh Alexander González Buchana, joven promesa del fútbol cubano, acaba de entrar por la frontera que une a México y Estados Unidos.

Él es uno más que se “desvincula” del movimiento deportivo cubano. Muchos cubanos emigran, sean atletas o no. Suman decenas de miles en el último año fiscal.

Entró por Mexicali. No andaba solo; marchaban en caravana. Pasó hambre, frío, sueño… así llevaba días de travesía. Cuenta que no había espacio para acostarse entre tanta gente en una pequeña celda. Estuvo en ese lugar tres días y ocho horas. Justo a las 10 a.m. del 19 de julio, lo soltaron.

"Estoy viviendo en Miami. Aún no estoy trabajando", dice. "Mi familia quiere que primero conozca y me familiarice con el idioma. A diario, hago mi sesión de ejercicio en el “gym” y ayudo en todo lo que puedo en casa. Me han llevado a conocer bellos lugares".

En sus mensajes se palpa la decepción acumulada. Solo tiene 19 años, pero Jonh González Buchana ha sufrido más de una desilusión. 

"Yo amo Cuba", explica. "En difíciles condiciones, pero crecí allá. No es el país, son los dirigentes del deporte quienes lo destruyen".

Futbolista cubano Jonh González Buchana
Futbolista cubano Jonh González Buchana

***

Formado en su natal Camagüey, Jonh González Buchana llega al fútbol por embullo de su hermano York González quien, asegura, le mostró lo hermoso y especial de este deporte. Antes probó suerte en el tenis de mesa… pero lo dejó. Tenía solo nueve años cuando tocó su primer balón.

Se desenvuelve bien. Juega como delantero o mediapunta. Con el equipo Minas 11-12 termina tercero, con siete goles. Sube el peldaño hacia el 13-14, y en el provincial finalizan cuartos, con cuatro dianas suyas. Entra a la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE). Pasa trabajo, como todos. Quizás de ahí el desarrollo del gen guerrero, del sacrificio.

En 2017, con el equipo sub-15, marca el gol de la victoria en el Campeonato Nacional frente a Villa Clara. Con ese triunfo aseguraron la medalla de oro. Solo les servía ganar. Perder los mandaba al cuarto lugar, y empatar les daba el metal bronceado.

Al año siguiente, integró el sub-15 que discutió la Cayman Airways International Youth Football Cup. Justo como su hermano la temporada anterior; pero con una suerte diferente. Cuba venía de conquistar el evento por dos años consecutivos. Aquí cedieron 2-1 en la final ante el DC United.

Después, pasa al equipo juvenil por tres años, y luego asciende al primer equipo de la provincia. Antes de que llegara la Covid-19, Jonh González Buchana integró un microciclo de la selección Sub-20 realizado en Camagüey. Cuenta que uno de los entrenadores lo veía pequeño para su posición ofensiva. “Seguí jugándomela y de nada me sirvió”, recalca.

"Mientras yo me preparaba y esforzaba, los míster de la primera categoría de Camagüey no me daban minutos en el terreno, ni siquiera en los partidos que tenían ganados. Ahí comenzó mi frustración", recuerda.

Le cuenta su situación al colectivo técnico del sub-20. En mayo de 2022, los concentran en el Pedro Marrero para una base de entrenamientos en Uruguay. Anuncian vía WhatsApp los convocados. Jonh no figura en la lista. Semanas antes, había viajado a La Habana con sus propios recursos para inscribirse en la selección. Relata que era de los pocos con esa condición. A pesar de ello, no hace el equipo.

"Ahí se destruyeron todos mis sueños y mis esperanzas de jugar futbol en la selección nacional", dice el joven.

Pero su madre contacta a la dirección del equipo para ver qué se puede hacer con su hijo. “Es una lástima que no lo dejen eliminarse por La Habana, por sus problemas en Camagüey” le dicen. Pero alegan no poder hacer nada.

Más tarde, antes de partir, algunos atletas presentan molestias. Alertan a Jonh. Quizás, podría entrar al equipo. Solo falta el resultado médico del lesionado. Finalmente, el jugador afectado no hizo el viaje. Pero John tampoco.

"Jamás me avisaron. Fue más fácil convocar jugadores de La Habana. Se ahorraron la inversión de traer un camagüeyano a la capital. Ellos hicieron su historia y a mí no me quedó otra que hacer la mía”, comenta.

"Se repetía la misma historia de mi hermano en la Selección Nacional de mayores", continúa. "No encaja con el modelo de juego del DT. Con eso basta para que te entierren. No importa tu talento y sacrificio. Si no le gustas al entrenador, te desechan, a no ser que seas legionario. Pero, ¿cómo serlo si no puedes mostrarte con Cuba? ¿Dónde quedan los muchachos que pasamos tanto trabajo en las EIDE por tratar de cumplir un sueño? Eso a nadie le importa. Solo a nuestros padres", afirma.

¿Crees que es viable para un futbolista contratarse viviendo en Cuba?

Con respecto a este tema, no veo mucho avance. Hace poco vi el caso de Christian Flores, también de dos colegas míos del sub-20 encaminados, pero es difícil. Incluso lo digo por mi hermano. Como no lo llaman a la selección, no puede salir del país a mostrarse y despertar interés de algún club. Yo iba a correr la misma suerte. Si no muestras la mercancía, no la vendes. Eso es lo que nos pasa.  Con los legionarios, muchos futbolistas cubanos quedarán en el olvido.

Travesía de Jonh González Buchana
Travesía del futbolista cubano Jonh González Buchana.

***

La travesía de Jonh González Buchana comienza en Guatemala. Son 27 en total. Las lomas se agigantan pese a cada metro vencido. El guía detiene varias veces la marcha. Algunos tienen fatiga, falta de aire. El panorama es tenso. Los dividen. Él va con otras ocho personas en un auto, en el cual solo caben seis. Van hacinados, durante 13 horas, hasta la frontera con Belice.

Al día siguiente, más de lo mismo. Lomas parecidas a las anteriores. El cansancio y el calor agotan. Los unen nuevamente para formar un grupo de 25. Toca amontonarse. El auto, según dicen, tiene capacidad para 13; y el viaje es de ocho horas hasta Cancún.

Sube la tensión. Sin descanso, entumecidos, esperan seis horas ocultos en el baño del aeropuerto de esta ciudad. Esquivan ser detectados por agentes de migración.

Después, abordan un vuelo hacia Puebla. Luego un bus hacia Querétaro; un avión hasta Hermosillo. A ratos, el miedo lo atiza. Es imposible no sentirlo. A diario, son noticia los grupos de cubanos detenidos y en proceso de deportación. Teme por eso. Incluso, Jonh González Buchana debe aún la previa del Servicio Militar en Cuba.

Se monta en un carro que los lleva a Mexicali. Al fin, van algo cómodos. Son siete personas. El viaje dura 12 horas, con varios retenes. La policía, cual ave carroñera, se alimenta de todo el dinero que traen encima. Se entregan en Mexicali. Sale 80 horas después, por Tucson, con la I-220A.

"Llegar los Estados Unidos fue algo grande. No estaba en mis planes, pero la vida te juega malas pasadas y me tocó. Lo que más extraño es mi familia, mis padres, mi hermano, mi mujer", afirma.

¿Sentiste en algún momento de la travesía que habías tomado una decisión equivocada cuando enfrentaste esos peligros? ¿Arrepentimiento?

Me sentí sorprendido porque pasé por cosas que antes no había pasado, pero siempre mantuve mi objetivo: llegar hasta el final y poder lograr mi sueño.

El sueño del fútbol europeo, que pudo ser y no fue

En septiembre de 2021, dos jóvenes futbolistas cubanos partieron hacia Italia a pasar un mes de prueba en una de las canteras más prestigiosas de ese país. Los hermanos York y Jonh González Buchana probaron su suerte en el Udinese Calcio.

¿Cómo te fue en esos días? ¿No se concretó nada con esos clubes?

Viajamos a Italia el 27 de septiembre del 2021. Nos ubicamos en la casa del amigo que nos pagó todo el viaje. La primera semana entrenamos personalmente mi hermano y yo. Corríamos por la calle alrededor de la casa y golpeábamos un balón en una pequeña cancha de fútbol sala. No estábamos en condiciones para llegar al 100% a los entrenamientos en el Club.

Acabábamos de superar par de días antes de salir del país la Covid-19. Finalmente, fuimos a las instalaciones del club para comenzar los entrenamientos. Estuve tres días, mi hermano ocho. A él lo mandaron a probarse con otro club, el ASD Torviscosa.

No lo podían contratar. La plantilla estaba llena. Estuvo cuatro días y el entrenador le comentó que no necesitaba un jugador de su posición. Lo llevan a probarse a otro equipo, pero para poder contratarlo necesitaban un permiso legal para su estancia en Italia.

No se pudo conseguir. Se nos venció el tiempo de la visa. Un agente del club le sugirió regresar a Cuba. Le dijo que en junio lo convocarían nuevamente, pero eso no pasó. El 25 de octubre volvimos a casa.

Futbolista Jonh González Buchana
Futbolista Jonh González Buchana

***

Jonh se confiesa seguidor de Cristiano Ronaldo. Es su primer referente. Elogia su sacrificio, su entrega en el terreno. También me habla con devoción de su hermano York. Se le nota la admiración.

"Él me ha guiado a ser disciplinado y dar el máximo", afirma. "Es un supertalento en el fútbol y se está perdiendo porque no lo valoran", sentencia.

¿Emigrar fue siempre una alternativa para ti?

Jamás pasó por nuestras mentes la idea de irnos, y te digo “nuestras”, porque fue una decisión tomada en conjunto con mi familia. Nunca lo pensé. Durante las pruebas en Italia con el Udinese Calcio algunos amigos se ofrecieron para acogernos, en caso de que decidiéramos quedarnos ilegalmente mi hermano y yo. También tuvimos el apoyo de otros en España. Pero no estuvimos de acuerdo.

Siempre pensamos en defender los colores de nuestra bandera, lograr un contrato digno por nuestra selección y forjarme un futuro en el fútbol, pero, lamentablemente no fue así.

¿Cuál fue tu sensación al entregarte en Estados Unidos y llegar al final de la travesía?

Me sentí muy feliz pues habia logrado un objetivo por el cual me sacrifiqué. También, fue un alivio porque sé que mi vida cambiará totalmente

¿Estás jugando fútbol o entrenando por tu cuenta?

No puedo jugar, hasta tener mis documentos. Estoy entrenando para mantener mi forma física e ir elevando mi nivel. Cuando tenga los papeles, trataré de vincularme en el futbol de acá. Haré todo lo posible por no dejar de jugar. Siempre ha sido mi sueño.

¿Qué hará Jonh González Buchana mientras en Estados Unidos?

Quiero trabajar para ayudar a mi familia. También a mi hermano con sus papeles para España y su estancia allá. Además, quiero dedicar tiempo para mantenerme futbolísticamente y probar a ver qué pasa con mi carrera.

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Jenns Reynold Fernández, deportista cubano que abandonó una delegación

Jenns Reynold Fernández: “en Cuba, si no eres de su interés, te tratan como basura”

Cuando en 2019, años antes de abandonar una delegación en el extranjero, Jenns Reynold Fernández implantó una notable marca para menores de 20 años en los 100 metros, ya despuntaba como un velocista con condiciones para el atletismo cubano.

La “Centella de Simpson” se presentaba como un deportista con margen de crecimiento y gran futuro, pero su carrera daría un giro total: en mayo de este 2022, dejó una concentración antillana después de aterrizar en el aeropuerto de Barajas, en España.

Tras varios meses fuera de Cuba y mientras su vida toma un rumbo completamente distinto, Jenns Reynold Fernández rememora vivencias de su carrera en la isla, y respondió algunas interrogantes sobre la importante decisión que cambió su destino.

¿Qué razones lo motivaron a abandonar la selección? ¿Cómo le va en su carrera profesional? ¿Cuáles son los nuevos retos y metas? Para conocer las respuestas, Play-Off Magazine conversó en exclusiva con este joven atleta, radicado en Italia, donde sigue practicando el atletismo con el sueño de asistir a unos Juegos Olímpicos.

¿Cómo fueron tus inicios en el deporte? ¿Por qué te decidiste por el atletismo?

El primer deporte que practiqué fue el béisbol, pero no era muy bueno al bate, aunque cada vez que llegaba a la base me la robaba al seguro: era el más pequeño de edad y, a la vez, el más rápido. Un día, el profesor me dijo: eres muy rápido, puedes practicar atletismo, que te va a ir bien.

Pasaron los días y a la primaria donde yo estudiaba fue un profesor llamado Rigoberto (Titi) y me anoté en atletismo. Allí empezamos una buena cantidad de muchachos, pero, en verdad, pocos le cogimos cariño a ese deporte. Estuve dos años con los profesores Titi, Clara y Ricardo. En sexto grado fui promovido a la EIDE de Matanzas con el entrenador que considero mi segundo padre, Antonio Miguel Rendo (Cayo).

Decidí quedarme en este deporte porque veía muy divertido correr y en la actualidad, si no corro un día, siento que se me cae el mundo. Como el atletismo no hay ningún deporte.

Jenns Reynold Fernández, deportista cubano que abandonó una delegación
Jenns Reynold Fernández, atleta cubano

¿Cuándo lo toma más en serio Jenns Reynold Fernández?

El atletismo me gustaba mucho y siempre me lo tomaba en serio. Cuando empecé a tener buenos resultados me di cuenta de que podía llegar lejos en este deporte. A nivel nacional, fui campeón juvenil dos años consecutivos en 100 metros, medallista de plata en 100 metros en mi primer Memorial Barrientos con récord juvenil de 10:14 y también, bronce en una ocasión en los 200 metros. Además, obtuve medallas en el relevo 4 x100 en eventos nacionales.

A nivel internacional, participé en unos Juegos Panamericanos en el 2019 en Costa Rica y allí obtuve cuarto lugar. Después fui a los Juegos Junior de Cali y fue una competencia extraña, pues no hubo casi tiempo para prepararse y fui décimo. Estando en Cuba, no participé en giras y meeting internacionales. Después, en lo que iba a ser mi primera gira, abandoné el equipo.

¿Por qué decidiste abandonar la delegación cubana en Madrid?

El factor principal para no continuar mi carrera en Cuba era la tranquilidad, que eso no existía en el equipo nacional. Para ser buen corredor de velocidad hay que tener unas condiciones de trabajo espectaculares, algo que en Cuba no había y, entonces, era muy difícil salir adelante. Todas esas cosas hicieron que no me sintiera bien en el equipo nacional.

No me cabían en la cabeza muchas decisiones que tomaban los dirigentes del atletismo, las cuales, a uno, como atleta, le duelen; y duele más no poder expresarse porque lo ven como una falta de respeto el que no estes de acuerdo con las decisiones que ellos tomen. Quería brillar y me veía con posibilidades de ser grande en el deporte y si me hubiera quedado en Cuba, muchas puertas las tuviera cerradas.

¿Cómo se produjo la llegada a Italia? ¿Tenías algo coordinado para cuando fueras a ese país?

Vine para acá a lo loco, sin conocer a nadie, sin saber hablar italiano. Gracias a un contacto que me dieron, puede cruzar para Italia. Desde Madrid me sacaron pasaje. Les estaré eternamente agradecido a Támara Pérez y Andrea De Savino por todo lo que hicieron por mí.

¿Por qué dices que no tenías tranquilidad en el Equipo Nacional?

Al principio, pensaba que el Equipo Nacional era algo genial, pero al pasar el tiempo y ver que tienes que interrumpir el entrenamiento y horarios de descanso por reuniones, asambleas o alguna actividad fuera del deporte, te das cuenta de que no es así. Para mí, eso era lo peor y más si estaba en el horario de descanso. A eso, súmale que la alimentación muchas veces no era la adecuada para el gasto de energía que tenía en los entrenamientos.

¿Qué decisiones de los dirigentes del atletismo no te cabían en la cabeza?

De todas ellas, ocurrieron dos que fueron las que más me chocaron. En el año de los Juegos Olímpicos de Tokio teníamos un relevo 4x100 bastante bueno y las intenciones eran las de llevarnos al mundial de relevo de Polonia para buscar la clasificación. Al final, esto no se dio y nunca se nos dio una explicación a pesar de que fuimos invitados a ese mundial por la World Athletic.

La compañera Yipsi Moreno decidió no llevarnos a ese mundial, incluso, teniendo hasta posibilidades de medalla porque teníamos un superrelevo. Cuando vi los tiempos de la competencia, mis compañeros y yo miramos el tiempo que teníamos nosotros: era claro que podíamos mejorar mucho y hasta ser medallistas, porque varios relevos en la final fueron descalificados; eso, sin contar que con el tiempo nuestro estábamos en la pelea.

La otra decisión que me dolió mucho más fue cuando Yipsi botó a mi entrenador Tomás Pedroso, simplemente, porque ella quiso, mediante una llamada telefónica.

https://playoffmagazine.com/yipsi-moreno-despota-por-que/

Tras abandonar la delegación en España, al día siguiente, te trasladas a Italia. ¿Cómo fue la adaptación a este nuevo país?

La adaptación fue superdifícil, porque yo estudiaba a veces algunos idiomas, pero el italiano nunca me había llamado la atención. Llegue aquí sin saber hablar nada de nada y el otro aspecto que me afectó fue el horario. Recuerdo que me quedaba dormido a las 4 de la mañana y a las 7 estaba despierto y me pasaba el día entero durmiendo. La comida también era diferente, pero me adapté y, lo que menos me costó para adaptarme, fueron los entrenamientos. Este nuevo comienzo fue bastante duro.

¿Qué diferencias encuentras entre el trato profesional que se da en Italia con respecto al que se te dio en Cuba?

El trato de aquí es muy diferente al de Cuba, por mucho: entrenas a la hora que quieras y sin tantas reuniones; te tratan con más respeto, como profesional. En Cuba solo tratan como profesional a los medallistas mundiales, olímpicos y a los de nivel, que son de su interés: si no eres de su interés, te tratan como basura. Atletas jóvenes como yo fuimos maltratados en Cuba y aquí en Italia nos tratan a todos por igual: los profesionales tienen una mentalidad distinta.

¿Te da para sustentarte con el salario que recibes actualmente? ¿Te pasaba lo mismo cuando estabas en Cuba?

El salario de aquí no es tan alto, pero tampoco tan bajo: se puedo decir que vivo bastante bien y también cuento con el apoyo de mi mánager y de mi entrenador. Por esa parte, su apoyo nunca me ha faltado, desde el día que llegué.

En Cuba siempre estuve con el apoyo de mis padres, es decir, no tenía problemas para vivir. El salario que se gana cuando todavía no tienes medallas internacionales es muy poco, pero, gracias a la familia, me mantuve en el deporte.

¿Cómo son las condiciones de entrenamiento en Italia?

Las condiciones aquí son espectaculares, sin palabras, la verdad. El primer día que fui al gimnasio me quedé asombrado: nunca había visto un gimnasio tan grande y lleno de aparatos para realizar ejercicios. Ahora mismo, ando corriendo con unas zapatillas Nike que solo yo veía por Instagram, pero cada vez que las veía, me decía: algún día los tendré en mis pies. Bueno, lo logré. Aquí no me falta nada para entrenar, lo tengo todo.

En la actualidad, compites como miembro de un club en esa nación europea. ¿Cómo le ha ido a Jenns Reynold Fernández en estos meses como atleta profesional?

Actualmente, pertenezco a una escuadra de la ciudad de Nápoles, que se llama Enterprise. Mi primera competencia, aquí en Europa, fue hecha por mi escuadra. El 14 de julio corrí los 100 metros y los gané con récord para el meeting de 10:33.

La última competencia, por el momento, la tuve el día 30 de julio en un meeting internacional en Ligniano, una ciudad del norte de Italia, y allí fui segundo con mi segunda mejor marca de por vida, 10:25 s.

 ¿Has sido llamado para representar a Italia? ¿Te interesaría representar a otro país en algún torneo oficial?

Sí estaría interesado en representar al país que me llame, sea Italia u otro cualquiera. Pero, por ahora, no pienso mucho en eso, sino en demostrar mi calidad corriendo en meeting y estando en los clubes: lo demás, vendrá solo.

¿Qué importancia tuvo tu familia en tu desarrollo como atleta?

Mi familia fue mi motor impulsor día a día, ellos y mis amigos más cercanos me apoyan y me dan consejos sobre cada decisión que tomo. Soy un atleta joven, solo 21 años y aunque la familia la tengo lejos, siempre la llevo en mi pecho, más cuando siempre están pendiente de mí.

 ¿Cuándo no entrenas, qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Lo que prefiero hacer es oír música, salir a comer (comida sana, que no afecte lo deportivo). Esta ciudad es muy bonita, por eso, cuando tengo tiempo libre, salgo a conocerla y disfrutar de su paisaje.

 ¿Cómo valoras la actualidad del atletismo cubano?

El atletismo cubano acaba de tener la peor actuación de la historia en mundiales. Desde hace varios años se han ido atletas de primer nivel y eso, claro que afecta la salud de este deporte. Ya, por lo menos, tendrá un nuevo dirigente, pero en lo que resta de año y los próximos, espero que Dios los acompañe, porque han caído tan bajo que no hay palabras para valorarlo. Creo que, ahora, le deben dar oportunidad a los talentos para que no se estanquen y no pierdan el ánimo. Una cosa sí dejo claro: en la isla hay talento, solo hay que saber trabajar con este.

https://youtu.be/YCzDcI8er4A

¿Cuáles son tus principales metas en la carrera de Jenns Reynold Fernández?

Mis principales metas giran en torno a ser mejor cada día y superarme más. Me gustaría llegar a un mundial y participar en los Juegos Olímpicos. También, tengo el propósito de bajar de la barrera de los 10 segundos.

Sueñas con llegar a unos Juegos Olímpicos. ¿Crees que con la mentalidad que existe en Cuba llamen a los atletas que han abandonado delegaciones oficiales? ¿Tú aceptarías integrar nuevamente el equipo nacional?

Creo que sí son capaces de llamar a algunos atletas para representar a Cuba, pero no creo que muchos acepten retornar. En mi caso, no aceptaría: mi vínculo con el equipo nacional ya terminó.

¿Ves cerca la posibilidad de participar en algunas de las paradas de la Liga del Diamante?

Sí, la veo cerca, te puedo decir que se está trabajando en base a eso. Mis entrenadores ya me habían dicho que ahora, el día 6 en la parada de Polonia, debía estar, pero no es seguro: estoy esperando confirmación aún. Algo sí te digo: confío plenamente en mis entrenadores, en mi mánager y todas las personas que me están ayudando, por eso, sé que se me va a dar la posibilidad.

Muchas veces se dice que los 100 metros es solo correr. ¿Qué elementos técnicos tiene que dominar un buen velocista?

Muchos piensan que los 100 metros es fácil, pero no, es una distancia superdifícil de entrenar y trabajar. Al mínimo error no tiene solución la carrera, llevan mucha constancia y mucho trabajo técnico. La concentración tiene que ser 100 por ciento, porque una arrancada mala puede llevar a una mala carrera, y como que no tienes tiempo de hacer nada, y menos, para equivocarte. Antes de correr los 100 metros debes tener ya en la cabeza cómo tiene que ser todo, desde la técnica, hasta los pasos y demás.

Eres un velocista bastante espigado. ¿cómo planificas tus carreras teniendo en cuenta tus condiciones físicas?

Por mi estatura de 1.90 m, tengo una buena amplitud en los pasos. Normalmente, los pasos de los primeros 30-40 metros son cortos y rápidos y los otros 60 metros no son tan amplios, pero sí son de mucha frecuencia. En los 100 metros influyen mucho la frecuencia de los pasos, el movimiento rápido de las piernas y los brazos, así como una buena arrancada.

Todavía tienes una vida por delante, pero ¿te gustaría ser entrenador después de terminada tu etapa como deportista activo?

Creo que, después de que termine mi carrera deportiva, de tanto sol que he cogido, me lo pensaría para ser entrenador. Es tan difícil la carrera de 100 metros que, si en el futuro soy entrenador, no me atrevo a entrenar esta distancia.  Es muy complicado porque al corredor de 100 metros cuando llega a un límite en los entrenamientos hay que trabajarlo como un cristal, con mucho cuidado, porque también esa una disciplina en la cual uno se lástima con mucha facilidad.

¿Cómo asumes el castigo de varios años sin poder visitar Cuba por abandonar una delegación en el extranjero?

Eso va a ser lo más  duro, pero desde que estaba en Cuba, yo mismo me estaba preparando psicológicamente para todo ese tiempo fuera del país.

Lo que logre Jenns Reynold Fernández en su carrera, ¿a quién estará dedicado?

Mi primera competencia se la dediqué a una chica que siempre me está apoyando. Resulta ser que vive en España y el día de mi estreno en Europa, fue el mismo día de su cumpleaños. Le dije que le iba a regalar la victoria y así fue, ella se llama Laura Suárez.

Todo lo que alcance en mi carrera va dedicado a mi familia, a todos los que fueron mis entrenadores, mis amigos y los que siempre han estado conmigo, en las buenas y en las malas. Pero también se lo dedico a Cuba, que fue el país que me vio crecer y me formó como atleta.

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Pelotero cubano Jesús Daniel Olivera

Jesús Daniel Olivera: “con Pestano como director en ese equipo viví una odisea”

El caso de Jesús Daniel Olivera, quien se vio envuelto en una sonada polémica con el legendario receptor Ariel Pestano, es una de esas historias que recuerdan que no todos los peloteros corren la misma suerte en sus provincias, aun cuando demuestran su talento desde las categorías escolares.

Para este villaclareño –con participaciones internacionales en categorías inferiores con equipos nacionales- y su familia, todo fue felicidad hasta que llegó el tránsito a la primera categoría.

Al bisoño receptor remediano se le vieron condiciones con resultados en juegos nacionales y como integrante de la selección cubana sub-15 al panamericano de béisbol en 2013, pero poco pudo demostrar desde que conformó el conjunto sub-23 de Villa Clara y en lo adelante.

Durante las seis series nacionales jugadas apenas superó los 70 turnos al bate con su equipo anaranjado y tuvo 140 lances a la defensa. Su vida y pensamientos comenzaron a cambiar con el fallecimiento de su madre y las escasas posibilidades que encontró en la pelota cubana.

Hace unos años, su nombre cobró más connotación por aquella polémica e incluso, el histórico receptor de la isla -director entonces del equipo sub-23-, intentó responder a los cuestionamientos acerca de su supuesta preferencia por Ariel Pestano Jr. -su hijo, en detrimento del remediano Olivera, de quien dijo que le “encanta el chisme y el brete”.

Años después de aquellos momentos turbulentos, el joven Jesús Daniel Olivera decidió realizar la arriesgada trayectoria por Nicaragua y México para establecerse en los Estados Unidos en busca de nuevos aires y oportunidades.

De sus verdades en el “caso Pestano”, de sus anécdotas llenas de nostalgias -más que de satisfacciones- y sueños para esta nueva etapa en su vida, conversó con Play-Off Magazine.

Jesús Daniel Olivera
FOTO: Glenda Boza.

¿Qué sucedió con Jesús Daniel Olivera en el sub-23 con Villa Clara, cuando se vio envuelto en una polémica con Ariel Pestano?

Con Ariel Pestano padre, como director en ese equipo sub-23 yo viví una odisea. Yo pedí la baja y todo. Después volví porque los directivos del INDER y el comisionado me llamaron. Hay que reconocer la trayectoria que tuvo él como atleta y lo grande que fue como pelotero, pero se le fue la mano conmigo, era algo personal.

Ponía a los compañeros del equipo en mi contra y ellos con miedo a acercarse a mí, porque no los echaran a un lado por llevarse conmigo. Lo que pueda contar es poco. Como persona, no me enseñó nada. Lo que pasa que todos lo ven como la estrella que fue, pero igual que mi opinión, la tienen muchas personas.

Los que lo conocen que están en el equipo no lo dicen, pero lo saben y se llevan con él y el hijo, pero saben todo lo que yo viví ahí. La gente se dio cuenta de que yo no era el malo porque al otro año fue desastroso el resultado del sub-23 y tuvo problemas con unos cuantos.

Tenía cosas absurdas. Se molestaba con los peloteros y mandaba a esperar dos strikes a los bateadores. Hizo eso con unos cuantos. Una vez reunió a dos de los compañeros preguntándoles qué les pasaba que estaban jugando mal, y les dijo que si yo los mandaba a hacerlo para que el equipo saliera mal (sonríe). ¿Cómo voy a decirle eso a dos peloteros? ¿Crees que alguien va a jugar y hacer charranada en el terreno por ayudarme a mí? Tenía cada cosa ilógica que se le ocurría a él nada más.

Me enteré buscando en internet al cabo de los años que me había tildado de chismoso por la radio, pero no me gusta estar oyendo cosas malas ni con mala vibra. 

Normalmente, tenían que enseñarle la alineación a Pestano porque el hijo tenía que estar entre los nueve. El único que me defendió bastante fue Eddy Rojas. Muchas veces de las que jugué era porque se ponía malo y me incorporaba al lineup.

Una vez en Mayabeque yo había dado varios hits y hasta jonrón y en la próxima subserie contra Matanzas no me iba a poner a jugar. Eddy me dijo: ponte para la cosa que no ibas a jugar. Ese día di cuatro imparables. Hizo lo que pudo porque el director no era él y no podía estar buscándose candela. ¡Sabes cómo es eso!  

Otro que me ayudó algo fue el zurdo, segundo entrenador de picheo. Hablaba bastante conmigo, con los demás no hablaba mucho. No podían tener mucho favoritismo porque era ponerse en contra de Pestano.

Se comentaba que eras apático en ocasiones

Yo soy un muchacho noble, no me meto con nadie, no le falto el respeto a nadie. No me gusta estar adulando ni estar atrás de los entrenadores preguntando constantemente. No soy así. Quizás eso les haya chocado a otras personas.

Hay quienes se cuelan por el hueco de una aguja y es incidiendo con los profes, siendo más comunicativos, pero yo tengo mi carácter y forma de ser. Eso no quiere decir que me dejen de dar mi lugar por eso. Cada uno tiene que respetar la forma de ser de cada uno.

Los últimos años fui mejorando un poco en ese sentido porque me di cuenta de que mi carácter no era muy aceptado, pero nunca me fajé ni desafié a nadie. Me llevaba bien con todos, ni soy fiestero, lo normal, como cualquiera.

Me fui a jugar a Matanzas porque Ferrer, el director, quería hacer un conjunto competitivo. Creía que no tenía cácher y me llamó varias veces a mi casa por intermedio de Kiki González. Eduardo Paret era el mánager de Villa Clara y estuvo de acuerdo.

La carta que me dio Ramón Moré, el comisionado, supuestamente era por un año para desarrollarme, pero no tuve los mejores resultados. Regresé, pero no tuve la participación esperada en Villa Clara.  

Pelotero cubano Jesús Daniel Olivera con Eduardo Paret
Pelotero cubano Jesús Daniel Olivera con Eduardo Paret

¿Cómo fueron las relaciones al regreso a tu provincia natal después del año que estuviste en Matanzas?

Pensé que iba a jugar más este año, aunque estaba claro que había que respetar a Julio Miranda por su trabajo anterior. Sabía que Pestano Junior venía desde Granma para Villa Clara, eso era un dominó hablado. Jugué bastante en la preparación, pero fue todo lo contrario cuando empezó el campeonato. Tuve un turno al bate en el juego treinta y pico y después en Pinar del Río que di hit: solo esas dos veces al cajón de bateo.       

En cuanto a la actitud de Pedro Jova conmigo no puedo decir que fue ni mala ni buena, porque lo oí hablar poco. Casi no le conocí la voz. Lo más que hice fue saludarlo una o dos veces en el elevador. No hablaba nada conmigo, normal. Ni conmigo ni con nadie, no es de mucho hablar.

Con Arielito Pestano siempre me llevé normal desde la EIDE, sin problemas. La riña la fue creando el propio padre. Él nunca tuvo problemas conmigo. Ya después era: ¡qué hay! y ¡qué hay! Nos dábamos la mano porque estábamos en el mismo equipo, pero no hablábamos de temas en común.

Con el fallecimiento de mi madre, los compañeros de Matanzas me hicieron publicaciones en Facebook. Me llevaba muy bien con todos. Ella conocía de mis compañeros. Siempre estuvo atrás de mi desde pequeñito.

¿Qué impulsó a Jesús Daniel Olivera a abandonar Cuba?

Lo que más me empujó a abandonar el país fue la muerte por Covid de mi mamá. Eso sí ya fue lo último a pesar de mi familia, que es de oro como es mi papá, mi abuela, mis tías, mis primas y hermana. Sentí que estaba de más allá porque estaba solo para complacerlos a ellos, más bien a mi madre y a mi padre.

Muchas veces quise dejar el béisbol y me mantuve tanto por ella. En mi primer año jugué muchísimo porque Yulexis La Rosa estuvo operado y Festé lesionado y fue la temporada que más cacheé, hasta en el playoff en Ciego de Ávila.

Al otro año, en mi segunda serie, dan cuatro cácheres y a mí me pusieron en la reserva y a Pestano Junior entre los que más cobraban, en el equipo. Cuando reclamé, las respuestas no eran convincentes. Tuve que aguantar muchas cosas.   

Llevaba años por gusto. Fui a Matanzas a jugar y no tuve buenos números. Regresé, pero me era muy difícil tener resultados con seis u once turnos al bate en una serie, salteados, cada quince días o un mes. Era imposible, ni el mejor. Me hubieran dado 150 veces y lo mejor hubiera bateado para average de 100, pero nunca lo probaron.

En esta temporada había que respetar a Julio Miranda que estuvo muy bien en la pasada campaña, pero había más porque al final, él no se podía echar los 75 juegos solo. Llegó Pestano desde Granma, fue él que abrió jugando y tampoco hizo nada, no tuvo números ninguno.

Pelotero cubano Jesús Daniel Olivera de Villa Clara
Pelotero cubano Jesús Daniel Olivera de Villa Clara

No tenía sentido lo que hacía y pasaban los años, ya tengo 24. Tuve seis series nacionales y creo que no llegué ni a 100 turnos al bate, ni sé. No hallaba lógica, solo podía conformarme con entrenar y ver los juegos. No había progreso en lo profesional ni en la vida.

Gracias a Dios, por otro lado, tenía mis cosas, pero con los tres mil y pico de pesos que me pagaban y encima de eso no jugaba, que es lo que me gusta, y no veía objetivo ninguno. Ya en la pelota yo estaba comiendo y sentado. No iba a dejar de jugar y seguir en Cuba.

Yo no sé hacer más nada. Si me iba para la calle me iba a poner a hacer cualquier cosa, pero no era lo que hacía toda la vida y al final, la cosa está dura, y era a pasar trabajo.   

¿Cómo se produjo esa travesía migratoria?

Todo fue muy rápido para salir de Cuba. No planifiqué nada. Surgió cuando se fue quien era mi padrastro. Hablé con mi prima de EE. UU. y se prestó para ayudarme. La demora fue que llegara el pasaporte. Salí el 21 de marzo, fueron como 40 días.

Eran jornadas duras con el susto, y escondido de la policía. Estuve un mes casi en una casa en México con desesperación y encerrado. Estuve en otro lugar de emigración que le llaman “El hueco” y fue una situación incómoda, pero hay que dejarlo en el pasado para echar para adelante.           

¿Tuviste algún pensamiento de jugar profesional cuando eras escolar o juvenil?

A todo el mundo le pasa, cuando somos jóvenes y se tiene cierta calidad; además, tuve la oportunidad de salir a eventos internacionales como estuve en un sub-15 y cuando quedé campeón con Matanzas. Hay personas que te escriben, scouts con esas intenciones.

Lo pensé varias veces, pero nunca me atreví. Mi mamá jugó un papel importante en eso. Ella me decía tal cosa y tal cosa yo hacía, aun cuando quería lo mejor para mí. Me era muy difícil soltarme de la familia siendo tan joven. No tenía ese valor, más bien tenía miedo. Uno va creciendo y va viendo.

https://playoffmagazine.com/ariel-pestano-llama-chismoso-y-bretero-a-jesus-daniel-olivera/

¿Quiénes lo han apoyado por su decisión?

A mi familia, primero que nada. No me han dado la espalda, ni mi papá, ni mi abuela, ni mi mamá que me está viendo desde el cielo, y no me ha dejado solo en ningún momento; mis hermanas y tías tampoco.

Mis amistades, en lo particular, me han dicho que fue lo mejor que pude hacer. He visto en publicaciones al principio de mi salida y todo el mundo se alegra y me da ánimo y me dicen que me esperan cosas buenas, ya sea en la pelota u otra rama. Todos los comentarios fueron a favor de mí.

Estoy agradecido con el que sufrió conmigo, mis amigos y el pueblo que estuvo a mi lado. Le doy mil gracias porque era como un apoyo y alivio cuando lo leía. Sentía que no estaba solo. Ahora, una nueva vida, a prosperar y ayudar a los míos. 

¿Como ve su futuro Jesús Daniel Olivera en tierras estadounidenses?

Llevo una semana aquí. Mi mente esta despejada y más tranquilo. Lo de mi mamá me afectó mucho. Era el mismo aire, los mismos recuerdos, todo lo mismo. Aquí veo cosas nuevas. Es empezar de cero, pero lucharé por avanzar. Sé que aquí no te regalan nada, pero hay que mantener la cabeza ocupada en cada cosa que voy a hacer.

He visto varias posibilidades como para no tirar la toalla y probarme en la pelota y quién sabe. Hoy por hoy, buscar una firma es difícil, pero hay otras ligas y muchas opciones. He visto varias personas para que me den la luz y aconsejen para que me vean y ver qué posibilidades tengo.

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